Antonio Smith, desde Congregación a Anton Senchi
"Nunca serví para muerto"
Antonio Smith es el creador de uno de los capítulos más cautivantes de la música chilena, con el disco Congregación viene… (1972). Pero ese fue sólo el inicio de un viaje que sigue en curso. Compositor, multiintrumentista, escritor, sonoterapeuta y artista visual, Smith lleva décadas en Argentina produciendo desde new age hasta drum n’ bass, y aquí habla de su relación con nuestro país, recapitula su obra, critica el disco de Congregación y su reedición del año pasado y explica por qué no daba entrevistas para un medio chileno desde que se autoexilió en 1973: "Me parece curioso que por años me escribieran para que dijera algo sobre Congregación, como si tu infancia fuera lo único que has hecho".

Luis Felipe Saavedra | fotos: archivo AntonSenchi


Han pasado tres décadas desde la edición del único longplay que firmó Congregación y sus huellas, en lugar de desvanecerse, son más visibles que nunca. El a la vez más mítico y místico disco de música chilena previo a 1973 ha sido revalorizado los últimos años por medio de reseñas en libros y blogs, menciones en ranking históricos, apariciones en películas y referencias de nuevas generaciones de músicos impresionados por su complejidad conceptual, más ahora que está disponible en vinilo por el sello Ánima, responsable también de reediciones de Los Mac's y Los Vidrios Quebrados.

Congregación viene… fue editado en 1972 por Machitún, ala del sello IRT, y contiene un manifiesto filosófico y musical pocas veces igualado. Líricas trascendentales y reflexivas,en canciones de títulos tan sugerentes como "Estrecha a tu hermano", "Síntesis de la existencia", "Atrapados por un pensamiento" o "Ama la muerte, hermano", unidas a una música que funde la raíz docta, la música latinoamericana y gestos sicodélicos, constituyen un trabajo tan único como sobrecogedor, que ha marcado a cultores de la sicodelia, el progresivo y el folk, y que suma curiosidades como un instrumento creado por Smith llamado plectrófono y el uso de megáfonos, trutruca y sonidos concretos.

Tras el golpe de Estado de 1973, Congregación se disolvió y Antonio Smith emigró a Argentina, donde integró el colectivo Sol de Chile junto a músicos de Los Jaivas y Amerindios que habían participado de la grabación de Viene…, más integrantes de Illapu, Manduka y Fusión, y con ellos editó un disco homónimo en 1974. Como solista, con un personal parecido, grabó Ven, seamos más (1974, Pro Música) y Somos el mundo (1975, Paloma). Hasta ahí llega la breve historia oficial. Lo que Antonio Smith compuso, escribió o divulgó desde entonces ha sido tan poco difundido en Chile, que el mejor ejemplo es que ésta es la primera entrevista que concede a un medio local desde que salió del país.






Antonio Smith nació en Valparaíso, estudió música clásica en la Universidad de Chile y luego se abrió al jazz, al rock y a las músicas étnicas de forma autodidacta. A los dieciséis años abandonó su hogar para comenzar una carrera musical y de vida, y de esos años de juventud datan las canciones que escribió para Congregación, grupo que además integraron el guitarrista y armonicista Alejandro Cordero, el flautista y percusionista Carlos Vittini, el bajista y guitarrista Alberto Prada y el percusionista y guitarrista Rodrigo Baltazar Villaseca, además de invitados ocasionales.

–Era un período en mi país donde no había cabida para lo que estaba realizando –reflexiona desde Buenos Aires el músico–, y tal vez por eso pronto encontré una gran resistencia en el medio cultural y social, salvo pocas excepciones de gente que veía con cierta amplitud o tolerancia lo que hacía. Me topaba a diario con un rechazo a mi forma de ser y vivir y a la música que hacía.

