Italo Pedrotti presenta a Charanku
A la velocidad del charango
Desde el simbólico instrumento altiplánico –el mismo que fue prohibido por los militares que tomaron el control del país porque lo consideraron subversivo– toda una nueva línea creativa de música chilena está floreciendo a través de Pedrotti, uno de sus más jóvenes cultores. En Charanku no necesariamente se tocan huaynos. "Hay rock y experimentación. Imagínate a Jimi Hendrix tocando un charango. Eso es Charanku".

Iñigo Díaz | fotos: archivo de Italo Pedrotti


Fue uno de los últimos conciertos de Italo Pedrotti junto a Entrama, el grupo que cofundó en 1997 con músicos emblemáticos de la generación moderna de la música latinoamericanista: el guitarrista Juan Antonio Sánchez y el cellista Rodrigo Peje Durán. En enero de 2006, Entrama y su arsenal de cuerdas se presentó en el Teatro Teletón. Lo hicieron junto a la facción de Inti-Illimani que lideran los hermanos Coulon, cuando el grupo estrenó el disco Pequeño mundo, y ahí Pedrotti fue uno de los más aplaudidos, porque ciertamente era uno de los más populares en el escenario. Y de los más "mestizos" en cuanto a imagen: Pedrotti viste una chaqueta de Mick Jagger en Londres y luce avanzados dreadlocks jamaiquinos. Pero además toca un charango, su arma predilecta desde 1986.
 
–Tengo 41 años: el charango lo descubrí a los 20. Yo escuchaba mucho rock clásico, pero nunca toqué en ninguna banda. Siempre tuve una doble pasión: la guitarra eléctrica rockera y el charango. Y gracias a Los Jaivas entré en la música folclórica. Con Los Jaivas yo veía al charango era un instrumento de acompañamiento.
 
–Pero has cultivado un charango mucho más protagónico musicalmente.
–Eso ocurrió cuando escuché a Inti-Illimani. Me di cuenta de que el charango tenía mucho más posibilidades melódicas y recursos de gran riqueza en términos solistas. Horacio Durán fue mi referente en el uso del charango elaborado, de cámara.






Ese estudio del charango moderno y urbano tuvo un desenlace natural y se llama Charanku, el ensamble acústico y eléctrico, que él define como progresivo y contemporáneo, que hoy está liderando, ya definitivamente, después del retiro de Entrama ese mismo 2006. Charanku acaba de lanzar su disco Charanku (2008) y ahí se despliegan las ideas de composición y conexión instrumental desarrolladas por Italo Pedrotti: "charangos y guitarras eléctricas", anticipa el músico, y de paso presenta a sus piezas clave dentro del sexteto: un frente de base rítmica de rock con Italo Aguilera (guitarra eléctrica), Felipe Conejero (bajo) y Marcelo Arenas (batería, de Entrama) y una primera línea de cuerdas: Pedrotti y José Luis Delpiano (charangos) y Diego Salazar (ronroco).
 
–El ronroco es un charango mayor, más grave. La octava del charango podríamos decir. Es un instrumento creado en Bolivia hace apenas unos 20 años. No es tradicional.
 
–¿El charango es boliviano, peruano, argentino o chileno?
–Cuando vino a tocar U2 en 2006, Ricardo Lagos le entregó a Bono un charango de regalo y en Bolivia quedó la cagada. No podían aceptar que se oficializara de esa manera como patrimonio chileno. Esa vez me entrevistaron y yo dije que el charango no le pertenecía ni a los chilenos, ni a los bolivianos, ni a los peruanos, ni a los argentinos. El charango le pertenece a la cultura quechua-aymara.




Esa historia charanguística de Italo Pedrotti que derivó en Charanku comenzó con más precisión en 1992. Ese año fue contactado por el compositor contemporáneo peruano Celso Garrido-Lecca para estrenar la obra de cámara "Dúo concertante para charango y guitarra" (1991), presentada junto al concertista Mauricio Valdebenito en la Biblioteca Nacional. "Esa obra a mí me abrió la cabeza. Garrido-Lecca necesitaba un charanguista que leyera música y en Perú no había. Horacio Durán (de Inti-Illimani) no podía interpretarla, aunque le encantaba. Pero no tenía tiempo. La tomé yo y estuve un año estudiándola, porque era muy vanguardista. Desde ahí seguí muy conectado al charango, trabajando de cerca con Durán. En 2001 escribimos un método de aprendizaje del charango. Se ha vendido en todo el mundo. Hasta en Japón lo han comprado".
 
–El charango se transmite oralmente, ¿esto significa que lo están academizando?
–Es un instrumento de la cultura quechua-aymara. A comienzos del siglo XX empieza a llegar a las ciudades y toma otro carácter: se emparienta con la guitarra. El encordado original era de tripa y luego pasó a ser de nylon. Ya no lo tocaban los indígenas sino los mestizos. Los primeros que empezaron a incursionar en el charango urbano en las ciudades altiplánicas fueron Mauro Núñez en Bolivia y Jaime Guardia en Perú, supongo que en los años '40.
 
