Encomendados a Fernando Milagros
La multiplicación de las guitarras acústicas
Entre una de las mejores compañías de teatro chilenas del último tiempo y su carrera como músico se mueve Fernando Milagros, un cantante solista que este año lanzó su primer disco, Vacaciones en el patio de mi casa, a pura voz y guitarra de palo. "Así es más honesto. Y es más barato", saca la cuenta. "Menos es más", dice también, y entonces Fernando Milagros va y de una guitarra de palo logra la multiplicación de las guitarras. Milagro.

David Ponce | Fotos: Hixaga, Javier Chorbadjian y Claudio Santana


Fernando Briones va canturreando una melodía por Merced pasado José Miguel de la Barra en el barrio del Parque Forestal en Santiago, y caminando por la vereda parece que fuera de él esa canción, algo monótona y siempre sobre un acorde imaginario, o a lo más dos. Pero no. Es un cover.
 
–Es de Bob Dylan –acredita el peatón Briones, que esta mañana ha estado escuchando el disco Blood on the tracks (1975), uno de los más históricos del eminente autor folk estadounidense. Pero cuando la canta él, como canta cualquiera que va por la calle, parece suya. O más exactamente de Fernando Milagros (al centro en la foto), el nombre con el que este guitarrista y cantante actúa como solista. De hecho no es muy distinta esa voz a la que se le puede escuchar en su disco debut Vacaciones en el patio de mi casa (2007, Neurotyka) ni a la que se oye cuando actúa en vivo, casi siempre acompañado por los músicos Juan Falso (guitarra) y Daniel Said (guitarra y acordeón), a ambos lados en la foto.

Fernando Milagros empezó a circular con ese nombre el año pasado, pero ya trae la experiencia de haber tocado en el grupo de rock María Milagros entre 2003 y 2005 e incluso la de una escuela que va más allá de la mera música. Como diseñador teatral, es parte activa de uno de los mejores grupos del teatro chileno en el último tiempo, la compañía Teatro de Chile, impulsada por la dramaturga Manuela Infante y reconocida por obras tan distintivas como Prat (2001) y Juana (2005), entre otras. La historia de Fernando Milagros, antes que por la música, empieza por el teatro.






Fue el último en abordar el Teatro de Chile, compañía iniciada en 2001 con actores como María José Parga, Héctor Morales, Jose Jiménez y Juan Pablo Peragallo junto a la propia Manuela Infante. Llegó en 2002, justo antes de la primera temporada de Prat, una obra que hasta logró molestar a sectores conservadores locales por su visión sobre ese héroe, tan creativa como desprejuiciada. Luego siguieron el sorprendente montaje de Juana (2003) y la división entre Narciso (2005), dirigida por Manuela Infante, y Rey planta (2006, en la foto), con el resto de la compañía dirigida por Peragallo.

–Y ahora pretendemos juntar toda la cazuela y hacer una sola, para mantener la continuidad –dice Fernando–. Porque estamos ocupando la forma de montar, el discurso, la metodología, los mismos textos de la Manuela. A mí desde Prat me rayó. Por fin, por favor, encontré a gente que en teatro está haciendo algo más o menos cercano a lo que yo pienso.

–Es verdad que al ver Juana no se parecía mucho a ninguna otra obra chilena que uno hubiera visto.
–Eso es lo que me pasa a mí con el teatro, como que no me gusta –sonríe–. Encuentro como latera la convención. Siempre en la escuela estás construyendo metalenguajes para que te entiendan los compañeros. Eso es muy fome.

–¿Pero Juana es un metalenguaje también? Tampoco era teatro convencional.
–De más, pero es mucho más honesto, está planteada de una manera que uno logra entrar en la historia. Uno es más punky porque es diseñador también, puedes trabajar en otras cosas. Pero como actor si te llaman para una obra, tienes que hacerla.

Revisa aquí el sitio de Rey planta www.reyplanta.cl




–¿Trabajar en una compañía de teatro es justo lo opuesto a tocar música, más encima si eres solista?
–Sí, es transversalmente diferente. En Juana fue la raja, y fue un proceso larguísimo, de mucho trabajo, a cargo de montar una cosa gigante, hasta físicamente. Es como un ir y venir de ideas.

