Perrosky saca el rock a terreno El ritmo está en la calle El nuevo disco del dúo de blues y rock Perrosky se llama El ritmo y la calle y es música de 2007 que parece y suena como antaño. Los integrantes son los hermanos Alejandro y Álvaro Gómez, y además son las cabezas del sello Algo Records, una tienda que con éste suma 24 discos autoeditados. "Así se aprende en todas las cosas autodidactas", aseguran, ahora que el disco está en la calle, tiene harto ritmo y hace que todo parezca simple.
Luis Felipe Saavedra | Fotos: Aldo Benincasa y Daniela Pozo
Álvaro y Alejandro Gómez en ese orden en la foto disfrutan de los primeros días de vacaciones en su casa-estudio en un barrio viejo de Providencia, en Santiago. Acaban de volver de ver a su familia en Copiapó y hoy están relajados, porque durante el año que recién acabó fue ajetreado para su sello disquero Algo Records. La temporada comenzó con el premio Apes al "mejor grupo rock" ganada por Guiso, la banda que ambos forman con Bernardita Martínez (voz y bajo) y Álvaro Guerra (voz y guitarra), continuó con la edición de discos de Tsunamis, Tío Lucho y Camión y concluyó con su proyecto más postergado: el tercer disco de Perrosky.
El ritmo y la calle es el nombre de ese disco, la tercera grabación bajo el nombre de Perrosky luego del caset Añejo (2001, Algo Records) y el EP Otra vez (2004, Algo Records), y Santiago tiene directa relación con esa música. El disco está lleno de grabaciones de artistas callejeros de la ciudad, entre una canción y otra: aparecen un pastor evangélico, una bandita de tap y diexieland, el Elvis Junior, el Chubi Chéquer y todo arranca con las rimas de un grupo de raperos. "Representa claramente situaciones con las que alguien que vive acá se encuentra caminando por la calle", explica Álvaro, el baterista. "Y las versiones que hacen. El Chubby Chéquer cuando canta a Paul Anka dice cualquier cosa en la letras".
Siempre quise hacer un disco de samples, tipo música electrónica, y tenía caleta de grabaciones de la calle dice Alejandro, cantante y guitarrista, a quien también llaman Perrosky. Para todos lados llevo la grabadora, porque si se me ocurre algo lo registro. Pero no sólo para mí, sino para grabar a otra gente que hace música en la calle. Empecé a grabar desde que hice el Añejo. Es que a mí siempre me ha llamado la atención el folclor que hay en las calles de Santiago. O en la micro. Nunca he visto en una película chilena al payaso, al viejo que toca la guitarra. Yo creo que es único en el mundo, o característico por lo menos.
–Fuera de esas grabaciones, las canciones suenan a blues de guitarra con slide y armónica. Álvaro: Es súper cercano al blues por el sonido o los acordes, pero si ves lo formal, nosotros no tocamos blues, que es un formato súper definido. Agarramos la sonoridad y lo mezclamos con todo lo que escuchamos.
–¿Cómo llegaron al blues? Alejandro: De chico me intrigaba. Antes tocaba metal, pero vi la película Encrucijada (Crossroads, 1986) y oh: Robert Johnson (el más famoso de los músicos de blues). Hasta que lo encontré acá en Santiago y empecé a buscar más bluseros.
–¿Cuáles? Alejandro: Hound Dog Taylor, Mississippi Fred McDowell, Jesse Fuller. Y descubrí que eran las influencias de caleta de roqueros que me gustaban en ese tiempo, y que era una esencia mucho más primitiva. Me gustó la simpleza, la falta de electricidad y de eso derivé al folclor, aunque no cacho casi nada.
–Como en el tema "Lagonías", que es como una plegaria. Alejandro: Ése es Atahualpa (Yupanqui, el eminente folclorista argentino) más que nada. Como música, como letra, la esencia de artista de Atahualpa me llegó harto. Lo admiro mucho.
–También hay cosas tipo nueva ola chilena. Álvaro: Perrosky tiene una cruza como de los '50 con un poco del blues, pero la música de los '50 que llegó acá. Tratamos de emular eso que fue súper popular con "Am", la clásica balada.
