Gameover lanza disco
Nuevas fichas en el juego
Estuvieron desparecidos por un tiempo, pero Animal espiritual, el quinto disco de Gameover, tiene de vuelta a una de las banda más longevas del rock independiente local. Volvieron por puro gusto con diez canciones que mantienen su fórmula histórica, "efectivas, que provoquen, te queden y las vaciles", tras cambios en la formación y casi una década de carrera. Se reconocen "divos looser" y un poco outsiders, y por eso su regreso no está cargado de ambiciones, ya que saben que su rock es para pequeñas audiencias: "Si todos estamos vendiendo algo, prefiero vender un detallito, una artesanía, a vender hamburguesas en serie".

Luis Felipe Saavedra | Fotos: Gameover


Gameover se escribe junto y se pronuncia en castellano. Son un grupo de la comuna de Ñuñoa, en Santiago, y, consecuentemente, también son fanáticos de los videojuegos. Por eso, antes de la entrevista, el cantante y guitarrista Juan Pablo JP Sepúlveda se pasa veinte minutos intentando ganarle al equipo contrario en la liga de fútbol virtual Winning eleven hasta que llega el game over en inglés. Él y el bajista Martín Pérez-Cueto, dueño de casa, son amigos de barrio, siempre se juntan a jugar Playstation y comenzaron a tocar hace casi una década.

Eran tiempos en que la palabra independiente no era tan frecuente en nuestro medio y la edición de discos autoproducidos era más novedad. Gameover fue pionero en esa forma de trabajo, poco después de Combo Discos y en paralelo a colectivos como Másapunk o los inicios de Quemásucabeza. Pero, a pesar de sus relaciones con bandas de hardcore y punk, el grupo se distinguía por sus canciones cargadas de melodías y letras más personales que combativas. Así sonaron sus cuatro discos, todos autogestionados: Gameover (2000, Gatomo), Transparente (2001, autoedición), Bipolar (2002, Gatomo) y Árbol (2004, autoedición).

Tres años después de su última edición, la formación actual de Gameover está compuesta por Juan Pablo Sepúlveda, Martín Pérez Cueto, el baterista Nicolás Aguirre (antes en Crack y Tengoungraveproblema) y el tecladista Nicolás Pino. Y en Animal espiritual bajaron un poco las revoluciones. Hay temás acústicos, el noise pop que acostumbran, punk rock enérgico, sintetizadores análogos y mucha melodía. Bien grabado, con una hermoso arte a cargo del dibujante Crack Royal y sin la urgencia de los trabajos anteriores, su quinto disco es el mejor hasta la fecha. "Quisimos hacer un disco entretenido, que no sólo fuera una satisfacción para nosotros", reconoce JP. "Que pasara por varios estados y ritmos. Y sí, es más reposado. Está todo más pensado. Algo tiene que dejar tantos años de ensayar".






Gameover se ha mantenido incólume a los vaivenes del tiempo. Nunca han dejado de editar discos y tocar en pequeños bares y salas de conciertos de Santiago, pese a la entrada y salida de integrantes. Ganaron el concurso de Nuevos Sonidos 2001 organizado por la web Super45, tuvieron el honor de telonear, en 2002, al ex líder de la banda alternativa estadounidense Pavement, Stephen Malkmus, y un año después formaron parte de la banda sonora del filme Los debutantes. Poco después de eso, y tras la edición de Árbol, sufrieron la salida de su baterista original, Germán Acuña, y eso sí los llevó a replantearse la continuidad de la banda, que hoy es un cuarteto junto a Nicolás Aguirre y Nicolás Pino.

–Al quedar los dos (JP y Pérez-Cueto) como Gameover dijimos "o matamos, nos cambiamos de nombre, o seguimos adelante" –recuerda Martín Pérez-Cueto–. Y nos fuimos en esa, porque respetamos nuestro pasado, porque lo queremos. También teníamos el apoyo del Germán (Acuña, baterista retirado) que nos decía que siguiéramos. Es delicado cuando son tres y se va uno. Igual te replanteas las cosas, pero la idea siempre fue seguir, porque ya había una forma de hacer las cosas.

