José Miguel Candela, el compositor y la pasión
Prende Candela
Prolífico, político, versátil y apasionado, a sus 40 años José Miguel Candela ha compuesto música electroacústica, tocado rock experimental en Cangrejo y trabajado para cine, danza y teatro. Fundador de la Comunidad Electroacústica de Chile, agrupación responsable de revivir en el país esta manera de crear y escuchar música, Candela tiene un pie en la música popular, y muestra claridad conceptual sobre sus obras y conciencia histórica en sus inspiraciones. Entre ellas conviven poetas chilenos, el Premio Nacional de Música Gustavo Becerra, el presidente Salvador Allende y Lao Tse, el autor del Tao Te King, libro que en el disco TTK comenta sonoramente acompañado del saxofón del maestro cubano Miguel Villafruela.

Luis Felipe Saavedra | fotos: Natalia Dintrans, Greta Estevez y archivo de José Miguel Candela


José Miguel Candela hace muchas cosas a la vez y su larga cabellera parece no despeinarse. Enseña composición en la Escuela de Música de la Universidad Arcis, espacializa en vivo música electroacústica para la coreografía de danza contemporánea "Magnificar", prepara otra obra de pronto entreno en el Teatro de la Universidad Católica sobre Pedro de Valdivia, está a punto de estrenar un ciclo de piezas inspiradas en Salvador Allende y dice que quiere formar un power trío.

Pero todo se lo toma con calma, lo reflexiona, desde su trabajo con el conjunto de rock experimental Cangrejo a inicios de los años '90 hasta su más reciente lanzamiento: TTK, 81 micropiezas para saxofón y electroacústica (2008, Pueblo Nuevo), un disco en colaboración con el saxofonista cubano Miguel Villafruela basado en el libro más importante para la filosofía taoísta, el Tao Te King, escrito por el sabio Lao Tse seiscientos años antes de Cristo.






TTK comprende 81 micropiezas para electroacústica y saxofón soprano, alto, tenor y barítono, de una duración de un minuto en promedio, que funcionan como comentarios al mismo número de epigramas (breves y precisos textos poéticos) que contiene el Tao Te King. El autor recomienda escucharlo con audífonos y leyendo los textos que aparecen en el librito del CD, y una de sus gracias es que se pueden escuchar aleatoriamente, lo que permite muchísimas  combinaciones. Candela comenzó a dar forma a esta obra en 2002, pero recién el año pasado la estrenó en vivo en la Sala SCD Bellavista, acompañado desde un comienzo por el saxofonista cubano residente en Chile Miguel Villafruela, reconocido como uno de los mejores intérpretes de saxofones en Latinoamérica e impulsor definitivo del estudio del instrumento en el continente.

–¿Cómo conociste y te interesaste en el Tao Te King y llegaste a componer una obra inspirada en él?
–Siempre tuve el libro, me llegó por un regalo. Hay un viejo dicho que dice que las palabras llegan a los oídos que quieren escucharlas. Por mucho tiempo lo hojeaba y no me hacía mucho sentido; fue una etapa muy marxista mía además, entonces andaba en búsqueda de otras cosas. Pero me acuerdo que el 2000 me lo llevé a un verano, en un entorno muy natural, y ahí me hizo clic. De ahí para adelante lo releí una veintena de veces.

–Soporta mil lecturas.
–Son libros de una sabiduría muy potente, son muy sintéticos. Cada uno de los epigramas es como para estar masticándolo un buen rato, podrías estar leyendo un epigrama por semanas y tratar de entenderlo. Mientras lo iba leyendo me fui imaginando que esto podría tener una contraparte sonora o, más bien, a mí me daban ganas de hacer comentarios sonoros: ver lo que a mí me pasaba sonoramente. La necesidad creativa inicial de a poco fue aterrizándose en decisiones concretas que tuvieron que ver con cuestiones de producción. Por ejemplo, la decisión de hacerlo con saxo. Tenía la necesidad de que fuera un instrumento y electroacústica, pero no estaba seguro cuál. Me interesaba la metáfora del monje tocando la flauta, pero por otro lado a Miguel (Villafruela) lo conocía hace un tiempo. El saxofón fue construido en el siglo veinte, es más contemporáneo, da la sensación de que tiene que ver con nuestra realidad, con nuestra urbanidad, entonces me gustaba esa doble lectura: la vieja del monje taoísta y esta nueva lectura con la electroacústica y con el saxofón, que es un instrumento moderno.