Este rechazo y esta indiferencia de parte del medio artístico hacia Congregación y Smith, manifestados en simple indiferencia o en calificativos a su voz como de "tenorino con matices de homosexual", se debía a que no cumplían con lo supuestamente debían transmitir los músicos en los primeros setentas en Chile. Eran reflexivos en una época de certezas, cósmicos en lugar de materialistas y pacifistas en vez de  militantes, lo que queda de manifiesto en las letras de Congregación viene…

–En algunas canciones de este primer disco tal vez se pueda sentir un dejo de melancolía, que tiene relación con esta situación de ser permeable a los demás, de estar sintonizando el andar por las calles, barrios, colegios, trabajo, oficinas, negocios, sintiendo que falta algo. Cuando te falta algo esencial como el aire te ahogas, entonces vas por aire a otro lugar –explica Smith, y la portada del disco, la Tierra vista desde el espacio exterior, es un gesto que confirma esa idea.

Un análisis completo de Congregación viene… puede leerse acá




Hoy Congregación viene… es una pieza valorada en el mundo entero como precursora de la sicodelia latinoamericana y una copia original puede costar hasta quinientos dólares. Pero para su autor, a pesar de su prestigio e importancia, sorprendentemente, el resultado no fue el que planeó.

–Desde muy niño me formé en la música clásica, pero el folclore me atrapaba y con gran entusiasmo me volcaba a cantar o a tocar todo lo que escuchara por ahí o encontrase en partituras. Luego vino el rock, y desde los doce a los catorce años mi interés giró en esa dirección hasta tener una guitarra eléctrica y empezar a experimentar –recapitula–. Pero mis búsquedas en esa corriente no las pude volcar en Congregación, pues no hubo tiempo, ni medios ni gente, de modo que en un par de mañanas y noches se hizo ese disco, quedando canciones folk con base eléctrica.

"En esos días", profundiza Smith, "la gente se estaba yendo y me había quedado solo, sin baterista. El bajista fue remplazado en horas y sólo quedaba hacer algo con cosas acústicas, todo muy rápido. Hubo muchas contras. Desde la IRT había gente que a la que no le parecía que esa música fuera conveniente, por eso nos daban retazos sobrantes de horas en el estudio y se hacía de milagro. Fue un gran esfuerzo emocional y físico sobrepasar mis posibilidades y seguir. Tenía esa clase de fe y voluntad, porque para mí estaba todo mal hecho, nada sonaba ni funcionaba para un sonido normal, una grabación apropiada. El resultado me parecía como tocar en una radio AM en un programa con una toma de un sólo micrófono".




Accidentado, incompleto o frustrado para su autor, Congregación viene… se ha transformado con los años en un disco que puede calificarse, sin vergüenza, de culto, pero significa apenas el comienzo de un viaje de reflexión y autoconciencia para Antonio Smith que continúa hasta hoy.

–¿Qué había gatillado en ti búsquedas tan distintas de las de tus contemporáneos?
–Desde niño había estado buscando el sentido de la vida, de la muerte, para qué vivíamos en este mundo, por qué se estaba tan lejos del universo, por qué costaba tanto ser uno mismo y ser respetado sin depender de formas y prejuicios. Lo que gatilló este deseo de liberación ha sido comprender la transitoriedad, la impermanencia, el que todo puede pasar de un estado a otro en segundos y qué pena no conocer el amor, experimentar el ser de las cosas, el alma de una existencia, el goce y la felicidad. Cómo puede ser que todo quede trunco, atrapado en un pensamiento que no emigra más allá de un yo, una situación. Allí se decide un camino, cómo queremos hacer nuestro trabajo, nuestro arte, nuestras relaciones de amor.

Antonio Smith y otros músicos chilenos salieron de Chile tras el golpe militar de 1973 y se establecieron en Argentina, pero a diferencia de la mayoría, que emigró a Europa o volvió a Chile cuando fue posible, Smith se quedó en Buenos Aires, donde todavía vive y trabaja.

–Me quedé en Argentina por varios motivos. Puedo citar el trabajo docente, que realicé desde mi llegada; la familia que constituí y también ver que en Chile no había cabida para mis proyectos, aún en tiempos de haber logrado una obra discográfica y libros que estaban en otros países. Por alguna razón que ignoro estos discos o libros no suscitaban interés en editoriales o disqueras en Chile.

