Marisole Valenzuela
Frutos de la joven cantora campesina
Si existe la idea de que la cantora de tonadas en los campos chilenos tiene que ser una señora siempre mayor, ahí está esta mujer para rectificarlo, desde San Carlos, provincia del Ñuble, donde prueba que una cantora campesina también puede haber empezado a grabar a mediados de los '90 y puede tener dos flamantes discos recién lanzados en 2009. Lejos de la capital, así se sigue viviendo una de las tradiciones profundas del folclor chileno, de la mano de nuevas cantoras y recopiladoras como Marisole Valenzuela.

David Ponce | Fotos: sitio oficial de Marisole Valenzuela


La primera llamada la sorprende en medio de la bulla que hacen los niños del colegio San José en San Carlos, donde ella hace clases de folclor y un taller de guitarra. La segunda, más tarde, ya es en su casa, no en San Carlos sino en el pueblo cercano de Placilla, donde vive Marisole Valenzuela, cantora campesina y recopiladora. Y ahí sí puede hablar con calma del trabajo que ha venido haciendo durante los últimos doce años con el legado de cantoras mayores de su región, como Modesta González, detrás de quien aparece en la foto: un trabajo que va desde el aprendizaje de esos repertorios de tonadas y cuecas tradicionales hasta la grabación de los ya ocho discos y casetes que suma desde 1996 hasta hoy.

Marisole Valenzuela nació hace 39 años en el pueblo de Toquihua, próximo a la ciudad de San Carlos, la misma que fue cuna de Violeta Parra nada menos. Y no es un detalle. Como muchos otros músicos en Chile, llama "Violeta" a Violeta Parra, pero como pocos ella puede hacerlo con la familiaridad de quien habla de una vecina, aunque sea una vecina de otro tiempo. "Yo soy seguidora de la Violeta pero de chica", dice. "Cuando más grande tocaba sus canciones, trataba de aprenderme todas las letras, hasta que de admirar tanto a Violeta Parra me di cuenta de que lo que tenía que hacer era seguir recopilando, para sacar las canciones que todavía quedan. Ahora digo que voy por la huella de la Violeta".




En dos discos recientes está registrado lo más nuevo de ese trabajo, ambos editados en 2009. Uno es personal de Marisole Valenzuela, y otro es a dúo con su compañera Mauricia Saavedra, también cantora campesina y oriunda de Sagrada Familia, cerca de Curicó.

–Ése es un trabajo que se llama Dios las cría y el canto las junta y que hicimos con Mauricia –cuenta–, donde pusimos más material de recopilación, algunas creaciones propias y temas a dos voces, cosas que no habíamos hecho en los discos anteriores.

–¿Qué repertorios hay en Dios la cría y el diablo las junta?
–No es el diablo, es el canto las junta –se ríe–. Si parece que fuera el refrán, pero lo cambiamos. Hay tonadas picaronas, hay cuecas de Mauricia, como "Noble señora", que está hecha a la mujer que saca leche todos los días, la ordeñadora; también hay un contrapunto en décimas por ponderación, donde cada una se tira flores, como cachiporreándose.

–¿No son décimas improvisadas?
–No, ése es verso hecho. Lo escribimos alguna vez y ahora lo cantamos. Y hay una canción mía que se llama "De San Carlos a Curicó", y que tenía que estar en este disco de las dos, no podía haber sido en un disco sola, porque de "De San Carlos a Curicó" habla de cuando voy donde la Mauricia.




En el otro disco simultáneo se escucha Marisole sola y es Por qué seré tan fatal, subtitulado Tonadas del mal amor, con una mayoría de tonadas recopiladas entre cantoras de la zona.

–La primera intención fue hacer pura tonada, aunque igual quedaron tres cuecas al final. Ése toca la temática de las tonadas del mal amor. De hecho la gente piensa que es muy triste, por el puro nombre que tiene.

–¿Y no es así?
–Es que mayoría de las canciones que me han entregado son siempre cosas penosas, de engaños, de soledades. Hay muchas tonadas de este tipo, como "Pobre de mí" o "Por qué seré tan fatal", que es una tonada encuartetada muy bonita. Es encuartetada porque cada estrofa tiene cuatro versos. Hay tonada encuartetada, sextina, en octavilla y en décimas. En esta región se usa mucho la encuartetada.

–¿Cómo ha sido aprender este repertorio de las cantores que conoces?
–Desde chica crecí viendo cantoras (ver recuadro). Por el mismo barrio (de Toquihue, su pueblo natal) había cantoras y era normal ir a las trillas y escucharlas, o en las ramadas que a veces se hacían para el dieciocho de septiembre. No siempre es fácil llegar a ellas. De repente a uno le cuesta porque son rogadas para cantar, pero muchas me han entregado muy buen material.




–¿Qué tan importante es ser de San Carlos, el lugar donde nació Violeta Parra?
–Cuando era niña no me acuerdo siquiera de si sabía que ella había nacido por aquí. Pero era seguidora de la Violeta porque la escuchaba en la radio.