–En la música de Juana había canciones de Postal Service, y en Narciso había cosas de Apples in Stereo, Iron & Wine, Sondre Lerche, The Rapture, The Radio Dept. y Sufjan Stevens. ¿También tenías que ver con eso?
–Sí, es que con la Manuela compartimos esos gustos también, entre los dos hicimos la "curatoría" de las canciones, íbamos probando. Pasó hasta Diego Morales por ahí, o una canción de Icalma, o Postal Service, en ese tiempo que nadie cachaba a Postal Service. Era todo bien indietronic, el gusto de la Manuela, que le gusta más eso de maquinillas.

–También era una música que ninguna otra compañía iba a tener.
–Y pasaba algo tan divertido, que de las ochenta funciones (de Juana) que habremos hecho, en setenta algún tipo llegaba a preguntarnos "Oye, ¿de quién es el último tema?"

–¿Y de quién era el último tema?
–Era un cover de un grupo irlandés, de Ms. John Soda.




En paralelo a ese trabajo ya estaba María Milagros, el trío que Fernando Milagros (voz y bajo) integró junto a Aníbal Hernández (guitarra) y Javier Chorbadjian (batería), al que se sumó luego Eduardo Severin (guitarra), y que empezó a tocar al mismo tiempo con grupos de la época como Federación de Boxeo, Parapiso Brillante, Brandon Teena o Gásfiter Party.

–Todavía no salía de la escuela (de teatro) y estaba desesperado, quería puro tocar, junté a la gente y vamos, lo que sea –recuerda. Para entonces su experiencia anterior había sido con el nombre de Niño Cicatriz, nombre bajo el cual hizo bases electrónicas y quedó seleccionado en una de las versiones del festival de nuevos grupos del sitio Super 45 a lado de Calostro, Niños de Tucumán y otros músicos.

–Después de eso me llegaron ene mails de gente que me invitaba a tocar a sus bares –recuerda el ex Niño Cicatriz–. ¿Y qué iba a tocar? ¿Iba a poner play y que sonara solo?

–¿Por qué no? ¿Ahora no todo el mundo hace eso?
–No, es que eso yo lo encuentro un chanterío horrible.

–¿Sí? ¿No es la creación la que importa? ¿La música que haces en la intimidad de tu casa y luego muestras?
–No, por supuesto que sí, pero…

–¿… algo hay que hacer arriba del escenario?
–Claro, poh. Si no ponís play y te vai, a tomar un copete al lado, qué sé yo.

–¿Hay una ética ahí?
–Sí, todo el rato. Obvio que si. Si la cosa es humana.




Ya sin máquinas, a pura guitarra, Fernando Milagros tocó por primera vez el 24 de agosto de 2006, como parte de un ciclo acústico en el bar Sarita Colonia del capitalino barrio Bellavista, y además de recordar la fecha exacta, recuerda exactamente cómo fue.

–Fue raro. Primera vez que tocaba sentado. Me sentía como José Feliciano un poco, con la guitarra de palo –explica. Con la misma guitarra de palo grabó luego Vacaciones en el patio de mi casa, pero ahí la guitarra de Fernando Milagros, por austera que sea, se multiplica en muchos timbres distintos, de guitarra de palo, acústica o eléctrica. Y con apenas dos invitados, entre José Palma en voz y Juan Falso en guitarra.

–¿Juan Falso es el mismo Juan Pablo Peragallo de la compañía?
–Sí, eso te iba a comentar, porque es choro estar en lugares diferentes. El año pasado él dirigió El rey planta y en la misma época empezamos a tocar juntos. En el grupo él es súper obediente conmigo, y en teatro es el otro lado, de alguna manera es el complemento.

–¿Tú quisiste tocar guitarra acústica?
–Fue súper circunstancial. Más fome que tocar bajo solo es bailar con la hermana, y no podía hacer mucho tampoco sin banda. Era la guitarra que tenía más a mano.

–¿Pero nunca eléctrica?
–Cuando tenga eléctrica me pondré a hacer cosas con guitarra eléctrica.

–¿No tienes un apego especial porque suene folk?
–Igual me fue gustando en el camino, pero fue casual. Es más barato –sonríe–. Se sostiene igual, puedo tocar sin micrófono, sin nada. Por ese lado lo prefiero. Es más honesto sostener una canción así.