–¿Lo tocaban en las calles?
–No, no, en la industria del disco. Tocaban el charango como parte de una música de exportación, que no era la música tradicional quechua-aymara. En todo caso, el charango original existe aún, lo tienen en ciertas comunidades andinas campesinas y es totalmente distinto: lo tocan de otra forma, con otras cuerdas, en espacios donde no existe el escenario. Es otro mundo. En la década de 1970, Ernesto Cavour, un solista boliviano considerado de lo más importante del charango histórico, lo masifica. Cavour dice que fue él quien le entregó su primer charango a Violeta Parra (ver recuadro). El charango chileno proviene de la línea urbana boliviana y hoy es un instrumento con afinación al que perfectamente se le puede escribir música.
 
–¿Horacio Durán y tú son los primeros en realizar notaciones?
–Antes que nosotros nadie lo había hecho formalmente. Había métodos muy básicos y si querías aprender el charango estabas obligado a interpretar un montón de símbolos y a escuchar un disco. Nuestro "Método para charango" se estaba necesitando, porque estamos en un contexto urbano tonal. Tiene una parte de rasgueo y otra de melodía.




Paralelamente a la edición del método de estudio, Italo Pedrotti apareció en el disco que catalogaba a compositores charanguistas Charango: autores chilenos (2001). "Veo a mucha gente interesada en el instrumento y en esta música andina. Hay cueca urbana, hay canto a lo poeta, hay chinchineros y hay flautas de chino. A eso súmale el charango".
 
–¿Dónde está la velocidad del charango?
–En el estilo que viene de Bolivia, la gracia está en la mano derecha, la que rasguea. Pero lo hace de una manera distinta a la guitarra, con otros elementos rítmicos. El charango puede hacer muchas cosas que hace la guitarra. Freddy Torrealba es un charanguista que demostró que se puede tocar música de Bach o bossa nova, no solamente música andina. Y es un hecho que hay mucha gente que escucha música docta contemporánea, rock, jazz e improvisación, que también está interesada en él. En este caso sería un charango ultraurbano.
 
–Como Charanku.
–Sí. Un proyecto que tiene elementos de todos esos lados, que convive con instrumentos eléctricos, que trabaja con otras métricas y patrones rítmicos y que no necesariamente está tocando huaynos.
 
–De pronto Charanku suena muy Jaivas y otras veces como el grupo progresivo Tryo.
–Por eso está el subtítulo de "charango progresivo" e identifica esos elementos de otras músicas, desde el rock a la composición contemporánea y el uso de los instrumentos. Yo no lo quería poner en el disco, pero lo hice por un asunto informativo. La gente puede asociar la palabra "charanku" a "charango". Y en el fondo es lo mismo.
 
–¿Es el nombre original?
–Es una palabra de la lengua quechua. Yo creo que "charanku" era la forma que tenían los indígenas de pronunciar la palabra "charango", que es una palabra española. Cuando llegaron a América no había instrumentos de cuerda. Gracias a la influencia española los indígenas inventan el charango. Pero yo tengo la teoría de que cuando los aymaras inventaron el instrumento lo llamaron de otra forma y esa palabra se perdió. Los españoles lo bautizaron así. Hay una crónica de 1814 escrita por un clérigo español que es la primera que hace alusión al instrumento y con la palabra "charango".




–¿Hasta el día de hoy es necesario que un charango tenga un quirquincho como caja? Lo primero que uno hacía era darlo vuelta para ver la armadura.
–No, eso es algo accidental. En ciertas comunidades de Bolivia hay indígenas que como no tienen acceso a madera usan el bichito. Hoy día se utiliza la madera. Yo tengo algunos charangos con quirquincho, pero en realidad lo encuentro un poco triste. En Bolivia el quirquincho está protegido y a Chile tú no puedes ingresar más un charango de quirquincho: te lo quitan. En términos de sonido no hay ninguna diferencia.
 
–¿Quién es Charanku? ¿Eres tú o es la banda?
–Yo me fui de Entrama en el 2006 porque ya no podía balancear los dos proyectos. Yo no puedo tirar energía para los dos lados. Me costó mucho tomar la decisión, porque Entrama era mi grupo histórico. Pero en un momento Charanku ya estaba tomando forma. Además yo tenía muchas ganas de desarrollar la sonoridad del charango vinculada al rock. Era algo que no tenía espacio en Entrama, que es un ensamble acústico y más jazzístico. Yo quería un guitarrista eléctrico que hiciera solos con distorsión.
 
–El proyecto nace casi por encargo.
–Fue en 2001 para una obra de danza contemporánea que se llamaba Fotodanza que me pidieron que escribiera una obra. Ahí nació la idea de unir dos charangos y un ronroco, además del bajo. Fue una especie de experimentación, porque esa obra, "Cuatro jinetes", abrió la puerta a una sonoridad específica.
 
