Anamlor Smith, música para viajar
Electrónica, melódica y espacial
Acaba de editar su disco Aminta, lanzado por el sello de música electrónica Pueblo Nuevo, donde entre otras cosas se vale del pulso jamaicano del dub para crear su propia versión: "Dub de cuna", acuña Anamlor Smith. Y éste es su primer disco, pero ella tiene música e historia para remontar por años en el tiempo, por ejemplo hasta el grupo Cruela, hasta la banda sonora de Ángel negro y hasta antes de nacer, en realidad.

David Ponce | Fotos e ilustración: Carla Pastén, Joseph Shaoul y archivo de Anamlor Smith


Se pasó varios años sin sacar la voz, y es literal. Después de cantar y tocar la guitarra en los dos primeros grupos de los que fue parte entre 1997 y 2001, Anamlor Smith se dedicó por un lado sólo a hacer música instrumental, y por otro lado a componer sola, sin tocar mucho en público. Por eso Aminta, una colección de bases electrónicas y voces etéreas que acaba de editar el sello Pueblo Nuevo, aparece como el primer disco de esta cantante e instrumentista. Pero hay más tiempo y música detrás.

El tiempo es relativo, y Anamlor Smith tiene un ejemplo a mano para eso. Hay un grupo que escuchó por primera vez a los siete años, que la obsesiona desde niña y que le va a seguir gustando siempre. Es The Shadows, el elegante cuarteto inglés encabezado desde los años '60 por el guitarrista Hank Marvin y uno de los mejores cultores del rock instrumental de la época, con éxitos como "Te veré en mi batería" ("I'll see you in my drums") o "Sonambulismo" ("Sleepwalking"). Aunque su recuerdo es una imagen mucho más personal.

–Me acuerdo que era chica, estaba mirando una palmera, estaba lloviendo, el cielo estaba naranjo, había una luz increíble y fue la primera vez que los escuché, en una radio a pila en la cocina de una casa. Y empezó a sonar –recuerda, y entona las primeras notas del hit "Sonambulismo"–. Y veía cómo se movía la palmera, y todo sincronizaba… fue un éxtasis.

–¿A los siete años tuviste un éxtasis?
–Sí, a los siete años. Las guitarras de The Shadows son perfectas, pero no a nivel de ese virtuosismo insoportable, sino un virtuosismo minimalista, muy atmosférico –dice. Años más tarde conoció al guitarrista Cristóbal Saavedra, descubrió que tenían el mismo gusto por ese sonido y formaron su primer grupo, Cruela, hacia 1997. Luego tocó en el dúo Saudade con el músico Daniel Jeffs, más conocido como Djef. Hoy Anamlor Smith toca sola y canta de nuevo en Aminta. Y le siguen importando esa delicadeza y precisión que, en sus propias palabras, encuentra en los Shadows. Aunque no sea un grupo "de su tiempo".

–No creo que uno tenga "su tiempo" –dice–. El tiempo es el presente.






Aminta recoge en parte el trabajo de sus últimos dos años y en parte ideas anteriores.

–Vengo acumulando música hace muchos años. Trabajé bien en silencio, de repente tocando, pero nunca en estos años fue la prioridad tocar en vivo. Siempre he sido más de composición. Después de Cruela, en que era muy equitativo el proceso de creación y actuación, con Saudade también tocábamos, pero un tiempo después me empezó a venir una fiebre de composición a puertas cerradas.

–"Aminta sueña, Aminta teje", dicen algunos versos del disco. ¿Es un personaje?
–Aminta fue una persona que existió, es una historia que alguien me contó y que no sé el motivo, pero me impulsó a hacer un trabajo vocal más al estilo de antes. Con la aparición de este personaje empezó a salir la voz, a borbotones, como que ya no podía parar. Y creo que todos los temas son muy distintos unos de otros. Incluso cuando terminé me dio la impresión de que los tracks pertenecieran a distintos discos.

–Uno se llama Jakarta, por ejemplo. ¿De dónde viene?
–Una vez fui a ver danzas balinesas, y era el grupo de danzas del Palacio de Jakarta. Y se mezcló más o menos con una época en que me empezó a dar como una cosquilla andina –sonríe–. Algunos temas tienen procesos larguísimos, y por eso también me demoré mucho, porque modifiqué muchas veces todo hasta que quedara como yo quería.




–¿Por qué ahora era el momento de mostrar el disco?
–Yo creo que estuvieron súper conectadas las ganas de sociabilizar con el hecho de tener algo que sacar. Antes hubo un período musicalmente súper autista, y no es una queja, porque en verdad lo distruté un montón. Hice lo que quise, me tomé el tiempo para experimentar todo lo que necesité y para integrar otros softwares e instrumentos, como el metalófono, la melódica.

Fue con Saudade que Anamlor Smith se vinculó hacia el año 2000 con los medios electrónicos para componer. "Aunque me costó despegarme de la guitarra", recuerda.

–¿Por qué?
–Porque llevaba demasiados años, no necesariamente en la guitarra eléctrica, pero había partido tocando de juego, a los siete años, y tocaba todo el tiempo –explica. Más tarde, hacia 1988, estudió en el Conservatorio un año de guitarra clásica con Ximena Matamoros, alumna a su vez del maestro Jorge López. Y luego pasó a la guitarra eléctrica.

