Kalimarimba: algo distinto está sonando
Kalimba, marimba y familia
Fue hace una década que el percusionista argentino Piny Levalle y la bailarina chilena Claudia Campusano le pusieron nombre a esos opuestos se atraen. Ese nombre es Kalimarimba y es una palabra inventada que suena a piano de dedos pulgares como la kalimba africana y a teclado melódico como la marimba caribeña. Pero eso no fue todo: la descendencia de los Levalle-Campusano se unió progresivamente al proyecto musical y hoy en lugar de dos son diez músicos y bailarines en el grupo. Diez años de algo distinto se llama el registro audivisual que Kalimarimba está lanzando para cerrar su primer ciclo de acción. "El futuro es incierto", piensan. Pero saben también que la generación que formaron musical desde el útero seguirá adelante.

Iñigo Díaz | fotos: archivo de Piny Levalle y Claudia Campusano


La multiplicidad es un concepto que los músicos Piny Levalle y Claudia Campusano conocen bien desde todo tipo de perspectivas en su grupo llamado Kalimarimba. No es sólo en términos tímbricos. También en etáreos. El suyo es un grupo que ensaya en casa y si de pronto se confunden derecho y deber familiar, trabajo y diversión, es porque es parte del proyecto que ambos músicos conducen. Kalimarimba es una de los agrupaciones más representativas de la música de fusiones étnicas (ver recuadro) y es, de paso, un pequeño clan Von Trapp en Chile.
 
Padres e hijos o tíos y primos figuran hoy en la versión más ampliada de Kalimarimba desde que el percusionista argentino Piny Levalle unió fuerzas con la bailarina chilena Claudia Campusano, y la música les salió sola durante sus aventuras viajeras por Chile con una carga de instrumentos y vestimentas en los '90. Hoy día avanzan mucho más lejos con diez músicos en escena, bailes y ritmos, cuatro discos y una celebración hecha DVD que acaban de presentar en el gran teatro de Matucana 100. Se llama Diez años de algo distinto y es eso mismo: hace una década comenzó el trajín de Kalimarimba.
 
Tramel Levalle Campusano, por ejemplo, es el integrante más joven del grupo. Tiene doce años, pero comenzó a los tres. Y siguen otros miembros del clan de músicos que combinan las mezclas de música americana con músicas del mundo entero. Tras Claudia Campusano (primera voz, marimba y danzas) y Piny Levalle (primera voz, kalimbas y composiciones) están José Miguel Durán (guitarra), Luciano Madrid (bajo), Relmu Levalle Capusano (batería, cajón y djembé), Jorge Reyes (tumbadoras), Constanza Ruiz (coros y danzas), Fernando Madrid (voces), Daniela Villagrán (coros, teponaxtl y teotihuacana) y ese Benjamín llamado Tramel Levalle Campusano (voz, melódica y flauta).






En la época en que e Levalle practicaba su primer instrumento, la batería, se peleó con todos sus vecinos. Pero cuando descubrió la kalimba y dejó los tambores y platillos en bodega, se volvió a amigar con ellos. "La tocaba desaforadamente. Tanto así que logré darme cuenta de que la gente en el barrio estaba dejando de saludarme. Ahora reflexiono a cuántos vecinos habré dejado sin siesta", recuerda el músico argentino.
 
–En esa época  tocaba con un grupo llamado Nguillatún y compartíamos escenarios con artistas argentinos como Manolo Juárez, Chango Farías Gómez y el maestro Dino Saluzzi –agrega–. En nuestra sala de ensayo improvisamos con Eduardo y Claudio Parra de Los Jaivas, y el mismo Gabriel Parra tocaba en mi batería. Fue una época de aprendizaje y creatividad y a su vez con una fuerte carga social por la dictadura allá en Argentina.
 