–¿Cómo fue integrar a dos músicos nuevos?
JP: Lo choro fue que a los dos Nicos (Aguirre y Pino) que llegaron les gustaba Gameover. Entonces decíamos "qué tocamos" y el Nico decía "yo me sé tal canción". Fue mucho más fácil que empezar con dos tipos ajenos a la banda. Ellos tenían los discos, se sabían algunos temás. No fue armar todo de nuevo.
Martín: Fue escuchar lo que a ellos le gustaba. Nosotros estábamos acostumbrados a irnos en una volada más pajera, y estos locos venían mucho más renovados, más enérgicos. Fue como reencontrarse. Creo que el aporte del Nico, el nuevo baterista, se acopla súper bien con nosotros. Él es muy parte de nosotros, un hermano más, porque tenemos las mismás referencias, el mismo biorritmo, explotamos frente a las mismás cosas.
JP: Y nos aplicamos más, porque veníamos de un estancamiento. Al cambiar de integrantes se generó otra química de producir canciones. Nos volvimos más eficaces y creo que en un año armamos los temás.
Martín: Cuando llevas harto tiempo las cosas se agotan, encuentras que todo ya lo hiciste, pero teníamos nuevas curiosidades, como meter teclados, el sintetizador ochentero. Porque puede haber un teclado que acompaña, pero nosotros queríamos que fuera casi como un punteo de guitarra. Aunque siempre dentro de lo mínimo, de lo inexperto que tiene que ser la volada de nosotros.

–¿Por qué?
Martín: Lo que más me gusta de la banda es que tiene algo de auto-búsqueda, algo que cualquier persona podría hacer y no "oh, los grandes maestros de la música". Son cosas orejas, melodiosas y simples.  Y también yéndose a cosas que nos gustan de sintetizadores, como The Cars, The Rentals (el grupo synth pop del bajista de Weezer), Gary Numan, cosas así.




–¿Qué es lo que los mantiene con vida?
JP: Siempre hemos visto a Gameover como un punto de expresión. Al que le gusta hacer un video lo puede hacer y es un canal para hacer otras cosas, como poleras, organizar tocatas, conocer chicas, viajar. Es como un pretexto, una terapia también. Igual con este disco es diferente a los demás. Estamos sacando más copias, nos hemos dedicado a sacarle más brillo, darle más tiempo, no llegar y tirar canciones al tiro. Hemos metido más voces, más instrumentos. Tiene que ver con una madurez. Porque si seguimos tirando cien copias no va a pasar nada.
Martín: Nunca antes nos aplicamos bien.

–¿Es como empezar de nuevo?
JP
: En parte sí.
Martín: Después de tanto tiempo que estás parado, si quieres retomar hay que retomar con ganas.
JP: Y el hecho de sacar quinientas copias es algo que quizás no hubiera pasado sin Armónica (el distribuidor del disco).
Martín: Es que no tenemos logística para manejarnos con quinientas copias. Y ahora no tenemos que preocuparnos de eso, de las cuestiones de oficina.

–¿Es más fácil manejar ahora un grupo independiente que cuando comenzaron?
JP: Puede ser porque trabajas. Si tienes plata para meterle es más fácil.
Martín: Tienes más plata pero menos tiempo. Cuando eres universitario tienes todo el tiempo y todo el campo para tirar semillas y crecer.
JP: La diferencia es que antes nos proponíamos viajar y lo hacíamos. Generando contactos, mandando mails, contactando gente por MP3 Palace llegamos hasta Puerto Montt y en Argentina hasta Bariloche.

