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Los distintos modos de Diego Vergara
Tonossepia está happy
Diego Vergara es uno de los músicos y productores más prolíficos y versátiles de una nueva generación que encontró en Internet la mejor manera de hacer circular música, pensamientos y sentimientos. Ya sea como rapero en el cuarteto Colectivo Etéreo, como puntal del sello online de hip-hop y electrónica Modismo o con su proyecto personal Tonossepia, que el próximo martes presenta en vivo su nuevo disco Happy habibi, Vergara busca una identidad propia a punta de trabajo, amistad y beats. "No quiero sacar un disco y que me digan 'esto es más de lo mismo', quiero hacer cosas novedosas, o por lo menos que me identifiquen", dice.
Luis Felipe Saavedra | Fotos: Hixaga y archivo Tonossepia

"Habibi es una palabra árabe que tiene hartos significados, porque las lenguas orientales son más polisemánticas que el español. Habibi es una palabra que engloba el amor y las relaciones amorosas y puede significar pololo, polola, pololeo, amor, amistad, que alguien te guste, cualquier cosa", explica de entrada Diego Vergara, musicalmente Tonossepia, sobre el nombre del nuevo disco que está a punto de presentar en vivo: Happy habibi.
El título, por supuesto, no es al azar. Además de que pega bien happy con habibi, que hasta suena como ja ja, representa el estado emocional actual de este músico, productor y rapero: está feliz con su nueva pareja, y su disco suena así, más positivo y menos melancólico que su anterior producción, Anaís Vergara Mérida (2008, Pueblo Nuevo), una historia sobre la hija que nunca existió de su antigua relación amorosa. "Es la contraparte del disco anterior, éste es feliz. Me puse a pololear, lo he estado pasando la raja y quería ejemplificar eso en un disco y por eso el nombre", dice casi orgulloso.


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El embelesamiento amoroso no es el único tema que ha motivado a Diego Vergara. Su primer trabajo en solitario, Calor (2006, Neurotyka), era una reorganización de miles de samples de hip-hop, soul y jazz con resultados bastante calenturientos, en tanto que el segundo disco, Frío (2007, Neurotyka) consiste en composiciones propias basadas en sintetizadores y otros sonidos digitales, que por lo mismo suena menos sensual y más cerebral.
Luego vino Anaís Vergara Mérida, sobre el desgarro de un amor inconcluso, y ahora Happy habibi. Pero antes, mucho antes, cuando era un adolescente, Diego Vergara se dedicó a producir a decenas de bandas de hip-hop de amigos de Puente Alto y La Florida. Lo hacía sin conocimientos musicales y con la tecnología más precaria que podía existir: un computador con sistema operativo Windows 95 y con un procesador que hoy daría lástima.
–Un amigo me dijo que cómo podía hacer tan buena música con un computador tan malo –recuerda–. Eso te ayuda caleta, te obliga a desarrollar otros talentos. El disco de Colectivo Etéreo (su grupo de hip-hop paralelo) lo grabamos con un micrófono charcha y con un computador de esos, y tampoco suena la raja, pero igual salva. Con toda esa experiencia de trabajar en pésimas condiciones he adquirido conocimientos y ahora puedo grabar con malos equipos y que suene relativamente bien sin tener que pagar un estudio caro.
Tonossepia se ha construido a pulso y vaya que produce. Su firma está en discos de Colectivo Etéreo y de Iris, masteriza todos lo que edita su sello Modismo y tiene remezclas para Fredy Musri, Johou, Blit, Manziping, Chico Correa, Hixaga, Imaabs y Jerome & Sylvie. Además de eso y de los discos de Tonossepia, nunca para de componer bases que, en algún momento, verán la luz.
–Tengo hartas ideas. Tengo más música que la chucha. Mucha gente, cuando hace bases, les pone nombres para identificarlas, como "suave" o "bailable", por decir algo. Yo les pongo número.
–¿Y en cuál vas? –La última que hice debe ser la mil setecientos y tanto. De todo eso, imagínate que el setenta por ciento debe ser una basura, pero no deja de ser. Me gustaría, cuando tenga harto y bien organizado, empezar a trabajar en producción. Más que nada trabajar con los amigos que me gustan, como Dënver, Gepe, Dadalú o Vaskular. Si voy a producir, va a ser para mis amigos, porque son los que hacen la música que me gusta.