Lea aquí un comentario de Vacaciones en el patio de mi casa




–Muchas canciones del disco están mucho rato en un solo acorde, lo que decías de Bob Dylan, o con apenas un cambio de acorde.
–Sí. Menos es más. Hace pocos días estaba viendo un DVD de Making the record, de Nevermind (el disco de la banda rockera Nirvana en 1991), y los que quedan vivos dicen ahí "Kurt (Cobain) siempre decía que la música iba primero y que las letras eran secundarias".

–Sí, pues.
–… y como que yo pienso al revés. Hago músicas que quedan ahí botadas, y cuando les pongo nombre logro hacer la letra y se convierten en algo. Estoy tratando de que pase eso. Componer es bien difícil, sobre todo uno que tiene una escuela súper gringa de haber escuchado toda tu infancia y juventud a grupos en inglés.

–¿A propósito de eso, escuchaste a Devendra Banhart y por eso se parece tu voz?
–Igual. Igual me gustó harto –dice, a propósito de ese músico estadounidense, una de las figuras del folk del último tiempo–. No tengo miedo en reconocer eso, lo encuentro la raja, por la simplicidad y lo carerraja que es. Fue como un descubrimiento, de alguien que canta muy parecido a lo que yo puedo hacer. Es una voz bien rara y me daba un poco de vergüenza: no sabes si es una negra, si es una mina, si un tipo.

–¿No quita que hayas escuchado a otros, como Nick Drake, Jeff Buckley…?
–Sí, mortal, me encanta Nick Drake. Y con Jeff Buckley mucho antes que con Devendra Banhart me pasó un poco lo mismo: cómo este tipo imita a Edith Piaf. Increíble. Parece que se puede hacer y sin dejar de ser machito. De eso era la vergüenza.

–En todo caso ésa no es tu voz para hablar. Es una voz más aguda.
–Sí, pero funcionó y todo se fue dando muy natural. Y ya no estoy ni ahí con cambiarla, para qué.

www.myspace.com/fernandomilagro
www.neurotyka.org

 

Con guitarra, sentados o parados

–¿Has escuchado a otros solistas con guitarra de los que hay en este tiempo?
–Igual hay pocos.

–¿Leo Quinteros?
–Musicalmente no sé si me gusta tanto, pero me gusta harto cómo escribe, tiene súper buenas ideas, letras súper buenas.
 
–¿Felipe Cadenasso?
–No le he visto ahora último. Lo escuché hace mucho tiempo en Estudio Elefante, tocó Goli (el cantante del disuelto grupo rockero Tsunamis) solo también y tocó Cadenasso. Era bien bonito lo que hacía.

–¿Michu?
–A Michu lo conocí en el teatro, hace poco, para trabajar juntos en una obra, él va a hacer la música y yo el diseño. Un día empezamos a conversar y andábamos cada uno con su disco –se ríe–, "mira, éste es mi disco", "mira, éste es el mío". Pero no he escuchado nada de él todavía.

–¿Nano Stern?
–Me suena mucho, pero no lo conozco. El que a mí me gustaba harto y que ahora está en una volá media latinoamericana es Cristián Parker (ex integrante de grupos como de SuperSer y Gásfiter Party), que tiene unas letras a toda raja. Grabó cuatro o cinco canciones, y de hecho tocaba batería el Gepe ahí.

–¿Gepe?
–Las primeras cosas de Gepe me gustaban harto. Ahora no me gusta tanto su rollo electrónico. Y está el peso de que como nadie ha escuchado a alguien cantando con guitarra de palo, todos me preguntaban por Gepe. Hay pocos referentes, entonces lo relacionas al tiro.

–¿Manuel García?
–Es bacán él igual. Lo único que como no me gusta Silvio Rodríguez y a veces se va en volá Silvio… pero es bueno lo que hace.

–¿Nutria?
–Lo vi el otro día y fue increíble. La raja lo que hacía. El disco está grabado como con baterías secuenciadas, pero en vivo tiene mucha más humanidad.

–Al final no son tan pocos referentes, de gente que toca guitarra sentados.
–Sí. Igual ahora estoy tocando parado. Es que una vez al final de un tema me paré y se levantó todo. Fue un descubrimiento muy raro. Aparte de que tienes otra energía, y como estás parado estás confrontando todo el rato.

–Pero se podría hacer un festival de gente que toca sentada.
–Sí, y yo toco parado.