Músico, productor, DJ, dramaturgo, director, dueño de casa: Sokio
Sonido mutante
Se llama Mauricio Díaz y acaba de estrenar su primer disco, Columbia, pero en reversa su historia se remonta hasta el rock más aperrado de los años '90. "Es sonido, y el sonido tiene que mutar para algún lado", dice Sokio, y explica cómo la misma persona pudo telonear la primera actuación de Profetas y Frenéticos en el '91 y lanzar hace unos meses el más reciente álbum del sello Pueblo Nuevo. Y de paso revela de quién es ese teléfono que aparece al final del primer disco de Pánico en el '94.

David Ponce | Fotos: Andrea de Simone, Rodrigo Avilés y archivo de Sokio


Lo que hace Mauricio Díaz ha tenido muchos nombres durante el tiempo que lleva trabajando. Fue desde fines de los años '80 baterista de rock, tecladista colegial y desmontador casero de computadores para hacerlos sonar. Ha sido actor, director teatral, dramaturgo y compositor de música para teatro a mediados de los '90. Ha compuesto y dirigido ópera: cuatro "óperas electrónicas" entre 1998 y 2004. Se inició como DJ y gestor de grupos pop hasta con Denisse Malebrán como cantante desde fines de los '90 a la fecha. Y recién ahora se ha animado a lanzar su primer disco: Columbia (2008, Ponk / Pueblo Nuevo).

Mauricio Díaz es conocido como Sokio desde que empezó a hacer todo esto, y del mismo modo hay un nombre que cuadra a todo lo que cabe en el párrafo anterior.

–En el fondo he sido productor siempre –define él mismo, que además es dueño de casa: en su disco invitó a cantar a huéspedes que van desde Dadalú, la más activa rapera y cantante del último tiempo, hasta el cantante y compositor Carlos Cabezas, junto a músicos de México o Brasil, el país donde vivía cuando en 2004 empezó a grabar Columbia. Son sus últimas horas en Santiago antes de un nuevo viaje que lo llevará a Francia durante un mes, y Sokio se remonta aquí también en un viaje en reversa y de ida y vuelta.






Los mencionados Cabezas, Dadalú (en la foto) y el venezolano Argenis Brito, cantante de grupos de electro-mambo como Mambotur y Señor Coconut son tres de los cantantes de Columbia.

–¿En qué momento supiste que iba a ser un disco con invitados?
–Siempre iba a ser con invitados. Ya fuera mi voz la invitada o la de otros. Antes estaba el objetivo de hacer melodías para la voz de turno. Ahora quería arriesgarme a ser menos compositor de canciones: armar bases sobre las cuales pimponear y trabajar a distancia. Si bien el disco es pop en la construcción de sus canciones, el sonido no lo es. Es opaco, no brillante, está lleno de bajos, no realza los agudos. Ése era parte del trabajo: cómo hacer pop sin ser pop.

–¿Te da vergüenza ser pop?
–No me avergüenza para nada, pero quería hablar de otra manera.

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Fue por medio de Julia Rose, el dúo de electro-pop que Dadalú tiene con Lupi, que Sokio conoció a su cantante invitada.

–¿Qué te gustó de Julia Rose?
–Hay algo que me pasa con el movimiento nuevo de cabritos que utilizan esa moda de cantar mal, esas voces desganadas, como Quiero Club en México, y es una cosa que me enerva. En cambio con Julia Rose y con Dadalú ella tiene una actitud que va más allá. Ella canta en serio y las bases que hace Lupi son en serio.

–¿Y cuál fue el plan con Argenis Brito?
–La canción de Argenis (en la foto) la hice para él. Tenía una base que pensaba que era como medio Michael Jackson y pensé en una voz que pudiera hacer juego a eso. Quería algo muy particular: sacarlo del mambo. Y creo que está logrado.

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El chispazo inicial de Columbia fue un encargo del artista visual chileno Camilo Yáñez para la Bienal del Mercosur, celebrada en Brasil en 2005. La misión fue recrear el himno revolucionario "El pueblo unido jamás será vencido", de Sergio Ortega y Quilapayún. El mismo que Carlos Cabezas (en la foto) canta ahora en el disco.

–La petición original fue que la versión fuera más fría y sintetizada, cercana a Kraftwerk –dice el músico, a propósito de ese precursor grupo alemán de música electrónica–. Pero después quise buscar una forma diferente de expresarlo. Creé una nueva versión, la presenté a Carlos Cabezas, y él me la rebatió completamente y modificó a su vez la melodía original.

