Las ideas de Lluvia Ácida
El dúo que vino del frío
Llanuras modeladas por los vientos, un clima duro y plataformas petroleras en medio del mar. La tensión entre la naturaleza virgen de la patagonia y la industrialización que se la come inspiran a Lluvia Acida, el dúo de música electrónica más austral del mundo. Con más de una década de trayectoria, Rafael Cheuquelaf y Héctor Aguilar han editado catorce discos y varios DVDs, han tocado en la Antártica y este jueves llegan a la Sala SCD Bellavista a presentar La idea: canto a la Federación Obrera de Magallanes, un álbum que relata la tragedia ocurrida en Punta Arenas hace ochenta años. "La idea es como un nieto magallánico de la Cantata Santa María", dicen.

Luis Felipe Saavedra | Fotos: archivo de Lluvia Ácida


Para el dúo Lluvia Ácida la música electrónica es "el folclor universal". La posibilidad más actual de expresar la identidad de cada sitio. El último confín del mundo, en su caso.

Los puntarenenses Rafael Cheuquelaf y Héctor Aguilar (en ese orden en la foto) se conocieron en 1995 gracias a que un amigo en común los presentó porque ambos seguían la música de bandas de corte tecno e industrial como Kraftwerk, Front 242 y Cabaret Voltaire. Aguilar había sido vocalista del primer grupo de thrash metal de Magallanes, llamado Infidel (ahí tocaba batería Christian Pimpón MacDonald, hoy en Hielo Negro), y Cheuquelaf acumulaba experiencia en el grupo dark y grunge Mantiza. Pero todo calzó cuando se conocieron: ambos tenían ganas de experimentar con instrumentos electrónicos y bastaba mirar su propio hábitat para hallar la inspiración.

–Tenemos como referente una industria no urbana, sino la que está inmersa en zonas rurales o de climas extremos –explica Rafael Cheuquelaf, la mitad creativa de Lluvia Ácida–. Magallanes tiene elementos tecnológicos que no se ven en otras regiones, como plataformas petrolíferas en medio del mar tempestuoso, turbinas eólicas experimentales, rompehielos que zarpan desde nuestro puerto a la Antártida. Nos pareció que había una conexión obvia entre esas imágenes y el sonido electro-industrial.






–Cuando partieron en 1996 ¿existía movimiento de música electrónica en Magallanes?
–No había ningún antecedente de lo que podríamos llamar tecno, aunque sí hubo a fines de los 80's una banda llamada La Fuga, que usaban de forma bastante intensiva los teclados. Salieron en el programa (de TVN) "Sábado taquilla", según recuerdo. Pero cuando aparecimos éramos unos verdaderos alienígenas, irrumpiendo en una escena local formada en su mayor parte por bandas de covers de heavy metal o grunge. Pero nunca fuimos pifiados, éramos sin duda algo curioso para el público de ese momento.

–¿Conocían de tecno hecho en Chile?
–Durante el primer tiempo, nuestra única referencias eran los temas más tecno de Los Prisioneros (hicieron un cover de "Muevan las industrias" en 1996) y los discos de Electrodomésticos. Como en esa época la distribución de música independiente santiaguina no traspasaba los límites de la capital, nuestro acceso a esa música era muy limitado. Pero sí llegamos a tener en nuestras manos los discos, e incluso bootlegs (ediciones no oficiales), de agrupaciones como 2CV6 y Arteknnia, que era el tipo de bandas que escuchamos en ese momento. También pudimos escuchar cosas de otra índole, como Cáncer, LEM y el Hombre de la Atlántida, o a bandas como Luna in Caelo o Congelador.