–¿Y la ranchera "El tránsito"? Álvaro: Suena a ranchera, pero bajo los cánones de la ranchera no existe. Alejandro: Esa canción la hice cuando fui a El Tránsito, un pueblo al interior de Huasco. Lo único que se escuchaba allá era ranchera. Me despertaba y escuchaba el bajo (tararea el bajo característico) y así todo el día, hasta que se me quedó pegado y en una de esas salió. Es que me gustó el lugar y me trae buenos recuerdos. Si hasta me metí a bailar ranchera y los viejos me miraban feo. Los chocaba y ellos bailan ordenaditos, no se tocan. Así que mejor dije ¡mejor nos vamos de acá!
–El disco está dedicado a José Antonio Muñoz Carrasco, tu abuelo materno. Alejandro: A él le gustaba mucho Atahualpa y lo escuché de niño. Aunque no me acuerdo, debe estar en mi subconsciente. Mi abuelo fundó el coro de Rancagua y tocaba en una banda que se llamaba Los Pertigueros de Guaglén. Álvaro: Los pertigueros son los que ponen la pértiga a los bueyes. Alejandro: Y Guaglén es una localidad al sur de Rancagua. Era un grupo bien virtuoso del folclor, con hartas voces, coros, punteos y armonizaciones. Nunca pesqué mucho, hasta que me empezó a gustar la música, onda Poison o Bon Jovi. Una vez le pedí que me sacara en guitarra "My Michelle", de Guns N’ Roses, y la sacó con acordes folclóricos. Y yo no podía hacerlo, era muy peludo. Álvaro: Según él, de la manera en que la había sacado armonizaba las dos guitarras de Guns N’ Roses y alegaba que para qué eran dos guitarras si con una se podía hacer todo. Pero era una versión totalmente folclórica. Alejandro: Después entré a la Escuela Moderna de Música y me abrió el espectro musical. Me di cuenta que era súper cerrado, que no escuchaba nada que no tuviera distorsión o que no fuera gritado. Un profe me mostró Violeta Parra y descubrí que ella también hacía disonancias.
–Entonces tu abuelo influyó en tu gusto por la música. Alejandro: Yo creo que el gusto que puedo tener por el sonido más primitivo viene de él. Álvaro: Y es una pena que se enfermara después de algo que le impide comunicarse. Ahora que nosotros estamos haciendo esto, quizás mas cercano a lo suyo, le podríamos haber preguntado mil cosas. De boca a boca nos podría haber contado su experiencia. Alejandro: La otra vez tocamos en el mismo escenario de Rancagua en que tocaba y nosotros le contamos y se alegra. Aunque si escucha el disco no sé si le vaya a gustar...
Por la variedad de estilos y la simpleza, este disco le puede gustar a un amplio margen de personas. Alejandro: Hasta la mitad del disco le puede gustar a un loco rockero, y de ahí a un viejo. Álvaro: Es que tiene de todo. De hecho cierra con una canción en piano; tiene "Si tú pudieras", que es rock con la guitarra súper distorsionada, canciones rancheras, otras súper bluseras. El resultado es un espectro de todo lo que hacemos los dos y de todo lo que hemos escuchado en cierto período.
Álvaro, ¿cómo es tu participación en este disco respecto de los anteriores? Álvaro: En Otra vez acompañaba. Ahora estoy más en la producción. Pero las ideas de composición son de Perro (Alejandro). Generalmente llega con la canción hecha en un setenta por ciento. Incluso hace los beats de batería si los tiene claros y yo lo descifro hasta que se logra armar un conjunto. Desde que empecé a tocar en Perrosky me di cuenta que nunca me había enfrentado a tocar cosas que fueran a menor volumen, que requieren matices y otro tipo de sonoridades, como sacarle la bordona a la caja, tocar con plumillas. Como proyecto paralelo (a Guiso) te ayuda a ver la cosa mucho más amplia. Como productores, que todavía no somos muy buenos y estamos aprendiendo, es entretenido trabajar con dos instrumentos y grabar unos coros, meter pianitos, percusiones. Te da para expandir tu visión de la música.
