Alejandro Paz Tecno, huayno y sonidos genéricos Su nombre es como el de cualquier vecino, su grupo se llama Genéricos como los medicamentos sin nombre y el disco que editó el año pasado es Presets, como los sonidos que vienen predeterminados en los instrumentos electrónicos. Todo eso como una renuncia al concepto de originalidad en la música y a la pretensión de vanguardia, que dice, no nos pertenece. Alejandro Paz abandonó los estudios formales de guitarra clásica para tocar dance, está interesado en lo abyecto de la identidad latinoamericana y hasta hace sorprendentes remezclas de huaynos con electrónica bailable, bajo el nombre de un indio shuar que conoció hace años, Juan Chumbi.
Luis Felipe Saavedra | Fotos: archivo de Alejandro Paz
Le iba a poner 5 fragmentos, pero iba a sonar como "Fragmentos de un discurso amoroso", de Roland Barthes, así que preferí 5 pedazos para no sonar pretencioso dice de entrada Alejandro Paz sobre su disco debut solista que a fin de mes estará disponible en el netlabel Jacobino Discos. Es una opción informada, direccionada, igual que el nombre del disco que el año pasado editó con Genéricos, Presets, que alude a los sonidos que vienen por defecto en los instrumentos electrónicos y softwares; sonidos habitualmente desdeñados por los músicos que los utilizan, quienes buscan timbres propios y originales.
Alejandro Paz, de 26 años, apareció en escena cerca de 1999 junto a Felipe Sancho (también parte del combo de latinsound sicodélico Fredi Michel y su compañero en Genéricos), con el dúo de guitarras tendientes al postrock más abstracto Parto, que en 2001 ganó el Concurso Nuevos Sonidos del portal de música Super45. Luego de eso, Parto funcionó interrumpidamente y nunca editaron disco, hasta que en 2006 irrumpieron con música altamente bailable de inspiración noventera, multicolor y sintetizada bajo el nombre Genéricos. Todo lo contrario a Parto.
(El cambio) Fue por trabajar solos, no teníamos banda y fuimos cachando los computadores. "Para qué vamos a tocar el bajo si lo podemos programar", dijimos. Fueron años, como seis entremedio, que nos juntábamos con el Felipe y fracasábamos, hacíamos otra cosa y fracasábamos. Estuvimos tratando en distintos formatos, incluso pasó un baterista, pero no resultaba nada. Hasta que pudimos tener los dos computadores y ahí resultó.
¿El computador los llevó a hacer música tan distinta? Porque en computador también se puede hacer música densa y pegada. Y también habíamos cambiado ene los gustos. Nos enamoramos de la fiesta y del baile. Cuando éramos mas chicos éramos más depre, después relajamos un poco.
Si pasar de tocar música ensimismada en texturas de guitarras eléctricas efectadas, casi sin beat, a una orientada a la pista de baile ya es extraño, Alejandro Paz tiene otra historia aún más improbable. Entre los 14 y 17 años estudió guitarra clásica en el Conservatorio de la Universidad de Chile, y años después retomó hasta el quinto año. Pero varios motivos lo llevaron a abandonar la escuela.
–La relación con los profesores se volvió… cómo decirlo, enfermiza –explica–. A mi profesora la conocía desde los 14 años y tenia clases una vez a la semana, pero una hora y media solo con ella, entonces me conocía. Ella llamaba a mi casa, hablaba con mi mamá y se metía en decisiones de mi vida. Una vez me fui a vivir con mi polola y me decían que no me fuera, que no podía hacer eso, que la guitarra, y al final me exigían todo para la guitarra y no me decían claramente qué era lo que yo podía recibir, entonces para esa incertidumbre mejor me la juego yo solo en cosas que me generaran más interés.
–¿Y sigues tocando guitarra? –Este año he tocado re poco. Puro computador. Ja ja.
¿Y qué aprendiste? –Aprendí ene música. porque te enseñan repertorio de música antigua y todas las épocas de música docta, con una comprensión un poco más intuitiva, y después de tantos años algo se te mete. Por ejemplo la idea del ritmo, que no es el tempo: el ritmo es el juego, es la dialéctica entre la tensión y el reposo, y eso se puede dar en el tempo, en las alturas, en la armonía, en toda la construcción que haces. Puedes tener una concepción del ritmo en cinco horas de DJ set si sabes llevar la tensión.