"Nunca nos motivó mayormente lo asociado a eventos masivos como el Love Parade o ese tipo de encuentros, aunque una vez tocamos con el colectivo Euphoria aquí en Punta Arenas", agrega. "Fue una especie de rave en el Carnaval de Invierno de 2000, ¡con nieve cayendo y carros alegóricos pasando detrás! Pero ya ha pasado el tiempo y hemos conocido en persona a músicos que habíamos escuchado a la distancia, como Alejandro Albornoz (Mankacen), ex vocalista de Arteknnia, que hoy está dedicado a la composición de música electroacústica. Incluso logramos traerlo a tocar a Punta Arenas en marzo. Cosas como esa, esas amistades entabladas con personas que para uno eran figuras lejanas, son una recompensa en sí misma, justifican todo el esfuerzo desplegado desde esta ciudad tan alejada del resto del mundo".




Las primeras publicaciones de Lluvia Ácida, bajo el sello Harijan y con tiradas de cien copias en casets de cromo, fueron distribuidas principalmente dentro de la región, debido al alto costo de enviar el material a Santiago. "Pero ahora usan bastante nuestra música como jingles radiales", apunta Rafael. "Es curioso ir en un colectivo y escuchar un pedazo de tu música en una publicidad local. Aquí no existe la instancia de cobrar por eso, pero hay que reconocer que ha sido una forma de penetrar subliminalmente en los oídos locales".

En 2001, Aguilar y Cheuquelaf crearon su propia etiqueta, Eolo, y desde allí editaron Magallania, disco que presentaron en la capitalina Sala SCD Bellavista. Dos años más tarde lanzaron Tierra de espectros en La Batuta, también en Santiago, y en esa oportunidad conocieron a Claudio Pérez, músico de Ud.No!, y a Hugo Espinosa, alias Mika Martini y cabeza del netlabel Pueblo Nuevo. Ese sello online incorporó a su catálogo a los puntarenenses con el tema "Tierras magallánicas" para los compilados Pueblo Nuevo primer aniversario (2006) y Música chilena de raíz electrónica (2007). Pero La idea, en su versión online, es el primer elepé del dúo patagónico disponible íntegramente para ser descargado desde cualquier parte del mundo a través de la plataforma Pueblo Nuevo.

–Nos sentimos muy cómodos compartiendo con ellos y con su concepto. Son personas talentosas e imaginativas, que están marcando algo importante en materia de gestión y distribución de nueva música chilena. El sentirte parte de un conglomerado de creadores que pueden operar con libertad usando todas las herramientas tecnológicas disponibles, saltándose fronteras geográficas y mentales, es sencillamente precioso. Y la edición online del disco La idea es la materialización de aquello. Con satisfacción podemos contar también que seguimos en contacto con Claudio Pérez (Ud.No!), quien es uno de los fundadores de otro netlabel, 001Records. A través de su sitio web será editado próximamente otro trabajo nuestro llamado Música para las pampas, una colección de covers instrumentales del folclor patagónico, versiones de viejas canciones que revisitamos con nuestro estilo ya conocido.




El estilo del cual habla Cheuquelaf es la fusión de herramientas propias de la música electrónica (sintetizadores, samplers y softwares), con instrumentos autóctonos como flautas de caña, trutrukas, ocarinas y charangos, entre otros.

–Siempre hemos estado explorando más allá de lo que nos brindan los softwares y los sintetizadores. Primero sampleando y después tocando directamente instrumentos de viento, cuerda y percusión. A través de postproducción les damos una sonoridad distinta. No somos músicos muy virtuosos en materia de ejecución, pero hemos desarrollado muy bien la habilidad de ensamblar nuestros temas a partir de fuentes sonoras distintas, mezclando lo digital con lo análogo. No nos gusta la pureza como concepto, queremos que nuestras canciones suenen orgánicas dentro de su carácter electrónico. Nosotros tenemos muy presente el sonido de la Nueva Canción Chilena. Esas grabaciones son increíbles, tienen una sustancia que ha trascendido el paso del tiempo. Y nosotros queremos darle algo parecido a nuestros temas.