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Junto con el desarrollo como productor, Tonossepia ha evolucionado como músico. En su primer disco no toca una nota, es pura arquitectura digital, pero cada vez usa más instrumentos tangibles. En Happy habibi toca piano, percusiones, metalófono, flauta y guitarra.
–¿Cómo se dio ese cambio de manejar sólo softwares a tomar los instrumentos? –Ahora ocupo samples, pero no son lo fundamental de la canción. Cuando edité Calor me dije "¿cómo voy a presentar en vivo algo que fue hecho de puros samples?" A mí no me gusta pararme frente al computador y poner play, por eso me compré un controlador midi de teclado, y no tenia idea de música, entonces me compré un librito en un quiosco de "Aprenda a tocar teclado" a luca. Y nada, aprendí a hacer escalas y acordes. De ahí todo ha sido practicar solo, sin ninguna teoría, pura oreja. El nuevo disco puede decirse que es una composición completa mía, porque las canciones partieron de yo tocando el piano.
–Tus primeros discos tenían toques de jazz, de soul, eran sabrosones. Luego Anaís Vergara Mérida es más melódico y muy melancólico, pero este último es aún más melódico y mucho menos hip-hop que al principio. –Yo creo que en este disco retomé algunas cosas de jazz, porque samplié vinilos viejos, trabajé acordes un poco más cálidos, más gorditos, y traté de retomar un poco lo de la música negra. No sé, igual tengo hartas cosas de música negra, pero no me interesa sacarlas ahora porque no las veo como aporte. Me encanta la música electrónica mezclada con jazz, pero yo creo que esa onda ya pasó. También tengo cosas medio tecno, pero tampoco quiero sacarlas. No quiero sacar un disco y que me digan "esto es más de lo mismo", quiero hacer cosas más novedosas o por lo menos que me identifiquen más.
–Happy habibi está hecho en puras escalas mayores –El ochenta por ciento del disco está en Do Mayor. Ahora traté de tocarlo todo y variar más, porque una de las críticas que me habían hecho es que siempre era la misma melodía que se repetía todo el rato, que no había una progresión de acordes, como que variaba las baterías y la música era plana. Ahora traté de hacerlo al revés: no hacer una batería tan barroca y desplegar un poco más lo musical y que eso también se reflejara en los nombres, que no fueran tan complicados, ahora son una o dos palabras, algo más simple.


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Diego Vergara, además de todo lo dicho, está terminando la carrera de letras en la Universidad Católica. Pero su trabajo en solitario es puramente instrumental.
–¿No te dan ganas de incorporar lírica a tus canciones? –Me pasó una cuestión rara: yo tenía un profesor en el colegio que una vez le preguntó a los alumnos "¿alguno acá es religioso?", y varios levantaron la mano. Y el profe dijo "Los que son religiosos, por favor, no cometan el error de estudiar teología, porque cuando a uno le apasiona algo, estudiarlo con método científico hace perder el gusto". A mí me pasó eso y me di cuenta cuando estaba como en la mitad de mi carrera, que perdí un poco la fe en las palabras. Como que de tanto estudiar la palabra uno pierde un poco la fe, y para mí todo termina siendo un bla bla bla. Estoy tratando de desprenderme un poco de la palabra, sin dejarla de lado, porque las canciones se podrían llamar "Sin título" todas, pero siendo más simple y tratando de equilibrar la palabra con la música. (El escritor y dramaturgo francés) Antonin Artaud decía que había que despegarse del logocentrismo, de la primacía de la palabra, de que Hamlet está con la calavera recitando un monólogo de tres horas. (Artaud) decía que había que liberarse, bailar, jugar con las luces y también decir palabras, no eliminarlas, pero sí equilibrarlas más con el movimiento, y eso lo trato de homologar con la música. Si bien es cierto no elimino la palabra, porque las canciones tienen título, trato de desarrollar más lo musical que lo logocéntrico.
–¿Cómo se nombran las canciones instrumentales? En Happy habibi hay una que se llama "Tu lado de la cama", otra "Mi lado de la cama", "Canción de los primeros pigmentos" o "Parlante al curry". –Como los discos anteriores son instrumentales pensé que podía equilibrarlas poniendo un nombre interesante a la canción, que explicara lo que quise hacer. Entonces tuve el problema de que hice nombres como medio complejos, muy largos, y yo creo que esa era la función para equilibrar que una canción fuera instrumental pero que no dejara tan de lado las palabras. Ahora estoy tratando de hacer cosas más simples, y también se nota en la música. Los discos anteriores estaban llenos de quiebres, sonidos locos, más procesados, y este nuevo disco tiene un poco de eso, pero es bastante simple.


