El Sueño de la Casa Propia
Las certezas del disco propio
José Manuel Cerda está a punto de editar el fascinante Historial de caídas, y mientras lo escuchamos, el músico porteño revela detalles de sus accidentados inicios, reflexiona sobre sus intenciones musicales, analiza la escena de Valparaíso y justifica su opción por las canciones accesibles. "Me parecen mucho más revolucionarias que gritar chuchadas con una guitarra distorsionada", dice el hombre tras El Sueño de la Casa Propia.

Luis Felipe Saavedra | fotos: Raiza Vera (www.sonriaimagen.com), Carolina Agüero y archivo ESDLCP


"Vendía CDs en la calle, en Providencia. Me aburrí de irme en cana, pasaba en la diecinueve (la 19º Comisaría de Providencia). Entre esos CDs descubrí uno con softwares para componer. Llevaba años escuchando música electrónica y me di cuenta de que la podía hacer. Con una devolución de impuestos me compré un computador penca y empecé. Estuve como cinco años haciendo música sin pretensión alguna y un día tuve un colapso emocional y me tuve que volver a la casa de mi vieja y me dije 'esto tengo que hacerlo'. Estuve un año trabajando, me compré la (máquina para hacer música) Electribe y empecé a tocar en vivo".

Así de sintético es José Manuel Cerda, alias El Sueño de la Casa Propia, para relatar sus inicios musicales y de paso revelar algunos aspectos de una vida nada cómoda: Cerda se fue de la casa siendo un adolescente, terminó el colegio a los veinticinco años, no fue a la universidad, ha vendido discos piratas en la calle, ha sido cartero, jornalero y microtraficante de drogas –como él mismo reconoce en su Myspace–, pero entremedio fue capaz de construir una identidad musical que se expresa cabalmente en Historial de caídas, disco que aparecerá en pocas semanas por el sello Pueblo Nuevo y al que Mus.cl tuvo acceso exclusivo.






A José Manuel Cerda se le ve contento. Su disco Historial de caídas está en manos del ingeniero Daniel Llermaly (integrante del grupo La Golden Acapulco), quien lo terminará de masterizar en una semana para disponerlo en la web de Pueblo Nuevo lo antes posible. El domingo pasado grabó un video para la canción "Voluntad de oro" y, como nunca antes, está entusiasmado con lo que pueda pasar.

El Sueño de la Casa Propia –nombre que evoca una de las aspiraciones más sensatas de la clase media chilena– apareció en el panorama local en 2006 con Hogar (Frígida Records), un disco de electrónica apacible, melancólica y detallista hecho en base a samples de instrumentos orgánicos. Apenas había tocado una vez cuando fue invitado a participar de la segunda versión del festival EIMA (Encuentro Internacional de Música Actual) en el Teatro Mauri de Valparaíso junto a Congelador, Javiera Mena y los franceses Holden, y de ahí en adelante ha seguido presentándose en pequeños escenarios con músicos de electrónica experimental o rockeros en su Valparaíso natal, en Santiago y hasta en Buenos Aires y Sao Paulo, y ha figurado en los discos compilatorios Dándole color, colocándole ueno (2007, Jacobino Discos), Fobia 2007 (2007, Jacobino Discos), los volúmenes 3 y 4 de Neurotyka 2999 (2007 y 2008, Neurotyka) y Junta de vecinos (2009, Pueblo Nuevo).

A pesar de ese recorrido, José Manuel Cerda se apura en avisar que el disco que va a lanzar es el primero de su carrera, algo así como el inicio.

–¿No cuentas Hogar como primer disco?
–¡No, si ése lo hice en un mes porque necesitaba tener un respaldo! Para mí, Historial de caídas es mi primer disco. Hogar no me gusta como suena y no me interpretan mucho los sonidos, lo encuentro un poquito postrockero. Historial de caídas me representa más, tiene un sonido más actual, me parece más espontáneo y menos esquematizado.




"Hay samples de Rihanna, Nelly Furtado o David Bowie", revelaa Cerda mientras escuchamos Historial de caídas, a primera oída un disco de electrónica caleidoscópica, diverso rítmicamente, con melodías convincentes y texturas muy cuidadas.