–¿En esa mezcla radica su identidad?
–Sin duda, pero es algo que hemos desarrollado de a poco. Primero de manera tímida, poniendo unas notas de quena con delay como simple ornamento o alguna percusión, hasta llegar a nuestro sonido actual, en donde las máquinas nos permiten crear bases repetitivas sobre las cuales poner capas de sonido con sintetizadores e instrumentos acústicos. Esto también es reflejo del medio ambiente musical magallánico, en que el folclor tiene aún gran raigambre en la población. Pero no el folclor de la zona central, sino más bien cosas como la chacarera, el chamamé y la música chilota. No sabemos si existe el "folclor magallánico" propiamente tal, pero sin duda que se está desarrollando un proceso de hibridación propio de una zona que recibió variadas corrientes migratorias. Nosotros nos sentimos parte de ese desarrollo, al igual que en su momento lo fueron grupos como Taller Alturas y Patagonia 4.




¿Había, o hay, lugares donde tocar en Punta Arenas?
–Siempre ha habido escenarios donde tocar, aunque más orientados al rock, léase metal o punk rock. Nosotros partimos tocando en algunos locales de ese estilo, pero un lugar lleno de gente tomando cerveza y echando la talla no era apto para lo que queríamos mostrar. Eso lo supimos ya en nuestra primera tocata en 1996, ¡con varios ebrios en el público! Preferimos tocar en eventos organizados por nosotros en lugares cerrados y oscuros para presentar nuestra visuales, que son marcadamente narrativas. Existen espacios como el pub Scorpions, donde llegan a tocar bandas nacionales tipo Los Mox! o Los Miserables. También la gente se asocia para traer a sus bandas preferidas, como los Fiskales Ad-Hok o Dorso hace unos años. También los Hielo Negro vienen de vez en cuando, lo cual demuestra que mantienen una conexión real con Magallanes a pesar de vivir en Santiago. Hace unos pocos días se hizo el primer recital grande al aire libre con Los Jaivas. Esto es destacable, porque las condiciones climáticas aquí son muy cambiantes. ¡Claro que los pobres casi se mueren de frío! Pero estuvo muy, muy bueno.

–Ustedes tocaron en la base Eduardo Frei Montalva, en la Isla Rey Jorge, convirtiéndose en la primera banda de música electrónica en tocar en la Antártica. ¿Cómo lo consiguieron?
–La Antártida es un tema que siempre nos ha fascinado, desde que éramos niños y leímos los mismos libros de Francisco Coloane y vimos documentales sobre las grandes expediciones al continente helado. En lo cotidiano, aquí es parte del panorama habitual la llegada de rompehielos y demás barcos científicos. Siempre he pensado que esas naves son lo más cercano que existe a naves espaciales que quizás algún día explorarán el cosmos. En 2005 compusimos y grabamos el disco Antartikos, y conseguimos financiamiento del Instituto Antártico Chileno para su publicación. Siempre fue nuestro sueño tocarlo allá, pero llegar a la Antártida es casi imposible para un civil que no sea científico ni un turista con alto poder adquisitivo. Después de dos años se pudo hacer. Gracias al programa de televisión local "Sitio cooltural" gestionamos con Aerovías DAP y la Fuerza Aérea de Chile un recital conmemorativo del Año Polar Internacional. Tras un vuelo de cuatro horas desde Punta Arenas, llegamos a la Base Eduardo Frei en la isla Rey Jorge.

–¿Cuál fue su experiencia?
–La primera impresión fue inolvidable: un sol luminoso, con una atmósfera transparente que permitía penetrar muchos kilómetros con la vista. Nos recibieron de una manera muy atenta, el propio comandante de la base más algunos funcionarios nos ayudaron a llevar los instrumentos al gimnasio. Allí tocamos para unas cuarenta personas, como la mitad de la población de la isla. En el público había civiles y militares chilenos con sus familias, científicos coreanos y uruguayos. Fue algo muy especial, ya que pudimos palpar en persona el ambiente de integración y de respeto del que siempre se habla cuando se menciona a la Antártida. Y nuestra música calzó completamente con ese clima humano. No importó en absoluto que las letras estuvieran en español, nuestro sonido y visuales hicieron su trabajo. Y mencionando de nuevo a Los Jaivas, yo creo que ellos experimentaron lo mismo que nosotros en su recordado viaje del año 1981 a Isla Rey Jorge: la sensación más cercana a haber ido a tocar a otro planeta.