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Donde sí desarrolla la palabra, pero bajo el nombre de Prospegto Arkano, es en el cuarteto de hip-hop "nerdcore" (como ellos denominan su estilo) Colectivo Etéreo, que hace un par de años sorprendió a todos con su disco debut Ijniaaaa (2007, Neurotyka), un compendio de frustraciones, sufrimientos y descoordinaciones de cuatro jóvenes-adolescentes del Santiago actual. En ese disco Diego Vergara compuso toda la música como Tonossepia y se mandó las rimas más autodestructivas y lloronas escondido en el nombre de Prospegto Arkano. Ahora, los Colectivo Etéreo preparan su segundo trabajo, que debería aparecer este año.
–Su disco debut era un choque con el mundo, de seres conflictuados, solitarios ante un mundo cruel. ¿El segundo disco va a ser igual? –Sigue habiendo el choque social, eso no va a desaparecer, porque si no hubiera choque social no habría canciones. Pero sí creo que las canciones son desde una postura un poco más estable, más independiente como persona, y de abordar cómo nos estamos parando dentro del mundo, pero sin miedo, aceptándose. Como "ya, soy nerd, pero me voy a tomar un copete y voy a tirar la talla y me voy a burlar de la rubia flaca", porque antes no nos pescaba la rubia flaca y ahora decimos "bah, no estoy ni ahí con ella, yo uso lentes, me gusta la gente que le gusta la música y la literatura". Es aceptarse y saberse parte de un grupo. El disco anterior era como de sentirse distinto, el otro, y ahora las letras siguen con un componente medio nerd pero más integrado. Si antes era nerd y me costaba relacionarme con la gente, ahora he conocido harto nerd y lo paso bacán siendo nerd, aceptándome.
–¿Ayudó en esa aceptación el hecho de que el disco fuera muy bien recibido, y que gente que los escuchó se identificó con sus experiencias? –Eso es fundamental. Antes hacíamos canciones, íbamos a tocatas de raperos y no nos pescaban, nos hueveaban, y ahora no. Ahora la gente se acerca, postean cosas en blogs, y eso mismo ayuda a sentirte parte de algo.
–Efectivamente el disco sirvió como terapia personal y grupal. –Sí.


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Hace un año, Tonossepia organizó y lanzó a Internet el sello Modismo, que bajo el lema "a veces jijo, a veces robok", algo así como la mezcla entre hip-hop y electrónica, ya cuenta con seis discos editados (ver recuadro).
–Has editado discos por los sellos Neurotyka y Pueblo Nuevo. ¿Cuál fue la necesidad de formar Modismo? –Quería hacer algo con más identidad. La mayoría de la música que escucho o los sellos que me gustan tienen una identidad, y eso no existe en Neurotyka. Me gusta la música de Neurotyka, pero está Tiei, Julia Rose, Colectivo Etéreo, Johou, Fernando Milagros, y aparte no todos somos amigos. No es como una identidad, yo no voy a carretear con los de Johou. En Pueblo Nuevo está la cosa que es música electrónica y muchos somos amigos, pero también hay tanta gente que no se conocen, o se llevan mal, y los discos son súper dispares: cosas electroacústicas, ruidistas, electro poperos, minimal tecno, entonces igual no hay una identidad. No digo que eso sea malo, a mí me gusta caleta, soy fanático de Pueblo Nuevo, pero yo quería hacer algo con identidad. A mi me gusta el hip-hop y la electrónica y quería hacer una comunidad de poca gente que hiciera música más o menos parecida, o por lo menos que partiera de la misma estética, porque no todas las canciones son iguales, pero que tuvieran un eje central, una piedra angular que sea la música negra y la electrónica.
–¿Como hiciste la selección? –Es que todos nos conocíamos, y otra de las razones porque armé Modismo es que había buena música que no estaba siendo editada, a veces porque no le gustaba a los sellos o a veces porque es engorroso, tienes que preocuparte de muchas cosas, entonces no puedes sacar los discos que quieres con la velocidad que te gustaría. El problema es que igual con la electrónica, o en cualquier otro estilo, hoy puedes hacer música rápido y constantemente. Haces un tema hoy y mañana puede sonar obsoleto, entonces yo creo que es necesario estar sacando la música, que se escuche lo que estás haciendo ahora.
–¿No se plantearon hacer algo con identidad local en Modismo? –Hay poca música electrónica que tenga identidad marcada chilena. Son contados, o sea, Mika Martini, Lluvia Ácida y un par más, pero no creo que sea el punto esencial de la música electrónica, que tiene esa espada de doble filo porque es instrumental. Eso es bueno y es malo: es malo porque puedes hacer un tema que suena como si lo hubiera hecho un alemán o un inglés; y es bueno porque tampoco es la visión de toda la música, porque a mi me encanta la música chilena y la en español, pero no es mi idea samplear una cueca. Me interesa que mi música tenga mi identidad, no necesariamente la de Chile o de mi territorio: me interesa que me represente a mí y los estados de ánimo que estoy viviendo, que pueden ser los mismos de un loco de Etiopía o Sierra Leona. Si hablamos de que la música electrónica no tiene necesariamente acá una identidad netamente chilena, hago el contrapunto de que hay música electrónica chilena que es re buena, y se está volviendo la mirada harto hacia Chile, se está hablando harto de lo que están haciendo los chilenos, que no tienen que envidiarle nada nadie. Los netlabels son fundamentales en esto, porque la música se distribuye fácil, rápido y gratis. Qué mejor.
–¿Cómo vas a presentar Happy habibi en vivo? –En el concierto voy a tocar con el Vaskular (DJ de Colectivo Etéreo) y Edén Carrasco (saxofonista de Akinetón retard, entre decenas de proyectos). Me gusta la música electrónica en la que se ve que alguien está tocando. Con la electrónica es difícil porque no puedes hacer la canciones desde cero, como en una banda, porque lo hiciste solo con una gran cantidad de elementos que es imposible manipularlos solo, pero llevar eso a en vivo es un desafío, y me gusta la gente que se toma ese desafío de interpretar su música electrónica en vivo. Yo rescato harto y valoro la gente que se atreve a hacer cosas interesantes en vivo.
Tonossepia presenta en vivo Happy habibi en el ciclo de conciertos Noa Noa, en una jornada en la que también Blit lanza Sano y salvo, el próximo martes 28 de abril en el Bar Constitución de Bellavista. Más información en www.noanoa.cl
www.myspace.com/tonossepia