–La kalimba es todo lo contrario a la batería. ¿Qué efecto te provocó como para dejar de tocarla?
Piny
: Lo recuerdo como un momento mágico. Después de incursionar en instrumentos de percusión donde la intervención de la mano era directa, como la tumbadoras o el cajón peruano, empecé a darme cuenta la cualidad del tacto directo, pero hasta ese momento era solo percusión. Un día de junio de 1986 fui a comprar unas baquetas y alcancé a ver en un estante un instrumento pequeño. Pregunté su nombre y me dijeron kalimba. Me dejaron tocarla un rato. Mi corazón empezó a latir muy fuerte. Me di cuenta de que me había enamorado de un instrumento como nunca antes. A partir de ese momento busqué al luthier, que al ver como tocaba me regaló una kalimba electrónica, un invento de él en esos días de 1987.




–¿Cuál fue la circunstancia de tu llegada a Chile?
Piny: Justamente en noviembre de 1987 en Buenos Aires me llamó Pablo Trosman, un ex integrante del grupo Urubamba, y me invitó a un proyecto nuevo para presentarlo en Río Gallegos y Tierra del Fuego. Ahí  nos vio un productor chileno y nos contrató para actuar en Punta Arenas. Me fui quedando aquí. A partir de ese momento tuvimos una gira de deciséis meses por veinte ciudades chilenas, tocando arriba de barcos, en pubs, teatros,  festivales y camiones durante la campaña del No (para el plebiscito del 5 de octubre de 1988 que derrocó a Pinochet). Fue una época donde compuse mucha música en kalimba. Tocaba como ocho horas diarias. En 1989 decidí quedarme. Creo que soy uno de los de los primeros exiliados de democracia a la dictadura. Encontré un país con oportunidades, con muy buenos músicos, muy buenos amigos y la familia.
Claudia: Cuando conocí a Piny armamos un dúo que se llamó Ecos Étnicos, con el cual representé a Chile en el Festival Mar del Jazz en Buenos Aires y Zárate. Hubo viajes, danza, escenario, amor y embarazo. 
Piny: Un día de 1989 nos llevan con ese grupo con Trosman, que se llamaba Vimanas, a Puente Alto. Actuamos en el Teatro Palermo. Allí conocí a Claudia.
Claudia: Había un hombre detrás del escenario que me miraba y alentaba mi trabajo, que entonces era actuación y danza. Quedé sorprendida de su dulzura y de su falta de ego. El ego es lo que más se ve en un escenario. Era alguien que me felicitaba… seguramente era extranjero. Fue el hombre con quien compartiría mis sueños.
Piny: Nuestro amor se fundó en el arte. Ella me enseñó el arte de la danza.
 
–¿El grupo Ecos Étnicos el antecedente de Kalimarimba?
Piny
: Con Claudia hicimos muchos conciertos. Kalimbas y danzas. Era un trabajo muy minimal y novedoso, que se llamaba "juego de sanza". La gente lo recibía sorprendida, por el sonido y la danza, por los maquillajes y los trajes. Creo que sí fue la antesala de Kalimarimba.




–Hasta ese momento Kalimarimba no existía. ¿Cómo llegó a formarse?
Piny: Creo que necesitábamos plasmar en un trabajo acústico todas las experiencias e investigaciones que habíamos hecho en Choique, Lipetrén y Maitén en Argentina, y Nueva Imperial en Chile con los hermanos mapuches. Tenía poemas anónimos y otros que me regaló gente de esos lugares, como la familia Carinau, la Nahuelquir, Carmen Nahueltripay. Otros que fui recopilando de libros antiguos de Rodolfo Casamiquela, de don Domingo Bravo, que son grandes recopiladores de antaño. Eran poemas que se trasmitieron de generación en generación, y yo quería plasmarlos en canciones. En ese momento comencé a cantar, pero no como "cantante" sino como "cantor". El cantor es un "decidor", por eso no me las doy de cantante. Tengo un profundo respeto por los que cultivan el arte de cantar.
 