Orgullosos hijos de su tierra, desde sus comienzos Lluvia Ácida se han dedicado a investigar para luego narrar y musicalizar el modo de vida y las historias que conforman la identidad patagónica. En esa línea, el disco que presentan este jueves en Santiago, La idea: canto a la Federación Obrera de Magallanes, relata en diecisiete cortes la historia y tragedia de la Federación Obrera de Magallanes (FOM) ocurrida hace ochenta años.

–Es una historia conmovedora que habla de inmigrantes que armaron la organización sindical más poderosa de la Patagonia, a tal punto que (el sindicalista y fundador del Partido Comunista de Chile) Luis Emilio Recabarren viajó a Magallanes a gestionar una unión con la recién creada Federación Obrera de Chile (que tenía menos miembros que la FOM). Pero la inspiración de ambas organizaciones era distinta, ya que la primera estaba conformada mayoritariamente por trabajadores calicheros adscritos a los principios del Comunismo, mientras que en FOM. primaba la orientación anarco-sindicalista. Los momentos más dramáticos son la rebelión de los trabajadores de Puerto Bories y formación de un efímero Gobierno Obrero en Puerto Natales (1919) y el Incendio del local de la Federación Obrera de Magallanes (1920), atentado que cobró un número aún indeterminado de víctimas y que contó con la probada complicidad del gobierno de la época. El clima de represión y de miedo posteriores influenció el clima social magallánico de los años siguientes, tal vez hasta el día de hoy.

–¿Por qué se les ocurrió hacer este disco ahora?
–Por dos razones. Nos pareció que esta historia debía ser contada por artistas, para que las lecciones que encierra lleguen a las generaciones futuras. Y nuestro sonido actual como proyecto musical se acomodaba perfectamente al tema, con una mezcla de electrónica y folclor que busca retratar las convulsiones sociales de un Magallanes inmerso en la Revolución Industrial. Las letras cantadas están inspiradas en el lenguaje usado en los manifiestos obreros de la época, caracterizados por su sencillez y su tono frontal.




"Por supuesto que inmediatamente surge la relación con la Cantata Popular Santa María de Iquique (1970, de Luis Advis y Quilapayún), una gran obra que sin duda nos inspiró, pero respecto de la cual quisimos marcar diferencias", dice el músico. "Por ejemplo, no usamos narrador y el ánimo que cruza el disco, salvo en sus partes más trágicas, es mucho más dinámico. La idea es como un nieto magallánico de la Cantata Popular Santa María de Iquique, una consecuencia lógica y no un accidente. Y sobre esto mismo, ya que este año se celebra el centenario de la masacre de la Escuela Santa María, nos pareció que alguien debía recordar que aquí sucedió algo de similares características.

–¿Cómo ven las luchas sindicales actuales?
–Bueno, es imposible no pensar en ello después de trabajar en un disco como La idea. No buscamos dar discursos ideológicos, sólo mostrar un trozo de historia y que el oyente saque sus propias conclusiones. Pero obviamente como artistas hemos tomado partido, no es un producto neutral. Para ese tipo de análisis están los historiadores. La época en que transcurren los hechos que contamos es distinta a la actual. El capitalismo era aún más brutal y ambas partes en conflicto estaban armadas. Existía una conciencia de clase muy marcada en los estamentos obreros en el país y en el mundo y operaban con un grado de combatividad y organización muy distinto al actual. Los trabajadores, al no tener medios de comunicación que acogieran sus inquietudes, simplemente crearon sus propios medios. En Magallanes hubo por lo menos cuatro periódicos sindicales, con un lenguaje impensable para los días de hoy. En el presente, los medios son omnipresentes y penetran con sus ofertas de consumo e información intrascendente a todos los hogares, impidiendo muchas veces que las personas piensen acerca de cómo viven. Asimismo, los obreros de antaño se preocuparon de autoeducarse mediante escuelas nocturnas. ¡La FOM tenía una orquesta de cámara, una biblioteca y hasta un cine! Cabe preguntarse ¿cuántas organizaciones sindicales chilenas actuales pueden decir lo mismo? La historia de la Federación Obrera de Magallanes se emparienta tanto con el ayer como con el presente. Ésta y otras épicas de hombres y mujeres anónimos que lucharon por su derecho a una vida digna están allí, esperando que aprendamos de ellas. Esperamos que este disco sea un aporte en ese sentido.