–¿Violeta Parra sonaba en la radio?
–Sí, en El Sembrador de Chillán, en La Discusión de Chillán, en los programas de folclor. Había un programa que se llamaba "Vamos arando", como en el año '77. Esas radios siempre tocaban folclor.

–¿Cuándo supiste que ella había nacido ahí?
–Cuando más grande, y le preguntaba a mi papi si la había conocido. Él me contaba que la había visto en un circo, pero de lejos, y yo le decía "Pero, papi, ¿cómo no la vio?". Porque para ellos tampoco tenía mucha relevancia; cuando (Violeta Parra) andaba cantando en los circos no era famosa todavía, por acá por esta zona. Pero era casi una enfermedad la Violeta para mí. Estuve muchos años tocando sus canciones, tratando de aprenderme todas sus letras. Hasta que de repente una persona me dijo "Pero tú estás a la sombra de la Violeta, deberías cantar las cosas de las cantoras que tú conoces". Y ahí empecé a cantar las cosas que ya me sabía y empecé a buscar otras, pero todavía con vergüenza.

–¿Con vergüenza por qué?
–Tú sabes que el folclor en Chile es muy mal considerado, cuesta mucho para que lo toquen. Pero si admiraba tanto a la Violeta Parra lo que tenía que hacer era seguir recopilando. 




La cantora vive hoy con su compañero y su hijo de seis años en la zona de secano de San Carlos, es decir un lugar donde no abunda el agua de lluvia y por lo tanto es escaso el regadío para las cosechas.

–Porque vivimos en esta zona de cerros, no hay ríos, no hay esteros, no hay nada, sólo hay agua de vertiente. Y depende de si llueve o no que tengamos algo. Por eso se llama secano. La cosa es todo en base a lo que Dios nos quiera dar. Es bien dura la vida por acá, aunque eso ha ido cambiando, han aparecido proyectos del Fosis para mejorar esas condiciones.

–¿Cómo es Toquihua, donde naciste?
–Lo más importante y lo más lindo. Son mis cerros amados, es que yo nací ahí y quiero vivir ahí y quiero morir ahí. Es la tierra donde están mis papás también.

Los padres suyos no sólo están en la tierra, sino también en sus canciones. En su disco Tonadas del mal amor está una canción propia, llamada "Se me fue contigo" y dedicada a su madre, que murió en 2008. Y antes, tras la muerte de su padre, en 2002, Marisole escribió una de sus primeras canciones.

–"Nuestros cerros se quedaron en silencio / ya no escucho tus silbidos ni canto más", dice. Porque yo cantaba todos los días en el cerro. Se la hice a él, y fue una de las primeras canciones que me atreví a grabar. Después se hizo conocida aquí, me sentía una gran artista (sonríe). Con lo que yo amo mis cerros, fue tan terrible que hice esa canción con tanta tristeza –recuerda. Porque a partir de ese momento la cantora iba a experimentar no sólo las dificultades del secano, sino las de dedicar su vida al canto.




Marisole Valenzuela es la menor de trece hermanos. Y a la muerte del padre tuvo que irse de la casa por voluntad del mayor de ellos. "Coincidió con otras cosas. Empecé a convivir con mi pareja actual, y en el campo donde yo vivo todo eso, pololear por ejemplo, era muy complicado. Hacer eso era una rebeldía mayor. Yo iba y venía, pero siempre mis raíces eran mi casa".

No es la única condición adversa que debe afrontar en ese medio cualquier mujer como ella. Cursó hasta sexto básico, porque la norma de que la hija menor de la famila está para cuidar a los padres en su vejes impidió que siguiera estudiando. Y la familia también ponía obstáculos para que cantara. "No me daban permiso. Tenía como diecisiete años, y a los dieciocho igual no habría podido ir. Porque te cuidaban, toda la familia era muy celosa, los padres, los hermanos. Ellos veían como una desgracia que yo cantara".

–¿Claro que habría sido distinto si hubieras sido igual la menor, pero hombre?
–Pero por supuesto. Es diferente la forma de los hombres en el campo. Yo tenía que hacerles todas las cosas a todos mis hermanos, lavar la ropa, hacer las camas, coser… ésa es la idea de la mujer en el campo, y en algunas partes mucho no ha cambiado.

–¿Te rebelaste contra eso?
–Exacto, porque me fui, pero me hice igual cargo de mi madre, en San Carlos. Finalmente sí la ayudé como ella quería, pero me la traje a mi casa. Pero era difícil rebelarse. La que se rebelaba era la oveja negra. Yo pasé a ser la oveja negra.

Años después, alguien subió un video de Marisole Valenzuela a YouTube en el que se alcanza a escuchar la voz de su madre, y la hija recuerda qué comentario hace ahí la señora.

–Está hablando de mí y ella dice "Qué le vamos a hacer, si ella salió así" –sonríe la oveja negra de la familia. Pero no guarda rencores. "Si no me hubieran cuidado no sé qué hubiera pasado, tal vez uno se mete en caminos malos. Pero si me hubieran mandado a estudiar tal vez habría ido a la universidad. Yo tengo un oído privilegiado, con estudios sería una maestra. Pucha, me gustaría haber estudiado".