Smith se refiere a su trabajo bajo el nombre de Awankana, con el que durante la década de los '90 editó cerca de treinta discos relacionados con la new age y el ambient, más un puñado de libros de autoconocimiento y varias instalaciones multimedia, que a pesar de haber sido distribuidos en Europa y Estados Unidos, en Chile nadie se interesó en divulgar.

–Que mis vinilos sean de colección y piezas muy caras y no haya habido nunca nadie que los editara en Chile seguramente es cosa del destino. Recuerdo que fueron representantes de mi catálogo en el exterior a Chile a ofrecerlo, pero sólo aceptaban la importación de mis discos, nunca hubo un intento de parte de disqueras de al menos probar alguna edición. Cuando algunos de mis discos empezaron a estar en catálogos de world music o ambient en Europa o Estados Unidos se vendían desde allí a Chile, y llegaban como si fueran de un extranjero. Curioso, pues en cada disco se describía mi origen. En algún momento esta apatía o cerrazón en el medio disquero o editorial en mi propio país logró que me olvidara de que eso tenía algún valor o interés. Ya se había probado bastante por quince o veinte años, no había más opción, no me parecía que tenía que ir a ningún medio oficial a esa altura para que se inventara un interés.

–¿Te sentiste incomprendido?
–El sentirse incomprendido no me parece que sea la idea. Uno no puede justificarse con eso, al menos a mí no me parece. Tal vez algo en lo cultural en mi país se cerró a mi trabajo, y lo hizo a través de una acción de indiferencia. El tipo de música y arte que fui realizando, aunque haya sido en el tiempo algo que llegó a mucha gente, no siguió modelos ni formatos de consumo masivo. No creo que deba buscarse más explicaciones, más bien debe ser una inercia de la historia.




–¿Mantuviste contacto con Chile?
–Empecé a ir Chile, a ver a mi familia y amigos y a tocar ocasionalmente con amigos que me hacía cada verano, sin entrar en detalles de lo que hacía afuera o lo que había hecho como músico en mi propio país tiempo antes. Así fui siendo "el Anton" o "el Antonio", según quién me viera. De esta manera fue más agradable relacionarme y vivir así, en mi propia senda, siendo uno que está ahí, contento con lo que hay por ese día.

Antonio Smith había ido superando etapas. En Argentina se especializó en técnicas orientales de meditación, yoga y reiki, aprendió la sonoterapia, creó arte interactivo, escribió artículos en revistas sobre ecología, observación del medio y para niños, y publicó libros sobre temas existenciales. Durante los '90, como Awankana, estableció un estudio de grabación donde produjo todos sus discos, y desde 2000, como Anton Senchi, explora en el trance, el jungle, el drum n' bass, el dub y otros géneros de música electrónica. Por eso le sorprende tanto que las pocas veces que lo contactan desde Chile, siempre es para hablar del único disco que grabó acá.

–Me pareció curioso que por años me escribieran para que dijera algo sobre Congregación, como si tu infancia fuera lo único que has hecho. Habría que ver qué es eso en la psicología colectiva. O sea, la negación de tu identidad, por dónde he andado y hasta dónde fui, haciendo cosas siempre para adelante, en cada etapa del mundo de la música. Si te fijas, verás que hasta donde puedo ver nunca serví para muerto, ja ja ja.

Una parte de esta evolución se ha manifestado en el interés de Smith por los instrumentos. Desde que creó para la grabación de Congregación el plectrófono, un instrumento de dieciocho cuerdas cercano al sonido del clavecín, hasta sus investigaciones en la música con software como Anton Senchi, las múltiples grabaciones de Awankana y la sanación a través de los cuencos de cristal de cuarzo, Smith ha sentido un permanente interés por los instrumentos y sus capacidades expresivas.

–Fui aprendiendo a tocar diferentes instrumentos, buscando la calidad de sonidos más apropiados para acercarse a las armonías que facilitan un bienestar de por sí, por sus tonalidades, texturas, alturas tímbricas, sean de madera, metal, percusión, aerófonos, clásicos o étnicos, también electrónicos, aprendiendo su ayuda en la sanación o explorando sus posibilidades para tocar con otros músicos. En el catalogo de Awankana pude recorrer toda la gama armónica. Incluí cientos de instrumentos de todo el mundo, los toqué de acuerdo a ese momento, sampleé los sonidos de muchos de ellos y más adelante utilicé mis samples de esos instrumentos para componer pistas. Pero los cambios luego te van llevando cada vez más a lo simple en todo, apreciando lo que nace del corazón y del sentir. Por eso hoy me inclino por instrumentos que toco con mis manos, muy pocos, los esenciales, y las voces: el vibráfono, el piano, el hang, fujara de bambú, guitarra o laúd, arpa céltica, acordeón, bandoneón y una viola.