–¿Qué opinión tenían tus profesores y compañeros de que hicieras tecno? –Que lo dejara. Que me dedicara a la guitarra y dejara eso. Lo veían como algo entretenido, pero que era un fuego artificial. Les cargaba. A mis compañeros no le gustaba la música que yo hacía y me decían “no tocas nada”. Y bueno, de hecho, siempre me encuentro con esa opinión, de que si eres músico para qué haces eso.
–¿Lo que aprendiste es esos años lo aplicas a la música que haces hoy? –De manera inconsciente, pero cuando me generan problemas, cuando reconozco problemas en la música aplico lo que sé, que tampoco es mucho.
–¿Te sientes mas cómodo ahora, estudiando composición popular y jazz en el instituto Projazz? –No, me siento como ratón en cuchitril. Quiero hacerla corta, estudiar tres años y salir y poder hacer clases. Son puros jazzistas, y si bien hay gente que trabaja con computadores para grabarse, parece que yo soy el único que programo. Por ejemplo, en una clase de taller instrumental, para hacer algo entretenido, dije si podía traer un computador y hacer alguna cosita y el profe me dijo "somos músicos y podemos tocar". Ya con eso te puedes hacer una idea general.
–¿Cuál es la diferencia entre Genéricos y tu trabajo como solista? –Genéricos lo pensamos para que la gente baile y lo mío en ningún momento lo concebí así. El sonido puede ser similar, pero con Genéricos manejamos unas carpetas de sonidos que son sólo para trabajar en Genéricos. Al Felipe se le ocurrió esa idea: el Presets está hecho con sonidos que se generan con errores de computador cuando abres archivos donde no corresponde y esos sonidos después los puedes sintetizar.
–¿Como abrir un archivo de texto en un editor de audio? –Exactamente. Alva Noto (el alemán Carsten Nicolai, que tocó hace un par de semanas en Santiago) tiene un disco en que cada track es un puro sonido, por ejemplo de un archivo de audio metido en otra parte. Por eso es tan filoso.
–Pero igual en Genéricos usan sonidos reconocibles, bien noventeros, y las progesiones rítmicas también son propias de la música dance. –Sipo, lo mezclamos con baterías donde recurrimos a los samplers clásicos. También nos gusta la estructura canción, que sea la parte A, la B. En nuestro proyecto preferimos tener ideas melódicas bien claras y hacer pop. En 5 pedazos, en cambio, hay temas que son en cuatro cuartos, otro en cinco cuartos y otro en seis octavos.
¿La rítmica es la mayor diferencia entre Genéricos y tu trabajo como solista? –Intento sacar la música de la rítmica habitual, sí. Yo soy un poco más recargado, al Felipe no le gusta mucho eso. Trato de ser un poco más denso también, no entregarme tan fácilmente a la oreja, aunque sigue siendo melódico.
–¿Por qué sacaron Presets por Epa Sonidos, que son de Valparaíso, si ustedes son de Santiago? –La verdad, estuvimos cachando algunos sellos de Santiago y no nos fue muy bien, no nos cotizaban mucho. Acá, en algunos sellos, hay una pretensión de vanguardia, de no entregarse tan rápidamente al pop. Está bien, pero nosotros vamos más al pop y no funcionaba. Y con los Epa, una vez caché el sello y pensé “estos locos están en Valparaíso, es otra ciudad, no nos conocemos, capaz que tengan menos prejuicios con nosotros”. Y funcionó, les gustó al tiro. Los chiquillos son terrible de buena onda, el año pasado lanzamos el disco y muy bien.
Desde la edición de Presets, uno de los discos más descargados del catálogo de Epa Sonidos, Genéricos se han dedicado a tocar en fiestas y salas de conciertos, pero tienen avanzado el segundo trabajo, que no sólo sonará mejor, asegura Alejandro, sino que a diferencia del debut, incluye voces pasadas por vocoder. “Un poco más hacia la idea abyecta de lo latino, un poco de reggae samba, más bailable todavía”, anticipa.