–La kalimba es la primera mitad del grupo que armaron juntos. ¿Claudia se encargó de las marimbas?
Claudia
: Pero yo soy bailarina. Desde niña bailaba. A mi padre y a mi abuelo. Primero bailé folclor en una agrupación cultural y después tuve la suerte de tener clases en un taller con Joan Jara y Patricio Bunster. Bailé hasta los cinco meses de embarazo. Piny me enseñó a tomar las baquetas y todos los días trabajamos soltar muñecas.
Piny: A nivel de ejecución, la marimba está entre la batería y la kalimba, porque usa baquetas para tocar pero tiene teclas más grandes de madera, como la kalimba. La marimba es un instrumento también muy amigable, juguetón, divertido, entretenido. Los temas que hacemos con marimba provocan alegría en el público, en cambio la música de kalimba es misteriosa, tierna, dulce e infantil.
Claudia: Cuando comencé a tocar la marimba ya reconocía los sonidos por los colores de la madera. Siempre tuve buen ritmo. Por  la danza. Se puede decir que mi hijo desde el vientre me arrastró hacia la música.




–El grupo tiene a sus hijos como músicos ahora. ¿Fueron un dúo originalmente como Ecos Étnicos?
Piny
: En 1998, Miguel, cantor y hermano de Claudia se sumó al proyecto de Kalimarimba y ahí comenzó el viaje definitivo y acústico con el primer disco, en 1999 (Algo distinto). Siempre estuvieron las kalimbas, la marimba y los tambores. Desde el principio del viaje. Ahí le pusimos el nombre.
Claudia: Los niños se integraron en 1999. Un día estábamos ensayando mientras ellos jugaban en el patio de la casa. Necesitábamos unos coros y entonces comenzaron a participar. Después se fueron incorporando en las primeras presentaciones en la SCD, casi como público. Yo empecé a enseñarles técnicas vocales desde la mirada del teatro más que del canto y también hice talleres para ellos. Uno de danza afrocubana y otro de percusión colombiana. Con Piny los fines de semana los citábamos para que aprendieran percusión.
Piny: El grupo comenzó a crecer con ellos. Kalimarimba se enfrenta como un mensaje musical con altura artística del que es difícil escapar, porque cautiva y porque tiene todos los condimentos de la felicidad, del amor, de la vida intensa. Eso se da cuando existe mística y honestidad artística. Tanto es así que Relmu, que hoy tiene 17 años y toca la batería, de guagua escuchaba como ensayábamos con Claudia, y cuando teminábamos de tocar se ponía a llorar desconsoladamente. Ni el chupete lo calmaba. Era muy divertido.
 
–¿Cómo les enseñaron a tocar?
Piny: Con esa mística y honestidad artística se produce algo que yo llamo "alta expresión y motivación". Al final uno no hace nada, o hace muy poco. Uno simplemente conduce. Es verdad que cuando son niños muy pequeños hay que jugar con la música. Se le agrega la forma y se le añade medio kilo de disciplina y se va al horno para trabajar y alcanzar un dorado perfecto.
 
–En algún momento ingresan los primos y algunos amigos.
Piny: En el parrón en verano y con sopaipillas en invierno todo se traduce en la bienvenida a un trabajo agradable donde hay mucha dedicación. En este contexto hay muy poco que decir… los primos y los amigos fueron entrando al grupo casi sin darnos cuenta.




–¿Qué sonidos y qué clase de composiciones montaron en el primer disco, Algo distinto?
Claudia
: Casi fueron tomas directas. Fue una producción independiente y no nos podíamos dar el lujo de equivocarnos. Por eso el disco tiene mucha frescura. Los niños eran muy chiquitos y sus voces agudas. La mayoría de los temas eran de Piny y de mi hermano Miguel.
Piny: El disco se basaba en esas composiciones de Miguel y mías. Fue un trabajo muy acústico. Ahí nace el "Chico mestizo", el "Zumbi palmares", el "Kanan parakuchkan" y "Mamavieja". Después Kalimarimba incorpora los otros elementos de la danza, los vestuarios, el bajo o la batería.
 