Desde Congregación, que fusionaba sonidos latinoamericanos, de raíz docta y rock, su intenso trabajo new age y ambient y lo que hace hoy, donde mezcla electrónica, voces, sonidos étnicos y arreglos de cámara (escuchar Patchwork: Iniciando un nuevo sol),  Antonio Smith ha abarcado una increíble gama de géneros musicales, siempre abierto a la experimentación.

–En toda mi producción con el nombre de Awankana pocas veces hice un disco dedicado a un género –confirma–. Dando un salto, puedo citar Senchilove (2006) como un disco donde varios géneros están siendo utilizados para una música electrónica, dance o house. Este año subí a MySpace Patchwork, un álbum de dieciocho temas que terminé hace poco, que de acuerdo a quién lo escuche puede crear dudas, pues parece un compilado de varios músicos, como dijo alguien. Tras el cierre del ciclo Awankana, luego de una intensa actividad en el año 2000, empezó otro ciclo, otra escena de la vida, conectada con lo urbano, la música electrónica, siendo DJ o sólo dando talleres de arte interactivo. Me cuesta componer en una sola línea o estilo.

Esta variedad de géneros ha sido acompañada por los diversos alias que Antonio Smith ha usado durante su vida: su nombre propio, Awankana durante los ’90 y desde el cambio de milenio, Anton Senchi.

–He firmado mis obras con nombres que significaron algo para un momento del camino, pero algo muy fuerte, irrevocable, me decía que no podía seguir usando un mismo nombre, pues todo en mí había mutado, cambiado. Tiene que ver con salir a buscar la visión y pedir claridad para saber cómo seguimos, qué nos toca, sin imponer lo que un yo quiere, sino lo que es mejor para ese momento, y uno solo no sabe eso, hay que ir a buscarlo en una visión y recibir ayuda, inspiración. Después va llegando una imagen o un sonido, y algo en uno reconoce que tiene que ver con lo que sientes y le das para delante, en una nueva etapa.




Junto a los discos de Los Vidrios Quebrados y Los Mac's, el sello Ánima, creado por el coleccionista y productor chileno Hugo Chávez, reeditó en vinilo el año pasado Congregación viene…, previa compra de los derechos a Arci, sello dueño de los catálogos fonográficos de la IRT y de otros sellos. Todo legal, pero lo curioso es que Antonio Smith se enteró por esta entrevista del hecho.

–Prosigue esta relación de indiferencia, de medios o disqueras hacia su autor –considera–. No siento que esta indiferencia sea de mi país, mi tierra, mi familia o amigos, pues he recibido el afecto y la solidaridad personal cuando viajo o en Internet desde hace años. La reedición habla de una obra y de un producto. Hay que ver cómo equilibrar ambas cosas. Aparte ha habido docenas de ediciones piratas, como se llama a ese mercado, donde se hace un provecho personal con un objeto de arte o con una obra, sin conexión con su autor. Esto no es gran novedad, pero es llamativo que nadie de estos emprendedores se ocupe de llamar al autor o a su familia, ¿no?

No siente nostalgia ni rabia. Actualmente Antonio Smith ofrece clases, sesiones y talleres (ver recuadro), vende instrumentos,  fabrica artesanalmente algunos discos, compone música electrónica y la toca y comparte con otros músicos en sesiones. Desde Japón le acaban de comprar toda su obra anterior, consistente en cuatro vinilos y cuarenta cedés para reeditarlos, y ha dispuesto todo su trabajo reciente, musical y literario, en Internet.