Alejandro, ¿cómo distingues, cuando compones un tema, si va a ser para Guiso o Perrosky? Álvaro: La pregunta del millón de dólares. Alejandro: No sé, es como si me sonara más a que fuera mía. En el caso de Guiso, siento que una canción se puede explotar mucho más con las percepciones de las otras personas. Por el momento, quiero hacer en vivo algo semejante a lo que grabo. Si suena bien acústica, con una sola guitarra o la letra es más personal, entonces es mía.
–¿En qué está Algo Records? Álvaro: Estamos evaluando cómo seguir trabajando con el sello. El mercado musical es súper difícil y tienes que replantearte muchas cosas, ajustarte a lo que ocurre hoy. Un sello independiente como el nuestro siempre tiene que estar buscando nuevas alternativas para mantenerse funcionando.
–¿Y para dónde va la cosa? Álvaro: No creo que este año fichemos a gente nueva. Alejandro: El año pasado trabajamos con hartas bandas, hicimos un ciclo y nos dimos cuenta de que el publico no da para tanto. Álvaro: Siempre es la misma gente. Para este año está la idea de producir más eventos y ampliarse a otro público. Lo seguro es el disco de Perrosky y le queremos dar harto a eso, hacer un video de buena factura, porque tiene un sonido más popular y puede llegar a más gente. También está lo nuevo de Guiso y The Ganjas. Concentrarse en esas bandas más que manejar a muchas.
Con El ritmo y la calle suman 24 los discos publicados por Algo Records. "Sin dejar de lado las radios, queremos usar el disco como un elemento de promoción más que como fin. Antes pensábamos que el disco era el arma que te iba a llevar lejos y ahora encuentro mucho más importante que la banda toque en un festival equis, para veinte mil personas, que vender dos mil discos. Con los downloads de MP3 y Youtube puedes bajarte al grupo más extraño de Finlandia, pero si los tienes acá los puedes ver tocando en vivo, y que la gente los conozca de boca en boca es mucho más importante para que compren un disco a que lean una revista especializada o anden preguntando cuál es la nueva banda.
–Los sellos grandes –continúa Álvaro– venden menos de cinco mil discos. Artistas como Los Bunkers venden cuatro mil discos. Si hay esos números con gente que es súper popular, está bien que (en el caso de grupos independientes) vendas setecientos discos. Si no suenas en la radio, hay que dejar que bajen los discos para que te inviten a tocar a otras partes. Hay que ir cambiando. Si edito a Guiso en España, el disco se va a vender porque allá se consume música, pero acá solo los melómanos, los coleccionistas.
–¿Y cómo andan con las radios? ¿Algún nombre de Algo Records está en la parrilla de alguna radio? Álvaro: No. Yo creo que acá pasa por una cuestión de sonoridad. Rara vez he escuchado un tema de rock en la parrilla de la Rock & Pop o de otra radio, a menos que seas The Strokes. Ni siquiera White Stripes o Black Rebel Motorcycle, que son nombres importantes hoy en día de la industria del rock, están destacados. Caben cosas más pop o rock que estén más de moda. De hecho, la gente te dice eso: "tráeme algo lo más parecido posible a Blink 182 para que lo pueda pegar con el tema anterior". Esa continuidad es algo que existe en la radio y te piden que hagas lo más parecido. Claro, te ponen en un programa especializado, hablan de tu disco, pero no está en rotación.
–Bandas como Tsunamis, Guiso o The Ganjas ya tienen tres discos, han viajado y tienen su público. ¿No pueden avanzar más? Álvaro: Esas bandas son populares, pero ni Algo Records ni ningún sello independiente tiene un circuito ni una gira armada para el verano. En enero estamos todos acá. ¿Qué es eso? Cuando deberíamos estar en Reñaca, en Pucón, La Serena, Iquique. Eso quiere decir que la gente te ve sólo en Santiago, y en una sola parte de Santiago, porque tampoco tocas en comunas como La Florida o Puente Alto. El rango de acción tiene que ampliarse y ojalá hacerlo más nacional.
–¿Qué opinan que ninguna banda del sello haya sido invitada a la Cumbre del Rock Chileno? Álvaro: Para treinta bandas en un día yo creo que deberían haber sido dos días y que cada banda se presentara dignamente unos veinte minutos. Leo Quinteros iba a tocar una canción. ¿Qué imagen se llevan veinte mil personas con un tema? Es como hacer zapping en MTV.