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Tres Modismos para descargar
En un año, Modismo ha editado discos compilatorios y trabajos de Groove Niño, DLA, Blit y Rolancho. Ya están listos y a punto de lanzarse lo nuevo de Tonossepia y Blit, y en los próximos meses aparecerá otro compilado con los artistas del sello y lo nuevo de la porteña Alisu. A continuación, Diego Vergara desmenuza tres discos de Modismo.
AM, del músico serenense DLA. –Ese disco es el mejor ejemplo de lo que queremos hacer en Modismo: no es ni ultra rapero ni ultra electrónico. Abarca muchas cosas, porque tiene sintetizadores, guitarras medio folk, y DLA aplicó técnicas de la electroacústica. Tiene de todo un poco, es hip-hop y electrónica, pero el origen de las canciones, la instrumentación, es súper rico, y eso es súper valorable, porque ahora escuchas discos y todas las canciones son iguales, con la misma batería o el mismo teclado, pero AM tiene hartas sonoridades distintas que suenan bien juntas.
Sano y salvo, de Blit, también integrante del cuarteto Picnic Kibun. –Es un disco súper piteado, porque tiene cosas acústicas, temas cortitos. Blit tocó varios instrumentos y los sampleó, trabaja con melódicas, metalófono, y eso es súper bueno para alejarse del cliché de que la electrónica es plástica, aprietas play y se hace la canción. Denota que hay un trabajo, que tocó los instrumentos y los grabó, no es que hizo una secuencia, puso dos ruidos, una batería plástica y chao. Es súper valorable que ocupe harta instrumentación y que la electrónica no es solamente el sintetizador, sino todo un mundo súper amplio.
Leche derramada, de Groove Niño –Me pateó el cerebro. Fue raro, porque el Groove Niño no hacia esa música, y un día hicimos una tocata en un bar súper piola de Valpo (el Café Epif) y pusimos a Groove Niño para que tocara antes de mí, porque la música que conocíamos de él era súper piola y yo iba a hacer una cosa un poquito más rapera. Y de repente empieza a hacer unas cuestiones con reggaetón y pensé "este loco me va a cagar, cuando empiece a tocar yo se va a ir todo el público". Es divertido verlo en vivo, porque toca con un sampler que programó él mismo, y lo ocupa con un (procesador de sonido) Kaoss Pad vía midi, entonces tira los samplers, los quiebra, arma los temas como si fuera una pura canción. Es entretenido porque de repente tira un reggaetón, un sampler rapero o electrónico y todo lo truquea y lanza ahí mismo. Tú ves cuando aprieta el botón y sale el sonido.
Los discos de se pueden descargar desde www.modismo.net
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