–Internet es la gran autopista donde confluimos quienes hacemos música como vocación y nos interesa el arte, la calidad de contenidos –asegura–. Desde los '90 fui productor independiente de todo lo que hacía, y fui arreglando de acuerdo a cómo se podían adaptar en la industria de discos mi manera de hacer las cosas, que no difiere mucho de cualquier independiente que no tiene tiempo para estar encadenado a contratos leoninos. En mi blog o en Myspace subo abundancia de música para quien la aprecie. No cobro por ella, me interesa compartir, y si alguien puede ayudarme, o donar medios para poder seguir, vendrá. Confío en ello, si no viene lo aceptaré.

–Pasados casi treinta años, ¿crees que seguimos "atrapados en un pensamiento", como dice la canción?
–Algunas mejoras puede haber, pero seguimos atrapados en un pensamiento. Si me preguntas sobre las mejoras, te diría que si uno está atrapado en una trampa, la mejora es que la trampa puede tener más atractivos, ser de otro diseño o haberse convertido en un auto o un yate, pero igual se queda atrapado. Si es una anteojera, capaz sea 3D y uno se olvide de que es tal. O si es una celda donde hemos quedado atrapados, esa celda puede llamarse con otro nombre y convertirse en canales de televisión. Estar atrapado es una situación incómoda, pero a veces  se crea una anestesia para no sufrir, hay que sobrevivir. Si tienes amor por la vida, por lo que haces, estarás dispuesto a realizar cambios de hábitos a cualquier edad, y uno de ellos seguro será dejar de estar atrapado por una manera de pensar. Eso dará bienestar, salud y felicidad.

–¿Alguna esperanza?
–Veo esperanzas desde el día que hice ese primer disco, llamado Congregación viene…, y las sigo viendo. Es un estado natural para quien siente amor o está enamorado.

www.myspace.com/antonsenchi

 

Bambú, cristal y armonía

"No soy un sanador ni buscaría serlo. Soy un facilitador de sonoterapia y taidao. Éstas son prácticas con su propia eficacia y contenido, que se pueden aprender, estudiar y desarrollar", distingue Anton sobre el trabajo que realiza en Bambutrainers, el centro que dirige en el barrio de San Isidro, en Buenos Aires.

–Bambutrainers es un espacio dedicado a la sanación desde la sonoterapia, el bambú, el kigong, los cuencos de cristal y artes afines –explica–. En este espacio todo está orientado a dar actividades que ayuden a quien lo desee a reencontrar silencio, alinearse por medio de los sonidos, posturas simples, imágenes y ejercicios de sintonía. En una sesión pasamos por módulos de actividades que integran masajes, piedras, cuencos, expresión, movimientos, música y videos que realizo. Formas de yoga, taidao o euritmia. Mi labor es conducir este espacio, al que vienen también terapeutas que integran su actividad, buscando unir y mantener algo comunitario.

Armonía y sanación. De eso se trata el trabajo que realiza Anton Senchi, con especial atención en los poderes curadores del sonido.

–En mis sesiones de sonoterapia, jams o conciertos, la variedad de timbres o el cómo nos llega cada sonido en lo sensorial permiten ciertas vibraciones, sean medios para sentimientos, portales de armonías que nos sanan en un momento dado o nos hacen comprender desde otro lado cosas que la mente o la cabeza no logran por sí mismas –profundiza–. Algunos sonidos, como los cuencos de cristal, pueden entrar a nuestra experiencia sin utilizar los oídos, sólo vibración que recorre con suavidad nuestro cuerpo, llevando sonoridades y timbres bellos que nos hacen bien. Por ejemplo (sirven) para componer música que por ahí no reposa en instrumento alguno, sólo silencio, o voces y cantos, y así se vuelve a un vacío desde donde aprecias que el silencio es lo que mantiene la renovación, porque está allí siempre, detrás de cada sonido. Sin ese silencio la música no es tal, no se renueva a sí misma. Cuando uno descubre ese silencio, en sí mismo tiene armonía, como un soundtrack muy sutil que sugiere melodías, ritmos y secuencias que están allí. Aprendes a sentir qué te hace bien para el corazón, la mente y el cuerpo, y uno va escuchando o tocando según la necesidad de cada momento.

Más información, música, recetas y lecturas en http://bambutrainers.blogspot.com