–No deja de ser simbólico que no figure el sello roquero quizás con más prensa de los últimos tiempos, que ha sido puntal de lo que se ha llamado "nuevo rock chileno". Álvaro: Todavía está el estigma del sello independiente, de que aquí hacemos las cosas al lote o que sonamos mal. La otra vez fuimos a la radio Concierto y el programador, que es integrante de Akinetón Retard, escuchó la canción y se impresionaba porque tenía la imagen de que éramos sucios, y nos dijo "pero si este tema es súper pulcro, está bien tocado". Alejandro: Yo creo que los productores que se manejan a ese nivel no nos conocen.
–Entonces Algo Records, CFA, Quemasucabeza y otros están fuera de la historia oficial del rock chileno. Alejandro: Yo creo que sí. Para la visión de ellos sí. Si están pensando en Aparato Raro es que estamos completamente fuera de contexto. Álvaro: O ellos están muy atrasados o quizás en la cumbre del rock en seis años más nos llamen como que fuimos nuevos hace diez años. Pero si hubiera sido para tocar un tema no vamos. Alejandro: Es como ir a pedir limosna. Álvaro: Bacán tocar para harta gente, pero si Los Jaivas van a tocar 25 minutos, Los Tres también, que son bandas grandes de las que uno quiere ver un set completo... es como un megamix de éxitos. Para eso pones un DJ y mezclas todos los temas.
El ensayo y el error han sido otra escuela del rigor para Algo Records. De hecho El ritmo y la calle se viene gestando hace casi dos años y fue grabado tres veces. Las dos primeras fueron en en 2004, en los desaparecidos Estudios Elefante de Santiago, y en 2005 en la casa paterna en Copiapó, pero ninguna dejó conformes a los hermanos Gómez.
–Estuvimos escuchando (la banda californiana) Brian Jonestone Massacre, nos gustó la onda lo fi (baja fidelidad) y queríamos rescatar ese sonido del Otra vez. Pero después de harto tiempo escuchamos la grabación y estaba saturada. Y puede ser lo fi, pero no por eso va a tener problemas técnicos –dice Alejandro. Fue entonces cuando el dúo grabó por tercera vez, ahora en su propio estudio, en el verano de 2006.
–El disco iba súper bien. Teníamos todo grabado y ya estaban listas las mezclas –recuerda el cantante. Pero algo volvió a fallar.
–Estaban arreglando la calle… –recuerda Álvaro.
–Y lo único que teníamos conectado a la red era el computador –agrega su hermano. La maquinaria a cargo de los arreglos de la calle ocasionó una busca baja de voltaje en las casa aledañas que rayó el disco duro del computador donde estaba el disco de Perrosky. Por más intentos con especialistas que hicieron, no fue posible salvar las mezclas. Ambos hermanos debieron hacer los lanzamientos acordadores con los otros grupos del sello, y cumplir con una gira a Buenos Aires junto a The Ganjas en diciembre, antes de terminar su disco.
–Así se aprende en las cosas autodidactas –saca en limpio Alejandro.
–¿Cómo estuvo el viaje a Buenos Aires? Álvaro: La gente que hace música acá es súper sólida y tiene una escena creada hace cinco años, que allá recién se está armando. Tuvimos notas en el diario, se acercó gente de un sello. En nuestra anterior vista con Guiso (2004) fuimos a un festival garage, y esto fue mucho mejor planeado. Allá hay súper buenas propuestas y está por ocurrir lo que pasó hace unos cuatro años acá, una nueva camada de bandas sólidas.
–¿Hay intención de seguir el intercambio? Alejandro: Sí. Cuando hemos salido nos hemos dado cuenta de que Chile siempre queda al margen del circuito musical de América del sur. Está Argentina, Uruguay y Brasil, y Chile como que queda solo, no tiene mucho contacto. Amigos uruguayos están editados en Europa y todo su mercado mira mucho hacia fuera, casi todos cantan en inglés, se parecen mucho a bandas que hay en Estados Unidos, se visten como ellos. No sé si me gustó mucho eso de Brasil, que sean tan iguales a los gringos. Álvaro: Acá como estás medio aislado se da una mezcla media extraña, obviamente influenciada por Internet. Alejandro: Pero acá el público es bien exigente. Lo poco que hemos viajado, a Argentina, Uruguay, Brasil y Colombia, allá la gente se contenta con bandas malas.