–Cuando comenzaron no existían los mismos medios de difusión. Ni el fotolog ni MySpace.
Martín: En esa época igual supimos aprovechar algunas cosas. Estamos hablando del año 1998 y había una página que se llamaba Xaudio, ahí nos agarramos y gracias a eso nos conoció alguna gente. Nunca hemos estado ajenos a eso porque somos ñoños, pero lo que ha pasado es que paralelamente con nosotros ha crecido gente que estaba haciendo otras cosas. Por decirte el (Cristián) Araya (fundador del programa radial y web Super45), de conocerlo en los años que tocábamos en La Trova y él tenía su programa en la radio Universidad de Chile, ahora maneja más medios y ayuda a lo que siempre le ha gustado. Hemos aprendido a hacer las cosas por nosotros mismos, pero la gente con que te topas después es gente que la has conocido en el camino.




Syndie, Tengoungraveproblema, Peor es nada, Familia Miranda, Salinger, Therig, Aloof, Gameover y Les Ondes Martenot fueron bandas que participaron de Gatomo, un colectivo creado por los dos miembros originales de Gameover más la vocalista de Les Ondes Martenot, Alejandra Vaca, hacia 2001 y a través del cual editaron discos, fabricaron poleras y organizaron conciertos.

–La mayoría de esas bandas murió.
JP: Es que nosotros veníamos de antes también. 
Martín: Es que en esa época o eras punkie revolucionario, como (el sello) Masapunk, o metalero, o lo que hacia Quemasucabeza o Combo Discos. Pero hicimos Gatomo para quienes estaban buscando otra cosa. Era una buena idea, súper querible, y resultó un par de años.
JP: Para mí el gran fracaso fue no haber sacado el compilado (el anunciado disco final del sello, que nunca apareció), porque quedamos con el master en el computador. Por atados internos no salió.
Martín: Pero lo bueno es que se encontraron lugares nuevos para tocar. Descubrimos el Teatro Esmeralda (en rigor, las bambalinas del Teatro ubicado en San Diego con Avenida Matta). Y todo eso lo montamos nosotros. Era una época en que no había lugares choros y se generó algo. No estaba asimilada todavía lo del merchandising a lo gringo, pero en escala chilena, y nosotros teníamos poleras y chapitas.
JP: Es como una mini industria, para la que tiene que haber grupos, y siempre los ha habido, tiene que haber prensa, tiene que haber gente que te fabrique chapitas, tiene que haber imprentas, locales y empresas como Armónica que te difundan.

–Ahora hay todo eso.
JP: Yo creo que es incipiente todavía. Funciona con casos excepcionales. No hay diez grupos independientes que la rompan. Son dos o tres.
Martín: Nosotros creemos que hay mucha gente, pero es la misma gente de siempre.

–Esa época era menos segmentada que hoy. Tocaban con Griz, con Guiso, con Familia Miranda.
JP: Es que con Griz teníamos amistad. Era un poco la forma de hacer las cosas.
Martín: Es como la parte punkie de nosotros. Hacer tocatas, buscarse un lugar, hablar con el tío para que nos preste el boliche, poner los amplificadores. En esa época Cápsula y Algo Records no existían y de ahí la cosa se empieza a segmentar en estilos. Igual hay movidas que uno no cacha, como la onda teenager con Peor es Nada o Tronic. Ellos también son independientes, tienen sus propio sellos, trabajan con un productor y mueven mucha más gente que los otros, que están más en boga. Lo que pasa es que siempre hablamos de los mismos, pero están Tronic o los Libra que trabajan más profesionalmente y tienen iluminador, roadies, los presupuestos de los videos son sobre un millón de pesos. Hacen tocatas y no llevan doscientas personas, llevan seiscientas.
JP: Nos estamos mirando el ombligo no más, cachamos para el ladito y te enteras de lo otro y cachas funcionan parecido, pero están en otro nivel de desarrollo.

–¿Y por qué la generación suya no logra esos niveles de producción?
Martín: No sé. Su parte de ignorancia también, o el miedo de ser demasiado vendido o expuesto. Por que si es por hacerla, cualquiera trabaja y junta la plata. Pero igual hay un amor a hacerla "piante".
JP: Como que tiene su gratificación diferente.
Martín: O puede ser que la música sea menos pegote.