–¿Ya desde ese año viene Charanku? Mucho tiempo antes de que Entrama grabara Simbólico.
–Sí. Y de hecho después de Fotodanza postulé a un fondo de la Fundación Andes, porque quería desarrollar la idea. Conseguí la plata: tome, le pagamos por componer. Me puse a trabajar en el proyecto y compuse unas ocho obras electroacústicas, electrónicas mixtas, para charango y soporte. El charango está descompuesto y entonces suena como otra cosa. No han sido editadas, pero a partir de ahí empezó a funcionar el grupo con los charangos y el ronroco. Salieron obras como "Sideral", una muy experimental. Pero para Charanku yo no quería que la música fuera experimental contemporánea. Quería algo que fuera digerible para el público. Entonces hice temas de música más popular.




–Ustedes tocaron en Arequipa y Cusco, lugares donde el charango pesa.
–Pero ¿sabes? cuando hemos tocado en festivales charanguísticos, el público y los charanguistas no nos pescan mucho. Opinan que no somos tradicionalistas y tienen razón. Nos encuentran extraños. Nosotros nos dimos cuenta de que en ese tipo de encuentros no está el público de Charanku. En Arequipa (2005) nos invitaron. A Cusco (2007) fuimos por nuestra cuenta y ahí estuvimos en el ambiente de los gringos y tocamos en el museo arqueológico Koricancha. Ese público, que tiene una cultura más ecléctica, puede asimilar una música como la de Charanku. En cambio el charanguista clásico se asusta un poco.
 
–En Chile, en cambio, pareciera que siguen en un underground.
–Si no tienes un disco es difícil que te ubiquen en algún punto. Ya tenemos el disco, por lo que podemos movernos con más dirección. Después de tocar en Cusco nos invitaron nuevamente a un festival ahí, pero ahora queremos ir a tocar a otro lado. Puede ser Argentina. No pretendemos ser masivos tampoco. La gente que nos escucha es la misma que escucha a Congreso o a Inti-Illimani, incluso el mismo público de Entrama. En el lanzamiento de Charanku tuvimos que hacer dos conciertos en un día porque las entradas estaban vendidas con tres semanas de anticipación.
 
–La cruza entre charango y Strastocaster es sorprendente. En su imaginería aparece Jimi Hendrix conectado a un charango.
–Puede ser una broma, aunque a mí me pareció genial. Es una idea de Patricio Lisboa, integrante de Cántaro, que tocó con nosotros también hasta que se fue a Francia con el grupo. Es eso: charangos y guitarras eléctricas. Es un ícono divertido, pero efectivo. Imagina a Jimi Hendrix con charango. Eso es Charanku.
 
www.charanku.cl

 

Quirquincho, tripa y repique: los exponentes

"Gracias a la vida" o "Run run se fue pa'l norte", de Las últimas composiciones (1966), son los primeros registros de un músico chileno frente a un charango. La portada del disco muestra a una perturbada Violeta Parra con el instrumento en sus manos. Pero se sabe que Los de Ramón, conjunto de raíz folclórica que dirigía el compositor Raúl de Ramón, ya estaba interesado en el charango debido a sus viajes de estudio por Latinoamérica donde adquirió un arsenal instrumental sobresaliente. En 1966, el mismo año que Violeta Parra, Los de Ramón grabaron la serie doble Panorama folklórico de Latinoamérica, disco en el que también aparece un charango en la cubierta.
 
Conrado García, más conocido como el Charry, es un mito en el charango chileno. Fundó Arak-Pacha y llegó a desarrollar una técnica que tiene que ver con los repiques: el ataque de la mano derecha. "Él generó una escuela de todos los músicos que han tocado el charango andino–urbano", dice Pedrotti. Otro de esta línea es Roberto Márquez, de Illapu, "más charanguista que Osvaldo Torres. Lo que pasa es que después se dedicó a escribir canciones".
 
Claudio Pájaro Araya es fundamental en la historia del charango capitalino experimental. Pedrotti incluyó una obra de Pájaro en el disco Charanku ("Reencuentro"): "es una clase magistral para el que quiera aprender repique". En cambio Juan Flores, que hoy toca en Inti-Illimani de los hermanos Coulon, es mucho más versátil, un especialista en toda la organología de los instrumentos altiplánicos: "toca de todo, también el charango". Carlos Cabezas, músico de Los Jaivas, es más funcional y recoge la escuela de Conrado García. Horacio Durán (foto 2), del Inti-Illimani Histórico, desarrolló una técnica sobre el uso de los dedos pulgar, índice y anular, que le permitió obtener un sonido de charango muy particular: "es representativo del charango fino", opina Pedrotti.
 
Héctor Soto (foto 1) es el primer solista de charango que llega al estudio de grabación y registra sus trabajos personales, desde el disco Charango (1969) y durante todos los años '70. También están César Palacios y Pedro Plaza. "Y al final llega Freddy Torrealba (foto 3), el que cierra la línea solística del charango y que ha explotado el concepto del charango virtuoso. Hizo un disco que era una metralleta (Charango al sur del charango, 2003). Le decíamos Freddy Torrrrrrealba. Los bolivianos no creían que hubiera alguien más rápido que su Ernesto Cavour. Freddy Torrealba se lo comió con zapatos".