Magallania, Tierra de espectros, Antartikos y La idea son todos trabajos conceptuales inspirados en su tierra. ¿Qué tiene Magallanes que los provoca e inspira tanto?
–Magallanes es la sangre de nuestra música. ¡O nuestra música es parte de la sangre de Magallanes! Una vez escuché decir a Patricio Manns que aquí los temas están buscando a los autores. Y le encontramos la razón. En esta zona se mezclan paisajes imponentes, historias conmovedoras y reales posibilidades de aventura tanto física como intelectual. A pesar del pesimismo que a veces se respira aquí y de la incomprensión que muchas veces recibimos como músicos, estamos muy contentos de vivir en un lugar como éste, que recibe miles de visitantes al año y donde encuentran cosas que se está perdiendo en gran parte del mundo: horizontes despejados, atardeceres encendidos, aire completamente puro y un clima duro, pero dinámico. Muchos de nuestros coterráneos viven pensando en irse. Nosotros creemos que ése es un modo provinciano de pensar. Queremos dar a conocer nuestra identidad al resto del país y del mundo, intercambiando experiencias con gente de distintas latitudes sin renunciar a lo que somos y a nuestras costumbres. En ese sentido, tal vez somos los músicos electrónicos menos globalizados de este país.

www.lluviaacida.cl
www.pueblonuevo.cl

 

Eolo: El sur es el futuro

–EOLO surgió como una manera de autoeditarnos bajo nuestros propios términos, como músicos alejados del resto de la escena chilena. Después de años de estar integrados en el sello local Harijan, un quiebre interno nos motivó a crear un nuevo referente musical en nuestra región. Nuestra idea ha sido publicar música que distinta al rock o al folclor tradicionales que se cultivan en la zona. Lluvia Ácida es la banda matriz, en torno a la cual se crearon proyectos solistas como Polar (Héctor Aguilar) y Nebula (Rafael Cheuquelaf). También se han editado trabajos de proyectos de corte electrónico/experimental como Protocultura (Eduardo Velásquez), Lumania (Carol Vieytes y Rafael Cheuquelaf), Agnosia (Álvaro Barrientos y Derek Biskupovic) y Maskamikro (seudónimo del rapero Pablo Ruiz).  Otro proyecto interesante fue en la reedición y musicalización del documental Tierras magallánicas, filmado en 1933 por el misionero salesiano Alberto María de Agostini. En este DVD, que mostramos en Punta Arenas y Santiago, las imágenes de la Patagonia de principios de siglo se entrelazan con la música de Lluvia Ácida. Este trabajo sintetiza nuestro ideario.

–¿Cómo es la salud de la música en Magallanes?
–La música en Magallanes está pasando por un buen momento, con una gran cantidad de bandas de diversos estilos. Hay temas pendientes, como el de una mayor disponibilidad de espacios para tocar. Pero hay un progreso. A nosotros nos tocó el ser la primera banda magallánica con discos, videos, sitio web y actuaciones regulares fuera de la región. La generación siguiente a la nuestra tiene una gran iniciativa y por ello nos sentimos más cercanos a los hiphoperos que graban discos en sus casas y los suben al ciberespacio que a los "artistas de parrillada" que siguen cantando las mismas canciones desde hace dos décadas. El lema de EOLO es "El sur es el futuro" y nos parece que sigue siendo válido.