–¿Por qué abyecto? –Voy a teorizar, nunca hablo mucho esto con Felipe, y te lo voy a ejemplificar: en Perú, parten de la identidad chola y se definen a sí mismos como "cholos", la choledad. Toman la denominación que se les da en el sentido de alteridad. Cuando los denominan como el otro, le dicen "cholo de mierda", y ellos parten de eso. Son abyectos para construirse a sí mismos y eso me interesa: partir de lo desdeñado, de lo cochino. Creo que es una buena forma de abordar, un poco mas incómodamente, lo que es Latinoamérica y el contexto en que uno vive. Con el Felipe vimos los videos de los trenes (de la canción "EFE", dirigido por Jorge Salazar) en que nos comparaban con uno de Kraftwerk (de la canción "Trans Europe express"), y la gran diferencia es que nosotros lo filmamos de aquí a Rancagua y Kraftwerk en unos prados perfectos en Alemania, sin ningún papelito. Salvando las comparaciones, Kraftwerk es de otra época, pero en la música se refleja que sus sonidos son más limpios, mas precisos, y nosotros somos más cochinos. El video es pura basura y Chile está lleno de basura, lleno de cables que te tiran ruido. Genéricos tiene que ver con eso, con que uno no se compra huevadas de marca; un DVD genérico te lee todos los formatos y entonces para qué quieres uno de marca, más encima es más barato. Nosotros pensamos que hay que copiar, hay cosas buenas que se pueden hacer de nuevo con pequeñas diferencias y que no hay mucho que inventar. Decir que uno inventa algo sería un poco soberbio, entonces nosotros preferimos hacer lo que podemos hacer y hacerlo bien.
–Chao con la originalidad. –Y la vanguardia. Yo encuentro que la vanguardia no tiene ningún sentido. Igual, las vanguardias provocaron un cisma dentro del público y del arte y lo rico de la música de baile es que es directa. Esperamos que lo puedas bailar aunque no lo conozcas, y que si no quieres bailar igual puedas escuchar algo, pero que funcione directamente, no tan alejado. Siento que es difícil inventar algo. No sé si tengo el talento ni el intelecto en este minuto para crear música nueva. Sé hacer algunas cosas y lo que hago lo quiero hacer bien. Quizás en el camino salga algo.
–No es un fin que persigas. –Nopo, porque siento que la tarea de hacer música, más que por la música en sí, lleva implícito el acto comunicativo y de discurso, que te involucra directamente con cosas políticas, con todo el contexto. No creo que uno se pueda separar de nada, entonces a veces por cuestiones que no son musicales tomas determinaciones: hacer pop, por ejemplo.
–El pop contra la vanguardia. –Claro, contra esa idea de elitismo. Porque, además, las vanguardias son de Europa y es otra forma de hacernos alternos, nada más. Qué va a andar uno haciendo vanguardia, estar siguiéndole las de abajo a los que hacen la vanguardia de verdad.
–¿Cuál es la posibilidad, entonces, que tienen los músicos de un país subdesarrollado como el nuestro? –Quizás ayudar en procesos de forjamiento de identidad, apoyar discursos contingentes. Tiene que haber un afán de hacer la música más interesante en sí, pero no puede ser sólo eso. Aunque igual siento que las vanguardias, que son de Europa, en su momento eran parte de un discurso político en cierta forma incómodo para las hegemonías, pero se volvieron otra hegemonía. Igual pienso que el arte se vacía de su riqueza cuando se hace muy masivo, eso no lo puedo desconocer, pero hay que tratar de mantenerse en una línea en que uno pueda decir parte de lo que quiere, no siempre todo, y parte de lo que te puedan escuchar también.
En enero próximo, y por cuarto año consecutivo, tendrá lugar en Santiago el festival FOBIA (Fórmula Básica en Imagen Audio), donde el colectivo Jacobino Discos convoca a artistas a participar con obras que mezclen música e imagen, este año en torno al tema "Intercambio digital: cultura y política". Es la instancia perfecta para que Alejandro Paz presente a Juan Chumbi, su alter ego que remezcla huaynos de Los Leones de San Jerónimo o de Vichito Mamani con electrónica de baile.
Pero Juan Chumbi (en la foto solo y acompañado de Alejandro) es un personaje de la vida real. En 1999, Alejandro visitó Perú y llegó hasta Ecuador, donde después de mucho caminar y viajar en bote, conoció a un indio de unos cincuenta años de la etnia shuar.
–Quería tomar ayahuasca, porque típico de cuando uno era chico leía a Carlos Castaneda (escritor que ha ahondado en el chamanismo y las sustancias alucinógenas). Me dieron unos datos, tomé el bote y partí a una comunidad. Iba caminando donde un viejo que nunca llegué y donde paraba me daban una chicha de manzana terrible, y de repente paré en la casa de Juan Chumbi, que era casi en la selva y Juan Chumbi me dio una chichita que estaba rica, tenía unos plátanos y el viejo, que era hierbatero, terrible de simpático, me invitó a conversar y me invitó a tomar ayahuasca y me quedé una semana con él. Me encantó que me recibiera porque es raro eso de la alteridad, eso de que tú eres otro.