–¿Qué cosas cambiaron en esta versión?
–Estamos acostumbrados a escuchar su voz tan profunda con infinidad de sonidos detrás, y en un principio yo quería usar la voz limpia. Pero me di cuenta de que en realidad hay una cosa histórica con la voz de Cabezas, que debe tener un fondo sucio. Entonces, okey, usemos guitarras eléctricas.

–¿Y por qué respetar el contexto histórico de Carlos Cabezas y alterar el de Sergio Ortega?
–Interesante. Es un tema que tiene que ver con la fuerza que imprime la voz de Cabezas a la canción. Y esa fuerza requería ese otro trabajo detrás. Es por el efecto que da Cabezas.




En los últimos años Sokio se había dedicado a hacer canciones pop en un par de grupos previos más inadvertidos: Vegas, que grabó un disco en 2006 antes de disolverse, y Polaroyd, que existió entre 1998 y 1999 con Denisse Malebrán en la voz, justo antes de que ella pasara a Saiko y mucho antes de que debutara como solista el año pasado.

–Vegas y Polaroyd de alguna forma se transformaron en ensayos para llegar a esto –considera ahora Sokio, que tiene más ensayos anteriores. Con sede en el colectivo Casa de la Nueva Ópera, montó las "óperas electrónicas" Patria (1998), sobre el exilio y el regreso, Tántalo (1999), Arequipa (2001), acerca del funesto accidente aéreo de esa ciudad, y Rei (1994), en torno a la figura de Orélie Antoine, el llamado Rey de la Araucanía. Porque su adiestramiento también ha sido escénico y teatral.

Mauricio Díaz estudió actuación en la Escuela de Teatro de Fernando González, y desde 1992 trabajó como director, dramaturgo y compositor de música para obras de Ramón Griffero o la versión de "Romeo y Julieta" (1994) dirigida por Rodrigo Marquet en el Teatro de la Universidad de Chile. Y con su propia compañía, La Boda, dirigió "El parque de los juegos" (1993), de Ray Bradbudy; "Violentamente feliz" (1994), coescrita con la actriz Carolina Fadic, y "Juana de Arco", de Schiller, donde además compuso la música.

–¿Armar una compañía de teatro y un grupo de música son cosas equivalentes?
–El sentido es el mismo, de nuevo ser productor: tener una idea y tratar de concentrar energía de distinta gente para llegar a un fin común. Del teatro derivé naturalmente a hacer música para teatro. Y al mismo tiempo me puse a dirigir.Y de todo eso puedo rescatar cosas que influyen en hacer un disco hoy.

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–También eres DJ. ¿Tu primera aparición como DJ fue la que está en el disco Remixes (1998), de Pánico, o venía de antes?
–No. Fue en el '98, no antes.

–¿Y a Pánico cómo llegaste?
–Bueno, con el comienzo de Pánico. Los chiquillos, la Carolina y el Eduardo (Carolina Tres Estrellas y Edi Pistolas, los fundadores del grupo) llegaron a Chile en el '94, nos conocimos por un amigo en común (Andrés Poirot, guitarrista de la disuelta banda punk Índice de Desempleo) y la primera vez que tocó Pánico fue en mi casa, en una fiesta que organicé.

–¿Dónde quedaba tu casa?
–En Pirque. Ahí tocó Pánico sus primeras cuatro canciones. Y la gente enardeció. Y fue una ocasión bien loca porque hice la fiesta al mismo tiempo que era el matrimonio de (la actriz) Ángela Contreras. Y del matrimonio de Ángela Contreras hasta Ángela Contreras se fue a la fiesta.

–Productor nuevamente.
–Productor nuevamente. No había amplificadores, fue con dos equipos de música saturándose más la batería y gritando como locos. Después vino el famoso concurso de Miss Pánico en La Rockola, donde tocó Pánico en un set detrás de un televisor gigante: el televisor lo construí yo.

–¿Y entonces grabaste en el primer disco?
–Claro, en el (de la portada de) Bruce Lee. Hago las voces que salen al final del disco: "Pánico contra los marcianos" es un radioteatro que yo produje. Soy el marciano, que dispara rayos de mayonesa. Y anecdótico es que sale alguien cantando una cancioncita y dice un número de teléfono. Y ése soy yo, y con el Eduardo damos el número de teléfono de mi casa. Y durante el año siguiente recibimos llamado todos los días, todo el día, en horarios insólitos, de gente que quería probar si el número era verdadero o no.