–¿Cómo fue el proceso de llevar los epigramas, con esa sabiduría tan compleja y tan vasta, a cada una de las micropiezas? ¿Qué relación tienen las obras con las palabras?
–En estricto rigor me abstuve de hacer interpretaciones musicales de los epigramas, porque eso me parecía de una inmensidad inabarcable. No me siento con la capacidad de hacer algo así, creo que es un libro demasiado grande como para hacer un parangón musical, y el acto de hacer una interpretación musical me parecía altanero, no me sentía cómodo con esa situación. Lo que hice fue pequeños comentarios musicales en base a ciertas cuestiones que me inspiraron de cada uno de los epigramas. Entonces esas ciertas cosas las coloqué como comentarios en cada una de las piezas. En el disco aparece, en cada track correspondiente, un pequeño comentario, que es un fragmento del epigrama o un pequeño comentario mío sobre ese epigrama, o con una pequeña dedicatoria, en algunos casos.

–¿Cómo resultó el trabajo con Miguel Villafruela?
–Miguel es un gran motivador para todos nosotros, para todos los compositores. Desde que llegó a Chile la cantidad de obras que se han hecho para saxofón ha crecido de una manera increíble, porque él le anda pidiendo a todos nosotros "compón para saxofón, que yo te lo toco". Y dan ganas que lo toque Miguel, porque es un saxofonista fuera de serie, excepcional. Imagínate que antes de la llegada de Miguel Villafruela no existía la cátedra de saxofón serio en ninguna universidad. Él la fundó, primero en la Universidad de Chile y luego en la Universidad Católica. Entonces, el estudio serio de saxofón en Chile, de saxofón de concierto, es antes de Miguel Villafruela y después de Miguel Villafruela. Es un lujo tenerlo como intérprete.

–¿Tú escribiste las líneas de saxo o Villafruela las propuso? ¿De qué se trataron las conversaciones, los acuerdos, entre ambos?
–Yo las escribí. Yo quería que la partitura le fuese muy cómoda a Miguel, que le calzara como anillo al dedo. Con las proposiciones que yo traía, como Miguel es un intérprete tan versátil, las hacía de una, tal cual como yo me las imaginaba, así que yo feliz. En el asunto de los multifónicos (técnica que permite hacer sonar simultáneamente dos o más notas con un solo instrumento) tuvimos que conversar más, porque son técnicas más complejas. Me interesaba que se sintiera cómodo, así que muchos multifónicos los cambié, porque no estaba nada preocupado de las notas que sonaban en el acorde, sino que más bien me interesaba el color del multifónico. Me interesaba el asunto timbrístico, no de las alturas.




Paralelamente a la labor docente y de composición, José Miguel Candela ha desarrollado un intenso trabajo en la difusión de la música electroacústica chilena, iniciada hace más de cincuenta años en nuestro país por los compositores León Schidlowsky (autor de la obra "Nacimiento"), Juan Amenábar ("Peces") y José Vicente Asuar ("Dúo concreto"). Pero a pesar de ser Chile uno de los primeros países latinoamericanos en trabajar con medios electrónicos para música de concierto, y de contar con figuras internacionales aún activas como Gabriel Brncic o Gustavo Becerra, tras el golpe de Estado de 1973 esta manera de crear música vivió un periodo de silencio que recién en 2000 comenzó a revertirse con la creación de la Comunidad Electroacústica Chilena (Cech), un grupo de compositores cuya misión es revitalizar y difundir la electroacústica chilena y expandirla hacia el mundo.

José Miguel Candela fue uno de los fundadores y coordinador general hasta 2006 de la Cech, entidad que ha organizado las ocho ediciones del Festival Internacional de Música Electroacústica de Santiago, Ai-Maako, un encuentro que en pocos años se ha posicionado como uno de los más completos y de mejor nivel de Latinoamérica, con su consecuente beneficio para los compositores y públicos locales. Todos esos esfuerzos se vieron premiados con la edición del triple disco 50 años de música electroacústica en Chile1956–2006 (Pueblo Nuevo / Laim / Cech), la más valiosa recopilación de la historia de esta música en nuestro país, curada por el compositor Federico Schumacher, que en 2007 obtuvo el Premio a mejor compilación en el festival de música electrónica francés Qwartz.