–He tratado de usar ritmos que no se usan mucho en la electrónica, como el tres cuartos –ejemplifica–. Me interesa salir de ese esquema cuadrado. Una característica de este disco es que hay hartas voces. Las descubrí, de alguna manera, como instrumento. Me encantaría encontrar a alguien que cante, pero es difícil. Una vez hice un tema con Maria Perlita ("Bounce", lanzado en 2009), pero ella está en lo suyo y va a sacar un disco ahora.

–Sigue sonando orgánico.
–El sonido muy sintético no me gusta. Por eso uso casi puro sampler. Las líneas melódicas, que las puedes asociar a teclados, es una voz que alteré para que sonara como un teclado. Trato de evitar el sonido sintético. Esa visión científica de la electrónica, para mí, es tiempo pasado. Las cosas más interesantes de ahora vienen más del pop que de esa electrónica tipo (el músico-científico alemán) Alva Noto. Yo creo que eso ya fue, en los noventas. La electrónica para mí está en función de hacer buenas canciones.

–Les llamas canciones.
–No me interesa hacer cuestiones muy crípticas: me interesa que se entienda, comunicarme con la gente de alguna manera. No me interesa la música autista, me interesa que le vaya bien, en realidad.

–¿Y qué posibilidades ves en una escena tan precaria como la nuestra?
–Me conformaría con que me invitaran a tocar afuera, no me importa si no gano plata. Sería enfermo de ingenuo si creyera que voy a ganar plata con esto, pero de alguna manera quiero meterme, que la música llegue a la gente. No espero que la dueña de casa haga el aseo escuchando mi música, me encantaría en todo caso, porque me dan un poco de vergüenza las élites musicales, ir a un lugar y ver que usamos las mismas zapatillas. Me da un poco de pudor pertenecer a eso, aunque es inevitable.




A pesar de que pasaron cuatro años desde Hogar, Historial de caídas representa lo más fresco de la creación de El Sueño de la Casa Propia. El tema más antiguo tiene menos de un año y el más nuevo lo terminó horas antes del terremoto del 27 de febrero. "Justo ese día, la huevada cuática", reflexiona.

–Todos estos temas nacieron como me gusta que nazcan. Hay unos a los que les das vueltas, les tratas de buscar el lado, pero éstos, la mayoría, si no todos, nacieron espontáneamente, en un día. La obra gruesa, digo. El resto son detalles, arreglos. Eso me gusta, por eso esperé tanto, y quedé conforme con todos.

–Apareciste con el tema "Los muchachos" en el compilado de músicos electrónicos de la quinta región Junta de vecinos (2009), pero tu música se aleja del ambient preponderante en ese registro. ¿Crees que hay algo que identifique la electrónica hecha en Valparaíso o en Chile?
–No me interesa tratar de representar un sonido chileno, de Valparaíso, ese tipo de localismos. Eso nace espontáneamente o no, pero tratar de interpretar lo popular… para nada. Ese populismo musical no me gusta, mi música no está orientada a representar al pueblo, "el sonido del puerto" o el sonido chileno, porque puedo usar una batería de cueca como una batería de (la banda norteamericana) Shellac en una canción. Es una buena alternativa buscar sonidos nuevos que no vengan del mundo anglosajón, meter sonidos del folclor, pero no responde a un espíritu reivindicativo.




–¿De qué influencias te alimentaste para este disco?
–No soy muy de influencias y tampoco escucho mucha música. Me informo, escucho, saco el rollo pero no soy un melómano ni tampoco me gusta influenciarme, hacer algo como tal huevón. Probablemente se va a aparecer a cosas, pero no es mi intención.

–Has dicho que el nombre El Sueño de la Casa Propia no fue tan pensado, que es sólo un nombre.
–Siempre tiene, en el fondo, un sentido. Pero en primera instancia son nombres que recolecto de algún lado, frases que escuché en una conversación y que después, en la casa, les saco un significado.

Historial de caídas suena a confesión.
–Se me ocurrió más profundamente porque tenía un tema que se llamaba así, pero que no quedó en el disco. Todos los temas están compuestos en diferentes lugares, hay parejas de por medio, casas distintas donde he vivido y todos son momentos claves. Cacha que el último tema es del día del terremoto.