Luego de ese viaje iniciático, Alejandro Paz volvió dos veces a Perú, Bolivia y Ecuador, atraído por su riqueza musical de esos pueblos. "No era el mainstream que uno escucha acá en las micros, sino que ellos tenían sus propios cantantes y una escena súper fuerte. Reúnen miles de personas en sus recitales, otro escenario".
–Y en Chile no tenemos conciencia de que eso existe. –Ninguna idea, y, de hecho, los europeos nos tratan de una forma y nosotros a su vez reproducimos esa forma con los peruanos. Me compré hartos discos y me sorprendí, porque había un trabajo súper fuerte de video, que para cada canción los tipos hacen un video con una estética súper definida. La mayoría de los videos son al aire libre. Yo le mostraba los videos acá a la gente y se cagaban de la risa, "la huevada horrible", decían. O viene Delfín (Delfín hasta el fin, el del éxito en Youtube "Torres gemelas"), que es de Ecuador y también tiene un rollo parecido y se burlan, no lo toman en serio, no pueden entender que así es la cosa para ellos.
"El fenómeno del huayno", agrega Alejandro, que ha estudiado el tema, "se revitalizó por los conflictos de (el grupo paramilitar maoísta) Sendero Luminoso, que reveló en el Perú esas capas de gente que habían sido relegadas y que nadie quería ver y también con la migración a la ciudad de Lima, que es donde se forman guetos de gente, por ejemplo, de Ayacucho. Leía un articulo de (la antropóloga) Chalena Vásquez, que decía que en el festival de Ayacucho, en tres días, convocan a 220 mil personas y no salen en la tele. Si bien es así de masivo, no necesariamente tienen cabida en los medios estándar, sino que hay muchos circuitos de intercambio cultural. Y claro, construyen su discurso de identidad chola, pero no se quedan pegados, no es como acá con la cueca, los tipos la renuevan todo el rato, le meten instrumentos. Hay huayno con guitarra, con requinto, con todos los instrumentos, pero también hay huayno con sintetizador, con batería electrónica y le roban mucho a la cumbia, como que tienen unas bailarinas, un animador".
–Esos animadores son como unos MCs del huayno. –Sí, como MCs, y la música es súper alegre, y también melancólica. Todavía no termino de entender y nunca lo voy a hacer porque yo no soy de ellos, pero en Juan Chumbi, en las remezclas que hago, intento que no se altere mucho el tema. Me interesa mantener la estructura de lo que ellos hacen, porque temporalmente son muy ricas. El huayno se puede tocar en cuatro cuartos, en tres; a veces están en cuatro y paran en tres y siguen, y una de las ventajas que para mí tiene la electrónica con respecto a la música más tradicional, es que en la electrónica cada tiempo es igual a otro tiempo. Por ejemplo, en un compás de música tradicional tienes el primer tiempo, que es más importante que el segundo: el acento. En cambio en la electrónica todos los tiempos son iguales, entonces la puedes calzar con cualquier cosa. Así, puedes tomar huayno y ponerle un beat abajo. Trato de agregarles un músico más. En el fondo, se trata de hacer su discurso más cercano a mi universo simbólico.
–¿Sabes de alguien que no sea autóctono y que haga mezclas? –En Perú fui a disquerías e investigué y lo que hacían no era eso, era como electrónica más tradicional, pero tomando ciertos timbres, como de quenas o zampoñas, como lo que hace la gente de Pueblo Nuevo (Mika Martini específicamente). Como opción personal no me gusta eso, porque siento que era dejar una forma, pero vaciar el contenido, el contenido estructural de la música. Lo que intento es preservar la estructura y chantarle otra encima.
–¿En Chile no hay posibilidad de ese tipo de apropiaciones? –El contexto es totalmente distinto. (En Perú) La ascendencia indígena directa y la identificación es potentísima. El huayno los identifica porque es un ritmo que practican desde la colonia y que los define. Acá somos una nación más bien joven y a nadie le gusta mucho escarbar en el pasado indígena de nadie, y en realidad no estoy seguro por qué no se da, pero no se a no más. Yo creo que acá la música entró en una representación. Lo que hacia Violeta Parra o Víctor Jara era representar ciertos sectores, porque no venían directamente de allí, si bien Violeta Parra era del campo. Ellos tienen otro bagaje cultural desde donde se dan cuenta y estudian. Es un asunto más representativo.