–Pero Gameover hace canciones pop con melodías recordables e igual se han mantenido en una escena parecida a donde comenzaron.
JP: Hemos sabido de grupos que han pagado asesorías comunicacionales o que han inyectado plata para que su video rote. Nosotros no hacemos eso, tenemos nuestro aire de divos looser, ja ja ja. De que nos vengan a buscar.
Martín: Como el bueno para la pelota del barrio, que espera que lo descubran.
JP: Si es tonto o no, filo.




–¿No se han propuesto ponerse más exigentes con los lugares donde tocan?
JP: Últimamente hemos privilegiado el sonido por sobre todo, pero no porque vamos a ser más peloláis, sino por respeto a nuestro propio sonido. Y por eso que las últimas tres tocatas han sido en La Batuta.
Martín: Tampoco hay muchos lugares donde uno pueda decir que está súper cómodo tocando. También tienes que pensar en la gente que te va a ver, que no es gente que maneje tres lucas para un copete y prefieren tomarse una chela afuera, a luca. Esa onda.

–Se deben a su público y por eso se mantienen en la tocata.
JP: No sé. Hay contradicciones dentro de la banda, ja ja ja. De no saber para dónde ir de repente. Sabes que queremos sonar bien, pero si tenemos que cobrar tres o cinco lucas no sabemos si va a llegar gente.
Martín: Y no encontramos bandas con las que podamos decir "somos un piño". Con Algo Records, aunque sea una banda nueva, ya sabes lo que vas a vacilar.
JP: Somos outsiders.  Cuando organizamos una tocata nos cuesta un cacho saber a quiénes invitar.
Martín: Y terminamos invitando a los mismo de siempre: Les Ondes Martenot, Cajamúsica, y ahí.
JP: Nos falta claridad de dónde pertenecemos. La contradicción que tengo es que me gusta el pop, pero no el pop nacional. No me linkeo con Golem, con Los Bunkers ni ese tipo de pop.
Martín: Somos más destroyer, más pencas. A Teleradio Donoso una vez los fui a ver y encuentro que son buenos músicos y casi me daría vergüenza tocar al lado de ellos. Ja ja ja. Para mí la idea es tocar en una cuestión con chelas, medio fiestoquera,. Pero encuentro que todos son mucho más serios.
JP: O nos sentimos muy especiales o muy pasados de moda, ja ja.
Martín: Tocar siempre es como para hacer que tu banda exista y nosotros sentimos que nuestra banda ya existe. Lo que queremos lograr es tocar una vez al mes, ponerle hartas ganas a esa tocata y que sea especial. Y tener tiempo de ser felices, porque esa cuestión de tocar todas las semanas es preparar siempre la tocata y no dedicarle mucho tiempo a hacer canciones.
JP: El ciclo de vida de nuestras canciones es corto. Cuando están grabadas estamos dando otro paso y vamos hacia delante.




–¿No se han relacionado con bandas de la onda emo?
Martín: Nos llaman de repente pero no nos cachan tanto. Porque para ellos somos muy lentos, tenemos canciones muy pegadas. Porque hay un lado de Gameover que es más indie, más tirado hacia Congelador puede ser. Y otras canciones más prendidas también, entonces quedamos como al límite.

–¿Qué objetivos se plantean con este disco nuevo?
JP
: Que salga primero, porque todavía está en la fábrica y sale el 29. De ahí queda en manos de Armónica, y tener la mejor distribución posible.
Martín: Piensa que antes nuestro posicionamiento era looser. Sacábamos muy pocas copias de los discos, unas doscientas, y nuestra distribución era lo que llevábamos a (la disquería) Cemento, que ya ni siquiera existe, y lo que podíamos vender por mail. Jamás hemos llevado un tema a la radio, lo que sería obvio para una banda pop.