Lo llamativo es que tanto el disco premiado como TTK y Gustavo Becerra-Schmidt: Obra electroacústica (2008), del Premio Nacional de Música 1971 Gustavo Becerra-Schmidt, han sido editados por Pueblo Nuevo, sello online que en su catálogo comprende también música de baile y experimentos de diversa índole: misma apertura que se expresa en la Cech. "Una de las gracias de la Cech es que la gran mayoría de los compositores vinculados a ella, si bien es cierto están relacionados con la academia, no están amarrados a ella. Entonces, la música de concierto es algo que nos atrae mucho, pero no es la única música que nos atrae”, manifiesta Candela.

–El área de la música popular me vitaliza mucho más en ocasiones que la música de concierto –continúa–. Pero la música de concierto me ha permitido una serie de desarrollos intelectuales, emocionales, espirituales incluso, que la música pop no me ha permitido. Entonces siento que hay una complementariedad ahí, en mi caso súper desprejuiciada, e intuyo que en la gran mayoría de los miembros de la Cech también la hay, a diferencia de mucha gente vinculada a la academia, que piensa que la música popular es un peldaño menor dentro del desarrollo musical, algo que a mí me parece absurdo. Y por el otro lado, la gente de la música popular a veces piensa que la música académica se tiene que escuchar con el cerebro en las manos, lo que también me parece una exageración. Yo no me siento con prejuicios hacia ninguno de los dos lados.

–La Cech le ha mostrado la electroacústica a gente que no estaba acostumbrada a asistir a conciertos donde nadie toca, como es el caso de la música acusmática.
–Cuando hicimos los primeros festivales Ai-Maako la gente llegaba pensando que era un festival de música tecno y se sentaban y cachaban que no era tecno, pero venían por una motivación timbrística, porque finalmente la gente que escucha tecno va porque quiere bailar y porque los timbres le llaman la atención, y el material sonoro que trabajamos nosotros es muy cercano, son primos hermanos. Escuchaban estas cuestiones y se empezaban a quedar y volvían a los otros conciertos y así se empezó a haber un público para el Ai-Maako.




–¿Como miras el futuro de la electroacústica en Chile?
–Soy súper optimista, lo veo feliz para adelante. No había nada y se han construido cosas con mucho esfuerzo, con mucha dedicación, con la ayuda de los fondos estatales por supuesto, es imprescindible eso. Hay otro tipo de música que puede tener apoyos mixtos, con auspicios, pero este tipo de música requiere del apoyo del Estado, no hay otra.

–Eso es en todas partes del mundo.
–O es por el Estado o por universidades que se autosustentan. Es que es una música de propuesta, es precisamente jugar a lo que el público no espera escuchar. En cambio la otra música, la música lucrativa, es música que la gente ya ha escuchado y que espera volver a escuchar, que va y paga 30 ó 40 mil pesos por una entrada, independientemente de la calidad. Puede ser muy buena esa música.

–Sobre eso mismo, ¿qué opinas de la propuesta de Sebastián Piñera de someter a votación popular los fondos de cultura?
–Terrible. Hay dos cosas que me aterraron de lo que leí. Lo primero es que Piñera, desde una perspectiva súper altanera y con mucha ignorancia, habla de los especialistas como si todos fueran militantes de partidos políticos y corriera el cuoteo. Yo nunca he sido jurado, pero los conozco a todos y pongo las manos al fuego porque la gran mayoría de ellos, no puedo decir por todos, no toman sus determinaciones por cuoteos políticos, no pasa por ahí la cuestión. Efectivamente las decisiones pasan por temas artísticos. No en vano el festival Ai-Maako ha sido financiado por el Estado y no veo por dónde puede haber ahí un cuoteo político en la música electroacústica. Y segundo, la propuesta me parece aterradora, porque si a la gente le dan la posibilidad de votar por proyectos artísticos a desarrollarse, van a votar por lo conocido, no por lo que no conocen, y en el arte lo que precisamente requiere financiamiento estatal es lo no conocido, porque son iniciativas de exploración. (La idea de Piñera) no se va a llevar a cabo, me parece una ridiculez, porque todo el mundo se va a oponer a eso, pero en una hipótesis como esa, lo que va a suceder es que el que ya obtiene el beneficio del público por el lucro (porque compran discos, van a sus conciertos), insisto que independientemente de su calidad, que es otro tema, van a obtener un doble apoyo. Y aquellos que no reciben financiamiento porque no pueden vender su música, entonces tampoco van a recibir el apoyo del Estado. Es una ridiculez por donde se la mire.