–¿Un número en Pirque? ¿Que empezaba con ocho cinco uno?
–"Ocho cinco uno cero uno cuatro siete. Llama después del tono" –canta Sokio–. Tuvimos que cambiar de número.

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A esta altura, en 1994 Sokio también estuvo en el lugar y el momento precisos para quedar en un disco histórico. Es el primer compilado de la Asociación de Trabajadores del Rock, ATR, donde grabó con su grupo Duele, activo entre 1989 y 1993: Con el corazón aquí (1993).

–Grabado el '92, apareció en el '93 –precisa Sokio, que grabó la canción "Mariana" junto a su hermano, el guitarrista Daniel Díaz, en una de las únicas dos muestras electrónicas del compilado junto a la de Arteknnia. En ese punto su recorrido se confunde con el del rock chileno aperrado de comienzos de los ’90, con Duele y con el primero de todos sus grupos, La Perra, iniciado hacia 1988 entre su hermano Daniel Díaz en voz y guitarra y el propio Sokio en batería.

–¿En qué lugares tocaste con esos grupos?
–Tocamos en el Gimnasio Ferroviario de San Bernardo, junto con Profetas y Frenéticos: fuimos los teloneros de Profetas y Frenéticos en su primera presentación. Y en la Plaza de Armas de San Bernardo, con Los Miserables, Séptimo Sello, Malcorazón y Umos, que si mal no recuerdo es como la primera formación de los Chancho en Piedra.

–Ahora hay grupos como los mismos Julia Rose que tocan los teclados Casio que estaban de moda en esa época y suenan como el tecnopop de ese tiempo. ¿Eso tiene que ver contigo?
–Yo creo que las cosas son circulares, no más, es circunstancial. Lo más probable es que toda esa gente que está hoy tocando con sintetizadores Casio el próximo año se va a cambiar a otra cosa. Porque es sonido, y el sonido tiene que mutar para algún lado, nadie se queda pegado en las mismas cosas.

–¿Tú tampoco?
–No, porque no trato de evocar un sonido particular. Uso elementos que considero propios, porque es lo que he escuchado durante mucho tiempo y porque al final todo viene del (compás de) cuatro cuartos. Y todos ocupan la misma batería que inventó Kraftwerk. Sin Kraftwerk no hay Afrika Bambaataa. Sin Afrika Bambaata no hay Beastie Boys. No hay Janet Jackson. No hay This is the rhythm of the night –canta Mauricio Díaz, citando ahora el hit electropachanguero de Corona. La historia según Sokio.

www.sokio.org
www.myspace.com/sokio
www.pueblonuevo.cl

 

Pueblo Unido y Pueblo Nuevo

Una recreación del himno "El pueblo unido jamás será vencido", compuesto por el compositor chileno Sergio Ortega (foto 1) ya figuraba en una compilación previa del sello Pueblo Nuevo en manos de Sokio, que vuelve sobre el tema en Columbia.

–¿Es difícil intervenir un himno tan universal como ése?
–Con (Carlos) Cabezas hablábamos del tema del respeto, de hacerse cargo de lo que se hace y de no hacer algo que sea risible. Por eso tomé la determinación de que el tema termine como New Order: es un conjunto de elementos que empiezan a chocar unos con otros y a producir un nuevo tema. Y suena nuevo. Y gente que nunca ha escuchado "El pueblo unido" la puede cantar, cosa que he vivido en las últimas presentaciones.

–¿El verdadero homenaje es cambiar el original, si se trata de música revolucionaria? ¿Sería reaccionario tocarla igual?
–Sería reaccionario tocarla de la misma forma. Con ese espíritu ochentero de tratar de decir cosas sin decirlas o de subvertirlas, el hecho de poner ese tema hoy listo para la pista de baile es un acto subversivo.

–Mankacen (otro músico cercano a Pueblo Nuevo) empezó a tocar antes que tú con Arteknnia y ahora ha hecho un disco de tributo a Salvador Allende, y el mismo sello también comparte esa estética. ¿Son sólo coincidencias?
–Yo creo que sí es una cuestión generacional. Hay algo que quedó muy latente y que tiene que salir de alguna forma, ya sea haciendo minimal techno, o ruidos como Mankacen (foto 2), o en mi caso, que es para bailarlo. O Freddy Musrri (foto 3, junto a Sokio), que está en este momento a punto de editar un EP con temas de Violeta Parra, pero en versión casi house.

–¿Tenía que pasar todo ese tiempo? En 1987 ustedes estaban escuchando otra cosa.
–Porque también había muy poca distancia. El efecto de la distancia es el que nos permite analizar de otra manera esos hitos.