–En Hogar, los títulos hablan de soledad y abandono y la música es melancólica, pero lo que escucho ahora no es así.
–Hay más dinamismo. Por tocar en vivo te empiezas a dar cuenta que necesitas algo más vivo que decorativo. En la época de Hogar estaba en una nube negra, para ser sincero. No tiene mucho sentido, hay que vivir.




"Hay que vivir", dice José Manuel Cerda como inicio de una declaración de principios donde lo central es la música y lo último el trabajo, porque alguien que ha hecho de todo para sobrevivir sabe que la ocupación que puede hallar una persona que no pasó por la universidad en Chile casi siempre será indecente.

–No me gusta trabajar. Estoy en una parada de ser feliz de alguna manera, y esto me hace feliz y no me hace feliz estar encerrado en una oficina ocho o diez horas. Aunque igual tengo problemas, tengo una hija a la que pagarle el colegio, pero voy a dilatar esa situación lo más que pueda. Quiero ser feliz y siempre he buscado sentirme bien y me desesperan los lugares encerrados. Hacer música es tratar de ser feliz.

–Y por eso haces música agradable.
–No pretendo atormentar, pretendo comunicar y esto me parece mucho más revolucionario que gritar chuchadas con una guitarra distorsionada, porque eso ya fue. Hacer música agradable me parece más radical, aunque si te fijas en el disco hay su corrupción en las melodías, hay sus fisuras que hacen que no sea tan melosa. Hacer canciones no es fácil. Para mí es mucho más difícil hacer una buena canción que improvisar con ruido, que intenta sólo impactar más que conmover. Me bajo los pantalones y te impacto.

–¿Crees que lograste lo que buscabas con este disco?
–Es pretencioso, y eso lo tienen que juzgar los demás, pero lo que trato es siempre ir encontrando un camino nuevo, poco transitado, siempre estar cambiando. Me carga el inmovilismo, quizás la semana siguiente opine otra cosa, pero ir aprendiendo, avanzando. Ésta es la primera vez que me siento seguro con un trabajo, está bien hecho y me satisface. No sé si hay muchos haciendo algo parecido, no responde a estilos de moda, aunque  probablemente se parece a cosas. Quiero que suene actual pero no en una onda determinada.

–¿Historial de caídas es un disco optimista?
–Representa un estado de ánimo actual, nada más. Es la fotografía del momento, como dicen de las encuestas.

www.myspace.com/delacasapropia

 

A Valparaíso le está faltando pop

"¿Sabís lo que falta en Valparaíso?: pop", lanza  en medio de la conversación José Manuel Cerda y abre paso a un análisis sobre la música que se produce y transmite desde Valparaíso. Crítico de la mitificación del puerto y su asociación con el cantautor atormentado encarnado en figuras como Chinoy, se muestra desconfiando y analiza la actualidad musical de su ciudad.

–Me gustaría un poquito de riesgo en la escena de Valparaíso. ¿Hasta cuando vamos a reivindicar a Violeta Parra? ¿Tú crees que lo necesita? ¡En todo el mundo la conocen! ¿Cuándo van a empezar a reivindicar a los Pinochet Boys, a los Electrodomésticos, a Supersordo, a Juan Amenábar? Los cantautores son la bandera más amable que se puede mostrar, pero yo me pregunto por qué no sale un cantautor que agarre una guitarra a lo Daniel Johnston o tipo Syd Barret, que en vez de agradar tanto te dé algo más que una bonita canción. Los cantautores modernos, esos que está tan de moda, son todos hijos de Gepe, florecen a través del éxito que tuvo Gepe, pero él nace de un sustrato más experimental y los otros son más puristas. En los ochentas más lo que se luchó para destruir el Canto Nuevo para que ahora lo estemos vanagloriando… No digo que no tengan talento, son todos grandes músicos, pero hay comodidad –sentencia.

–En Valparaíso hay todo tipo de música, no sólo cantautores.
–En Valparaíso hay varias vertientes, el otro día lo estaba analizando con un amigo. Hay toda una vertiente de rockeros que suenan a los noventas, que se quedaron pegados en el rock alternativo y hasta ahí llegaron. Están los jaiveros y los cantautores. Todos tienen un sonido arcaico, aunque los conozco a todos y son amigos y buena onda. Los rockeros no se han actualizado o son muy fundamentalistas. En realidad son todos metaleros. Hasta los experimentales, son todos metaleros, ja ja ja.