La cantante se dedicó a la música de manera más formal desde 1986. Y en 1995 vino un encuentro determinante, con la citada Mauricia Saavedra, en el encuentro de cantoras que es celebrado en Portezuelo. Porque ése iba a ser el inicio de sus discografía.

–¿Cómo fue ese encuentro?
–Fantástico, congeniamos al tiro, cantamos todo el día, "te gusta esto, a mí también, ¿y qué piensas hacer? Pucha, yo quiero grabar, Yo también".

Las dos querían grabar y de hecho sus primeros casetes son a dúo, financiados con recursos del Fondart: son Frutos y raíces de la cantora campesina (1997) y Herencia y tradición de la cantora campesina (1998), seguidos por Quien canta ora dos veces (2001), sobre repertorio religioso. Y en medio Marisole tiene otro disco a dúo, con la cantora Mirtha Ortega: Cuecas pa' mundo (1999).

Para entonces la cantora de Toquihua ya había iniciado sus discos individuales también: Brotes del canto campesino (1999), Colección de oro (2003), Cuecas de tomo y lomo (2004), Marisole Valenzuela en vivo (2005), que incluye la canción "Jugo de dignidad" con la que ella ganó el tercer lugar en el Festival del Huaso de Olmué en 2004, y Aprendiendo de mis mayores (2007). Además de los citados Dios las cría y el canto las junta (2009) y Por qué seré tan fatal (2009).

–Y ahora estoy trabajando en el nuevo, que va a tener música más urbana –anuncia–. Se va a llamar Por darme un gusto.




No sólo es un gusto que se va a dar Marisole Valenzuela. Su próximo disco, el noveno de su carrera, será además un punto de partida.

–He estado todos estos años recopilando, trabajando con las cantoras y recién estoy incorporando creaciones mías a mi trabajo. Este disco ya sería de puras creaciones. Uno después entra en contacto con la gente de la ciudad, así que por primera vez este va a ser un trabajo tal vez más urbano, con letras mías, pero usando guitarra con afinaciones campesinas. Enlazando las dos cosas.
Apenas una aparición tiene Santiago en toda esta historia. Fue a la capital donde Marisole y Mauricia vinieron a grabar esos dos casetes iniciales, de 1996 y 1997.  

–¿Dónde los grabaron?
–En un estudio de Germaín de la Fuente.

–¿Germaín de la Fuente? Pero él es coterráneo tuyo también, de Los Ángeles Negros. ¿Lo conocías?
–No, no lo conocía. Nosotros fuimos no más porque nos mandaron.

–¿Pero sí conocías al grupo Los Ángeles Negros, te gustaban?
–Eh, no. Así como gustarme no. Yo creo que está bien para la gente que está ligada a esa música. A mí ni fu ni fa.

–¿En todo caso llama la atención que de San Carlos hayan salido músicos chilenos tan famosos en el mundo? Violeta Parra, Los Ángeles Negros… ¿Algo tiene San Carlos?
–Y en una de esas Marisole Valenzuela también –sonríe Marisole Valenzuela, en tercera persona–. Violeta Parra se hizo conocida a los cincuenta años. A mí me faltan diez años todavía para seguir trabajando. ¿Cómo sabes? Si mi música está grabada ya. Sólo falta que venga un sello y la dé a conocer para llegar a las grandes masas.

www.marisolevalenzuela.scd.cl
www.myspace.com/marisolevalenzuela

 

Las maestras

María Venegas y Modesta González se llaman las dos principales de estas cantoras campesinas de las que ha aprendido Marisole Valenzuela. Pero no son las únicas. También menciona a Concepción Castillo, más conocida como la Abuelita Conche, de San José de Trapiche (foto 1, en primer plano). O a Fidelmira Sepúlveda, de Maitemo; a Irene Belmar, de Verquicó; a Ernestina Araya, de Hualve, próxima a Cauquenes; o a María Elena Villagra, que es de Cherquenco, cerca de Temuco, aunque la conoció en Santiago.

–¿Siempre son mayores las cantoras campesinas, no hay más jóvenes también?
–Bueno, siempre en el campo eran las mayores, pero aquí en esta zona afloró conmigo una nueva generación de cantoras. Acá en San Carlos hubo un programa de radio, en los años '90, '91, en la radio Prat, una radio AM, y al igual que la Violeta, que se dio a conocer en programas de radio, ahí nacimos hartas: Rosalba Navarrete, Mirtha Ortega, María Eugenia Soto. Nosotras íbamos a leer las cartas que llegaban al programa y nos fuimos quedando y dedicando al canto.

Mauricia Saavedra (foto 1, a la izquierda) es además la principal compañera de generación de Marisole Valenzuela, con la que ha grabado tres discos a dúo. Y dos figuras mayores más figuran en sus discos. En la tapa de Aprendiendo de mis mayores (2007) son sus padres los que están retratados, Isidro Valenzuela y Oliva Bastías (foto 2). Y antes, en su segundo casete, Herencia y tradición de la cantora campesina (1998), su madre aparece hilando en la foto de la portada.

–Ella no cantaba, pero recordaba todas las canciones que había visto, y me las traspasaba a mí. Y yo las voy a traspasar a los discos y ahí va a quedar.