La música para otras disciplinas artísticas está también entre los oficios en que se ha especializado José Miguel Candela. Ha musicalizado cortometrajes del cineasta Edgardo Viereck, innumerables obras coreográficas, y forma parte de la compañía de Teatro La Vitrina, con quienes el año pasado estuvo girando por el país con la obra "Carne de cañón": música que compuso con su ex banda, Cangrejo, y que ahora interpreta con otros integrantes bajo el nombre de Tipo Centolla, en formato de rock.

–¿Cómo afrontas la creación musical para otra disciplinas?
–No hay una manera, depende mucho del proyecto. En general hay una primera disposición, que es la que les enseño a mis alumnos de (la cátedra) Música e imagen, que es la predisposición de ponerse al servicio de… Cuando uno compone sus propios proyectos se pone al servicio de ese proyecto. Puedo estar al servicio de las miniaturas electroacústicas de TTK, pero si estoy trabajando con (el coreógrafo) Nelson Avilés estoy al servicio de su creatividad. Y a su vez, a Nelson Avilés le interesa  que las personas con las que está trabajando desarrollen lo más posible sus potencialidades para que su proyecto sea lo mejor posible. Ahí, las decisiones tozudas y cerradas llevan a las peores soluciones. Él da los lineamientos iniciales y en torno a eso yo le propongo posibles caminos a seguir, los vamos probando, vemos qué sirve y qué no. Te pongo como ejemplo la danza porque es lo que más he hecho, pero es el mismo criterio para el cine y para el teatro.

–¿Te satisface componer música para otras disciplinas?
–Me satisface componer música. No distingo mucho si es música para una disciplina u otra. Tampoco me interesa mucho qué tipo de música vaya a hacer, me siento libre de tomar elementos lingüísticos de donde sea porque me siento un músico libre, con la posibilidad de elegir entre elementos de mis raíces originarias, del rock, del jazz, de la música contemporánea, de la herencia europea occidental, judeocristiana. Todo eso lo he heredado como sudamericano. No distingo mucho, lo que me importa es que me apasione lo que voy a hacer.

–¿Cómo se encuentra esa pasión para componer?
–Es que la pasión, más que resultante musical, me interesa como proceso. Las personas que escuchan los resultados musicales de los compositores escuchan treinta minutos, pero esos treinta minutos de música significaron para el compositor dos años de vida. A mí lo que me interesa es que esos dos años de vida sean dos años vividos apasionadamente con respecto a ese proyecto, independientemente de que el resultado sea austero en cuanto a, por ejemplo, manejo de emotividades estándares. Me interesa como compositor que esos dos años me levante en la mañana, me meta al estudio y pueda trabajar hasta las ocho de la tarde sin parar porque estoy feliz haciendo eso. Esa ha sido la norma, he tenido la suerte de trabajar en puros proyectos que me apasionan, con gente de una calidad humana y artística impresionante.




Si de pasión se trata, cuando José Miguel Candela se refiere a Gustavo Becerra, uno de los más grandes compositores chilenos, sus ojos se iluminan. Lo vio por primera vez en 1985 cuando el maestro vino a Chile desde Alemania, donde vive desde el golpe de Estado de 1973, para dictar unas charlas en la Universidad de Chile. El siguiente encuentro, el definitorio, tuvo lugar en 1993, durante un curso dictado por Becerra en la Universidad Católica.