–¿Por qué?
Martin: No sabíamos hacerlo y no había intención tampoco. Videos nos llama mucho más la atención, por entretención.
JP: A veces me proyecto tocando en lugares ultra poperos, másivos, y no me atrae. No me gusta el sistema de cómo funcionan esas cosas.

–Te gusta lo micro.
JP: Si, prefiero la cuestión de cámara. Más íntimo. Si todos estamos vendiendo algo, prefiero vender un detallito, una artesanía, a vender hamburguesas en serie. Y es contradictorio, porque en el fondo te gusta mucho hacer esto y sería muy rico ganar plata, pero la forma… no sé.

–No se manejan con expectativas.
JP: No.
Martín: No creo que cambie mucho nada. Sí, sí, todo bien, seguir vivos.
JP: Poder sacar otro disco. Que el disco que sacamos ahora nos reditúe de tal forma que nos de la plata y la energía para sacar otro disco. Que no nos deprima.

–Tienen un grupo de fans muy fieles. He visto tocatas suyas en las que, cuando termina Gameover, esa gente se va aunque venga otro grupo después.
Martín: Pero son pocos, son nuestros amigos. O se vuelven nuestros amigos.
JP: Yo siento que hay gente que nos ha seguido un montón de años y que podría estar dedicándose a otra cosa y es gente que está actualizada con lo que hacemos ahora.
Martín: Nos volvemos entrañables, somos parte de su soundtrack. Reconocen mucho las letras de Juan Pablo y se sienten identificados. No es como fans que nos dicen "los minos", porque no somos minos. Se trata de que las canciones ya forman parte de su vida y siguen con un cariño eterno.
JP: Hay canciones que han marcado a gente, yo creo. No a una generación, como se dice siempre, pero sí a personas en momentos especiales y eso es impagable para mí.

–Sus líricas se caracterizan por ser bien emocionales y hablan de que la forma de enfrentar este mundo difícil y extraño es con alguien al lado.
JP: Esa es una canción, es "Física cuántica".
Martín: Nuestro single, "Animal espiritual", habla de otra cosa, de una cuestión mucho más animalesca.
JP: Hay canciones animales y espirituales. Dos fuerzas en tensión. Lo instintivo, las necesidades básicas, y la necesidad de trascendencia, la unión, de reflexión. Las canciones tratan de eso, de "quiero a tal mina", o "me quiero encontrar a mí mismo". Ya el hecho de que haya un coro que se repite juega hacia el pop, pero no estás diciendo "te amo corazón mío". Me gusta eso que se da en Gameover, que estamos cantando una cuestión que no es tan pop pero sí la estamos repitiendo con la melodía pop. Ese contrapunto me gusta. En cuanto a letras, me gusta lo que hace Café Tacuba, que van por ese lado espiritual y rockero. O El Otro Yo, el último disco de Entre Ríos y Los Planetas también.
Martín: Yo tuve una conversación con un amigo hace poco, que me decía "no tienen nada que decir, no hay nada de crítica".
JP: El proceso de escritura es el proceso creativo no más. La idea viene de tu CPU. Viene de a qué estás más sensible, más estimulado en el minuto que te pones a escribir.

–Y la identificación se da por las letras, entonces.
Martín
: Hay una cuestión que es la honestidad. No hay un raciocinio previo de que esto vaya a pegar. Yo escucharía Gameover por lo que yo escucho como música.
JP: Lo que te decía en cuanto a letras también me gusta musicalmente: Entre Ríos, El Otro Yo, Café Tacuba, Los Planetas. A esas bandas las agrupo en una cuestión sensible, emotiva. Suena mamona, pero estamos hablando de grupos mamones.
Martín: La palabra emotiva, en la actualidad, suena a emo y siempre nos han calzado con eso. Somos de una época en que ni siquiera sabíamos que existía el emo. Partamos de la base que venimos de una autoescuela. Partimos tocando cosas tipo Ramones, Attaque 77, cosas punk rock, pero siempre pop. Punk rock y melodía. Nunca nos hemos alejado de lo visceral. En cuanto a sonido, que sea efectiva, que provoque, te quede y la vaciles.
JP: Yo no entiendo eso de que sea emotiva. Para mi, toda la música es emotiva. Si una canción no te provoca nada, una emoción, un sentimiento, entonces no funciona. La música te tiene que emocionar. He escuchado comentarios que me dicen "están buenas las letras porque la penita la lleva". Hay gente que se identifica con eso, pero también creo que en Gameover hay un mensaje que no es de crítica social, pero hay algo de libertad, de desmarcarte de todo lo que te impongan y hacer lo tuyo.
Martín: No somos experimentales, para nada. Nos llevamos por esas otras claves, las de lograr emoción visceralmente.
JP: Si una canción de Gameover te llega a conmover está cumpliendo su objetivo.
Martín: Y los téster somos nosotros mismos en el ensayo. Ahí probamos que nos pegue a nosotros. Nada más que eso.