–Hay muchas temáticas étnicas en los discos ¿Por qué el mundo mapuche está tan presente?
Claudia: Desde que creamos el primer espectáculo existía este viaje por América. Incluía un poema de Leonel Lienlaf y una canción al viento, "Kurruf taiel". Yo tocaba accesorios, trompe y trutruka y además recitaba. Con el tiempo fue creciendo la necesidad de estudiar y de encontrarme con el mundo mapuche. Siempre estoy haciendo preguntas cuando puedo pero sigo desconociendo muchos aspectos de las culturas originarias. Me gusta que estén presente en nuestro mensaje. Eso sí que ahora ya casi es una moda hablar de los pueblos originarios y creerse mapuche o practicar ritos que no se conocen. Para mi gusto hay mucho esnobismo ahí. Hay muchas contradicciones. En Kalimarimba queremos actuar desde el corazón, con mucho respeto.
Piny: En Algo distinto tenemos esa canción "Kurruf taiel" en mapudungun o "Kanan parakuchkan" en quechua.




–Incluso los nombres de sus propios hijos son mapuches.
Claudia
: El primero fue de mutuo acuerdo. Relmu significa "Arcoiris" en mapudungun. El segundo hijo fue una sorpresa porque todas las ecografías decían que era niñita y nos llevamos la sorpresa del varoncito (risas). Fue muy chistoso, porque no tenía nombre así que Piny y su hermano mayor eligieron Tramel, que significa "Horizonte". Todo esto es muy simple. No hay una connotación mística ni mágica detrás, simplemente es que tu nombre te da un sentido en la vida y nosotros tenemos un Arcoiris que nos ilumina con sus colores y un Horizonte que nos muestra que siempre hay algo más allá.
 
–"Chuta, se acabó el gas", "Chuta, se cayó el techo" son títulos muy de vida doméstica. ¿Se reflejaba la familia en el grupo?
Piny
: Como la marimba es divertida en sí misma, aparecieron temas que se llamaron así por las situaciones que nos pasaban, algunas cotidianas, como lo del gas. ¡Pero eso del techo fue insólito! Que se te caiga el techo del baño de tu casa y en el inodoro encuentres un gato era para contarlo en una canción.

Homenaje (2001) es el segundo disco. ¿Qué diferencias marcó con el primer trabajo?
Piny
: Homenaje es un disco profundo. Se llama así porque hicimos un homenaje a las etnias del continente y a dos íconos de la música chilena: Víctor Jara y Violeta Parra. Lo considero un trabajo hermoso, que nos dio muchas satisfacciones. Algo distinto es un disco más brillante, más fresco pero no tan pulcro como Homenaje.
Claudia: Allí se incorpora el bajo en el grupo y entonces la música ya suena más profunda.
 
–Después viene Horizontes y colores (2003). ¿Hay más cambios determinantes?
Piny: Nos dimos permisos de incorporar saxos o acordeón. Es un disco nostálgico e intenso a la vez. No creo que sean cambios determinantes, pero sí una variante sobre el mismo estilo de Kalimarimba.
Claudia: Yo siento que primero hay más canciones románticas, cosa que no nos habíamos permitido en los otros discos. Hay un nuevo guitarrista y también comienza mi participación en el canto. Nos permitimos incorporar otros instrumentos.
 
–De hecho el grupo tiene uno de los arsenales más grandes que se han visto.
Piny: Comenzamos a usar los cajones cubanos, los krank (castañuelas africanas), talking drums, y todo tipo de tambores. Con nuestros viajes fuimos incorporando esos instrumentos novedosos, como sásula europeo, el teponaxtl azteca, la tehoitiuacana maya, y los trompes y trutrucas mapuches.
Claudia: Después de esos tres discos aparecen las giras nacionales y conciertos en Suecia, Suiza y Francia. Somos un grupo maduro, con más músicos y más instrumentos, otras miradas, otros arreglos musicales, otro tripo de convivencia.
Piny: Los niños ya son jóvenes, cambiaron la voz, sus fortalezas se intensificaron, se definieron más. Hoy Kalimarimba es un grupo de diez músicos con roles paralelos: los coros también bailan o a veces "rapean", el baterista toca djembé, el cajón y el bombo.