–Pude conocerlo como ser humano y como maestro y quedé alucinado, sorprendidísimo y sobre todo muy identificado con su postura como artista. Yo me sentía bastante solo en esto de tener una diversidad cultural para abordar cualquier cosa, música popular o música de concierto, y Gustavo Becerra es un poco eso pero con la genialidad de un Mozart, porque es uno de los compositores que más ha compuesto en la historia de la música chilena. Es una bala y todavía compone como cañón, y muy bien. Me encariñé mucho con él por todas estas cosas que te digo.

Luego de ese encuentro, entre Candela y Becerra comenzó una relación epistolar de la era de Internet: gracias a softwares de notación musical, Candela le enviaba por e-mail partituras que luego Becerra comentaba y así el discípulo se nutrió de la sabiduría del maestro, en una relación que aún se mantiene.

–Becerra para mí es mi maestro. Le tengo un cariño y una admiración profunda. Podría estar hablando días de Becerra, pero para hacer el cuento corto, ha significado un antes y un después en mi carrera como músico, y me atrevo a decir que si no lo hubiera conocido no habría sido compositor. Así de fuerte su influencia.

En sincero homenaje, una de las micropiezas de TTK, la número 71, Candela la dedicó a Gustavo Becerra, con el epigrama que dice "Saber que uno no sabe, eso es sabiduría".




Uno de los últimos proyectos de José Miguel Candela, que espera estrenar en el mes de mayo, es el ciclo Salvador Allende Gossens: ocho piezas para un instrumento y electroacústica, ya sea guitarra eléctrica, batería, intérprete corporal (un bailarín que por medio de sensores activará sonidos), voz humana o auditor, junto a un archivo descargable desde una página web o en el mismo disco, que permitirá al auditor crear su propia obra.

A grandes rasgos, la idea de Candela con este trabajo es hacer un recorrido desde los instrumentos que requieren de estudio hasta los propios del hombre, como el baile o la voz. Un camino democratizador de la música, como intentaron hacer en el período previo y durante la Unidad Popular músicos de la Nueva Canción Chilena y compositores como Cirilo Vila, Luis Advis o el mismo Gustavo Becerra. Las ocho piezas abarcan desde  el periodo clásico-romántico, con obras en forma sonata, rondó y ópera; pasan por la explosión de los medios radiofónicos con extractos de discursos de Allende, Che Guevara o Lenin; para terminar con formas abiertas de duraciones indefinidas, todas  con una contraparte escrita que de cuenta del pensamiento de Allende.

–El ciclo Salvador Allende Gossens nace por una necesidad similar a la del Tao Te King, en el sentido de que es algo que me conmueve mucho, me apasiona y me hace mucho sentido en cómo yo veo mi vida, una cuestión muy personal. El Tao Te King representa mi búsqueda espiritual y Allende representa mi búsqueda política. Siempre me he sentido un marxista. Allende me parece un ser ejemplar por cómo fue abnegadamente educando al país en torno a su manera de ver esta vía chilena hacia el socialismo y creando fe en mucha gente para apoyarlo; él generaba mucha confianza porque era un ser humano extraordinario. Parte de esa admiración es por lo que hizo en la Unidad Popular, que me parece uno de los gobiernos más románticos que ha querido echar adelante a este país. Para qué hablar de la actitud que tomó el 11 de septiembre de 1973. Son contadas las personas en la historia del mundo que hacen un gesto de amor tan bello y tan terrible como lo que él hizo. O sea, qué más que admiración puede generar una persona con esa clarividencia, con esa claridad respecto de los procesos históricos y con la claridad con la que él iba a quedar en la historia. Él es un ejemplo para todos nosotros, un ejemplo moral, un ejemplo ético. Como ves, el tema me apasiona, entonces el meterme a hacer un homenaje para mi fue nuevamente una excusa para ser feliz.

En lo que queda del año, José Miguel Candela participará en el disco colaborativo del colectivo North South, integrado por compositores latinoamericanos y noreuropeos, consistente en que cada uno de los participantes registrará su entorno sonoro –Candela aportará con bailes de chinos, del norte de nuestro país–, de manera de que los otros puedan usarlo en sus propias obras. Pero además de eso, y de su trabajo para teatro y danza, se propuso este año volver a roquear.