–¿El público local es exigente o es odioso? Álvaro: Es una mezcla de chaquetero, como que siempre tienes que ser mejor que otros y si lo eres, nunca es suficiente. No digo todo el público, pero si te llegas a caer un poquito, el dedo en la herida al toque. Ahora, no sé si el público se ha relajado, o nosotros mismos, que ya no nos importa tanto. Cuesta que la gente quiera harto a sus grupos. Pero es raro, es como el juguete viejo que tienes botado, porque si alguien te lo va a quitar te baja el nacionalismo. Anda a que alguien de afuera hable mal de Chile porque saltan al tiro, pero si estás acá...
Si en las radios Algo Records no suena, en el equipo de música de la casa de Algo Records estos son los favoritos:
Alejandro: Mazapán es una gran banda para niños. Me gustaba caleta cuando chico y ahora lo escucho y encuentro que eran muy talentosas y creo que su mensaje y su música representaban muy bien el sentir de un niño. Los Prisioneros y La voz de los ‘80 (1984), que cuando viajábamos mi viejo los ponía harto. Ahora, de viejo, me compré un caset de Danny Chilean. Me gusta el sonido, porque en ese tiempo hacían buenas grabaciones en los sellos mismos. De Violeta Parra, aunque he escuchado muy poco, encuentro que es folclor antes que Víctor Jara. Chile le debe mucho a Violeta Parra.
–¿Y en la época que ibas a tus primeras tocatas? Alejandro: No, más que nada odiaba. No me gustaban Parkinson, Aleste, Diva. Los que cantaban "Chicholina" (Los Peores de Chile) no me gustaban porque me preguntaba por qué tenía que hablar esas huevadas. Encontraba que todas las bandas chilenas usaban su tema para la chacota, como que tenía que ser algo divertido para que pegara, como lo que hacen hoy Chancho en Piedra o Los Mox! En ese tiempo escuchaba Alice in Chains y cosas más densas y me salían con "Papel floreado".
–¿Y no ibas a ver bandas? Alejandro: Es que yo estaba en el hoyo en ese tiempo (risas).
–¿? Alejandro: En Copiapó. Fuimos a ver a The Sacados (más risas). Álvaro: Yo vi a Los Tres. La espada y la pared (1995, Sony) me gustó mucho en ese tiempo. Debido a la misma lejanía con Santiago, podíamos ver lo que iba a Copiapó no más. En discos me gustó caleta el Pornostar (1995, EMI) de Pánico, le di como caja.
–¿Y de los grupos actuales? Alejandro: Me gusta harto Hielo Negro, porque son una banda que refleja lo que son ellos mismos, siento la libertad con la que tocan, disfrutan y tocan bien. LaFloripondio, Chico Trujillo… Tsunamis encuentro que es una música bien furiosa, sacan todo de ellos y la pared sonora que arman es bien intensa. Mostro también me gustaron harto en vivo. Gepe me gustó cómo lograba hacer lo mismo que en el disco, porque creí que en el disco había súper hartos arreglos y en vivo sonaba igual con los tres músicos que grabaron.
Álvaro: A mí me gusta harto The Ganjas en vivo, desde que partieron acá en la casa como una banda de amigos y como para chacotear hasta ver cómo han tomado forma, cada vez tocan más sólidos. La otra vez fui a ver y lo pasé la raja con Compiuters, por el hecho de que perfectamente todo podría estar grabado y tirarlo con bases para que los cabros canten encima, y que toquen todos los instrumentos lo hace un show súper entretenido. De Yajaira me gustaba caleta su primer disco (Yajaira, 1999, Toxic Records), porque venía de Copiapó, una ciudad fuera del underground, y verlos a ellos, a Congelador, a Supersordo, eran propuestas súper nuevas para mí, las encontraba notables. Gente que arriesgaba un poco más para su época.