–Con Antiguo apasionado (2007) se completa la discografía de Kalimarimba. Estamos al frente de una pequeña orquesta de tres generaciones. ¿Hay otros grupos de esta naturaleza?
Claudia
: Es maravilloso. Éste fue un gusto que nos dimos después de un largo tiempo sin grabar, porque una vez que los temas estaban muy tocados en vivo los grabamos y surge esa creatividad inspirada en la aparición de nuevos temas.
Piny: Yo no sé si será que es el último disco que hicimos y uno siempre se encanta con lo mas nuevo, pero Antiguo apasionado me parece el más elaborado y el más logrado en todos los sentidos. A nivel de composición y ejecución. La selección del repertorio es muy coherente. Habla muy bien de nuestro presente. Fuera de toda modestia creo que dejamos un disco para Chile que se recordará con mucho cariño.
 
–¿Cómo ven el futuro para el grupo? ¿Puede sobrevivir?
Piny
: Es muy difícil decirlo. Donde está el futuro… Ojalá dentro de lo próximo esté en representar a Chile en el Bicentenario con nuestro espectáculo. Pero sinceramente creo va más allá. Si hay una fortaleza en la columna vertebral de Kalimarimba es que el futuro está en estos niños y jóvenes del grupo. El futuro siempre es un misterio, pero estoy seguro de que en Chile siempre se acordarán que en la década del 2000 hubo una familia de músicos como nosotros.
Claudia: Yo siento que hay familias de músicos en el jazz y en el folclor, pero Kalimarimba es una familia que vio crecer a estos niños hasta transformarse en hombres y mujeres potentes, reflexivos, críticos, amables, cariñosos y sanadores.
 
www.kalimarimba.cl

 

Tambores: el primer instrumento de la historia

Orixangó: más de sesenta ritmos
Han aparecido como ensamble de percusiones en multitudinarios conciertos de Joe Vasconcellos y otras presentaciones de cámara del compositor y multi-intrumentista Subhira. Su nombre es uno de los ejes del circuito musical de fusiones étnicas en Chile. Originalmente exploró las percusiones tribales africanas mandingue, que tiene un cuerpo de más de 60 patrones rítmicos con su significado correspondiente y complejos modos de ejecución. Pero con el tiempo el grupo amplió sus fronteras desde el Africa Occidental para incluir sonidos originarios de Australia y redescubrir la música nativa de las culturas mapuche, aymará y quechua, con el añadido de nuevos tambores a su set: el berimbao brasileño y el darbuka egipcio.
www.myspace.com/orixango
 
Canfusión: candombe eléctrico
Una nueva formación de este grupo encabezado por el percusionista Jorge Almonacid tomó forma desde 2002, una vez que su líder concretó su traslado desde Europa a América. En 1993 había fundado en Londres este proyecto que cuenta con el disco Canyengue (1999) y cuyo nombre no puede ser más descriptivo como la cruza entre el candombe uruguayo y el jazz fusión. Por eso no extraña que además de los parches para reproducir estos ritmos Canfusión también tenga una base con guitarra (Daniel Fuentes), teclados (Cristóbal Platz), bajo (Luis Aghemio) y batería (Christopher Schonfieldt), además de un solista de la talla de Cristián Gallardo en el saxo alto. Desde esas plataformas eléctrica y acústica, Canfusión expone más que puro candombe, incorporando en sus composiciones latin jazz, latin funk y un muestrario de ritmos caribeños como el son y la rumba cubana o la plena portorriqueña.
www.canfusion.cl
 
Fractal: viaje por la cresta del mundo
Es probablemente el proyecto menos definido en una sola fuente de inspiración étnica. Fractal es como una sintesis de muchas de ellas, con variedad de timbres, diversidad de ritmos e innumerables mezclas. Desde 1998 comenzó a tomar forma a partir de los instrumentos que sus primeros integrantes trajeron de viajes por lugares tan exóticos como India, China, Turquía y Marruecos. Con el trabajo inicial de los hermanos Randall (piano), Darren (violín) e Igor Ledermann (marimba) se marca el impulso viajero, se unen otros músicos fundadores como el guitarrista José Francisco Zamorano y se suma en un instrumental pocas veces visto en escenarios locales: tabla india, darbuka turca, djembé senegalés, shekere africano, didgeridoo australiano, bowl tibetano, ney egipcio, cajón peruano, suling gambuh indonesio, flautín irlandés, duduk armenio, quena altiplánica y djura turco.
www.fractal.cl