–Tengo muchas ganar de armar un power trío, hace mucho rato que lo quiero hacer. En mi mente no tengo algo muy experimental, aunque quizás el resultado sonoro pueda sonar experimental para alguna gente. De lo que tengo ganas es hacer rock, hacer rock político. Tengo ganas de opinar dentro de la palestra de la música popular respecto a cierto tipo de cuestiones que tienen que ver con cómo yo sueño mi país desde el punto de vista de los textos, y desde el punto de vista del contenido musical me interesa que sea un sonido muy potente, que acompañe un poco cómo yo me imagino que van a ser los textos, porque mi sueño de país está muy distante de lo que estamos viendo ahora. A ver si este año tenemos las pilas para terminarlo con un power trío y repertorio sonando.

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Inmortalidad de Cangrejo

Iniciado en 1992 e integrado en un principio por la vocalista y pianista Cecilia García y Candela en bajo y guitarra, al poco tiempo se unieron el percusionista Miguel Salgado, el baterista Mauricio Molina, el guitarrista eléctrico Juan Valladares y el tecladista David Miranda. A menudo, Cangrejo tomó textos de poetas chilenos como punto inicial para realizar improvisación libres y rock experimental. Editaron el casete Cangrejo (1996) y los discos Paréntesis (2002) y Carne de cañón (2003) para la obra teatral del mismo nombre.

–Al principio nos dedicábamos mucho a la música en vivo, no le encontrábamos mucho sentido a grabar, y era más difícil hacerlo antes, sobre todo para la música como la nuestra, que era bastante experimental. Nuestro primer disco se llama Paréntesis porque nos remitimos a la forma canción y cada tema es un paréntesis de distintas exploraciones que habíamos hecho antes desde el punto de vista de la improvisación llevada al formato canción. Pero en el caset previo a eso, Cangrejo, en el lado A tenía una obra que se llama "Cangrejo de Rokha" que duraba treinta minutos y que en un sesenta por ciento es improvisación libre musicalizando varios textos de Pablo de Rokha.

–Improvisación inspirada en la fusión de jazz y rock, progresiva.
–La improvisación era sin ningún tipo de límites estilísticos. Incluso, con la picardía de combinar los elementos estilísticos que quisiéramos. Entonces no nos planteamos la improvisación libre como una búsqueda de la improvisación en sí misma, sino que como "veamos qué encontramos y hagámoslo muy desprejuiciadamente". Me acuerdo que en los primeros ejercicios de improvisación nos cambiábamos los instrumentos para tratar de evitar esta automatización del instrumentista que es adquirida producto de los años de estudio, de practicar escalas, qué se yo.

–¿A qué extremos llegaron?
–Estuvimos dos años exclusivamente improvisando antes de hacer el primer concierto. Fueron dos años en que nos juntábamos, enchufábamos los instrumentos, ¡ni siquiera afinábamos! Así de descarada la cuestión, y nos poníamos a improvisar sin ponernos de acuerdo en nada. Eso si, poníamos REC en una casetera y grabábamos, parábamos para dar vuelta el caset y seguíamos.

¿Con qué grupo local sentían relación musical?
–Lo más parecido a nuestra búsqueda, desde el punto de partida y no en los resultados sonoros, que eran sumamente distintos, era Agrupación Ciudadanos. Éramos muy cercanos a eso, y yo me sentía muy identificado con el primer período de Los Jaivas.

–¿Y de afuera?
–Nos interesaba mucha música pero no nos influyó directamente en lo que hacíamos, no por lo menos concientemente. Todos éramos y seguimos siendo muy hinchas de King Crimson y de Luis Alberto Spinetta. Conocimos la onda de los grupos canterburianos (Magma, Univers Zero, Gong, entre otros) después de hacer Cangrejo y notamos que había varios puntos en común. Los conocimos porque (el escritor) Fabio Salas había escrito una vez que nuestra música se parecía mucho a eso y dijimos "mira qué interesante", y nos dimos cuenta de que había varios puntos en común, pero fueron búsquedas que por casualidad se encontraron, no me siento influido por ellos para nada.

Cangrejo se disolvió en 2005, pero no muere: su último disco, Carne de cañón, para la obra teatral del mismo nombre, lo ha seguido interpretando en vivo Candela con Cecilia García junto a otros integrantes bajo el nombre Tipo Centolla, quienes no descartan crear nuevo repertorio.

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