–¿Éste es su mejor disco?
Martín: En mi opinión sí. Estoy súper conforme. Quizás la diferencia podría haber estado en tener un productor que nos mostrara nuevos caminos, nuevas luces. Pero si, yo estoy súper contento y no siento vergüenza frente al disco. Además que lo hicimos nosotros. Es autogestionado, autoproducido, autoideas.

Ha pasado una hora y Juan Pablo tiene que ir a una función en el teatro de la Universidad Católica, en la Plaza Ñuñoa. Martín, por su lado, invita unas cerveza en El Dante. Después de dos, propone "¿Quieres comer los mejores completos del barrio?". La picada se llama El Tomy y, en efecto, el completo lo traen calientito, con buena mayonesa, chucrut fresco y a muy buen precio. Todavía con hambre, Martín vuelve a proponer "¿Has probado los crudos de la Fuente Suiza?". Y vamos al clásico local, justo al frente. "Yo soy parroquiano acá", me dice mientras pone mayonesa, ají verde y mostaza a su pan con carne cruda. Ahora sí estamos satisfechos y caminamos hacia la casa. En ese momento Martín recibe el llamado de Germán,  el ex baterista de Gameover. "Vamos a jugar Medal of Honor ahora. Es que somos ñoños", cuenta, y parte donde su amigo, a unas cuadras de distancia, todo en el barrio, para seguir con el juego.

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Punk, retro y rocanrol

Martín Pérez-Cueto y Juan Pablo Sepúlveda asumen estar un poco desvinculados de la actualidad musical local, ya que no asisten a conciertos con la regularidad que lo hacían hace algunos años. De cualquier manera, tienen sus favoritos.
 
JP: Fiskales Ad-hok, por su forma de hacer las cosas me llaman la atención. Me gusta la música y como escriben. Se han forjado un nombre y un respeto a puro ñeque. Tienen un documental, llevan gente sin putearse ni mostrarse tanto en la tele. Pero tocan y llevan un montón de gente. Son un hito.

Martín: Me gusta Familea Miranda, Griz, Congelador. Parece que me quedé pegado en una época. Los Electrodomésticos, por la cuestión del sintetizador, aunque no me sorprenden tanto. Me gustaba Nadie por la forma de las canciones, que son un poco frívolas y tener desfachatez frente a eso y tocar prendidos. Siento que el músico chileno, en general, es triste. Tiene la cuestión del chileno, de ser un poco tímido y temeroso frente algunas cosas, entonces esa desfachatez de Nadie es súper valiosa. Y de los grupos de ahora me gusta Dënver, porque tienen esa actitud pop y me pegan sus canciones.

JP: Me gusta la movida retro rocanrolera, como Los Rockers, Los Kaníbales Surf Combo (en la foto), Voodoo Zombie. Esas bandas que tocan con contrabajo y tienen un look me encantan. Ir a esas tocatas es vacilón seguro. Y Mostro también. Para lo poco que es, que sean dos integrantes, que sea instrumental y que sean entretenidos, sacan un sonido muy groso. Te tienen todo el rato con el beat.