–Fui como en peldaños. No necesariamente evolutivos, pero distintos tipos de experiencias sonoras con las cuerdas.




Anamlor Smith nació en 1974 en Buenos Aires, y en todo este tiempo ha ido y venido muchas veces entre Chile y Argentina. De hecho en su bitácora de actuaciones se confunden fechas en ese país, como el Festival 404 celebrado el año pasado en Rosario, con otras en clubes capitalinos como La Feria, el Café Sonoro, Bluebird y la Feria de las Artes, FAS, realizada en 2005 en en el jardín del edificio Diego Portales (en la foto).

–Fue una experiencia fuerte, porque estabas tocando y veías alrededor militares, onda primavera… era aparentemente contradictorio, pero para mí era bastante aliviador, histórica y políticamente hablando, que sonara esa música ahí.

–También anotaste en tu blog una fecha en la que coincidiste con la banda rockera Jiminelson.
–Ah, sí, eso fue en Valparaíso. Pero fue otro contexto de personas, incluso una banda como de jazz fusión, entre medio Jiminelson, que me gustó mucho. Pero ahí experimenté concretamente que para mí no es adecuado tocar en ámbitos tan heterogéneos. Creo que prefiero estar en un contexto electrónico.

–¿Cómo recuerdas el festival en Rosario, por ejemplo?
–Fue una experiencia buenísima. Fue un festival de arte digital y música electrónica. Ése por ejemplo era un contexto donde había una sintonía muy fina, una coherencia entre toda la gente que tocó.

–¿Pueblo Nuevo es un buen contexto en ese caso?
–Sí, porque además surgió esta invitación de ellos a publicar algo, y sin ningún apuro. En Pueblo Nuevo siempre se están publicando cosas nuevas.




–"Indietrónica, dub y minimal": eso dice el comunicado de Pueblo Nuevo sobre tu disco. ¿Estás de acuerdo?
–La palabra que más me identifica yo creo que es dub. Claro, no es un dub al estilo de Lee Perry (legendario productor jamaicano de ese estilo basado en el ritmo y el bajo de la música reggae). Pero desde los tiempos de Saudade fue el dub lo que me empezó a capturar y obsesionar. Y mi manera de vivirlo y trabajar fue bien melódica y tal vez muy espacial. Creo que al principio fue de una pegadez extrema.

–¿Pero al mismo tiempo más dulce?
–Sí, es como un dub de cuna –sonríe–. Y con respecto a la indietrónica, me sorprende esa definición. Ni para bien ni para mal, pero en mi audición habitual no está la indietrónica, o los grupos y proyectos que yo conozco como indietrónica, como Múm, que son proyectos buenos, pero no es lo que me identifica.

–¿Sí tiene sentido que diga minimal, que no sé si es un estilo pero puede ser un adjetivo, que significa elemental, con pocos elementos?
–Minimalista. Pero también hay un subgénero que es como minimal tech house, ponte tú.

–Claro. Que ya es un sub-subgénero.
–Un sub-subgénero. Un nanogénero.




Es de hecho una presentación con otros músicos del sello Pueblo Nuevo la próxima actuación de Anamlor Smith, en la que va a tocar y cantar sus nuevas canciones.

–¿En el fondo sabías que ibas a volver a cantar?
–No. de hecho pensé que no iba a tener ganas de cantar más. Cuando empecé con la electrónica tampoco tenía una plataforma estimulante para trabajar vocalmente sola.

–¿Y ahora estás cantando distinto?
–Es muy distinto. Incluso el color de la voz es diferente. Además, por el hecho de haber tocado en una banda (Cruela, ver recuadro) que tenía harto de noise (ruido) en un principio, también había un tema con el volumen. Eran dos guitarras, una batería y un bajo súper potentes. La voz tenía que ser bastante más gruesa para que pudiera sonar. La música era un todo, la voz era parte de ese todo.

–¿La voz es más un instrumento?
–También suena bien como un instrumento. A mí me gustaba mucho el sonido de Cruela. Tenía algo medio atmosférico, con detalles muy sutiles. Lo que busco cuando escucho música es el viaje. Lo que más disfruto de la música es viajar.

www.myspace.com/anamlor
www.pueblonuevo.cl

 

Viaje en el tiempo

Aminta no es el primer trabajo de Anamlor Smith en Pueblo Nuevo. Ya había grabado "Elena" en el compilado del primer aniversario del sello, y fue con uno de los creadores de ese catálogo, Djef, que formó Saudade (foto inferior), entre 1999 y 2001. Antes de eso había tocado en Cruela (fotos superiores), entre 1997 y 2000, grupo que quedó registrado en la banda sonora de la película Ángel negro.

–Saudade nació en un concierto de Tortoise, y aun no teniendo nada que ver estilísticamente, esta banda, tanto a Cruela como a mí y a Djef, nos tenía congestionados de sonidos nuevos –recuerda–. La ruta que estaba tomando Cruela en su último tiempo iba claramente hacia un post rock más noise que nos tenía medio encantados a todos. Además había una influencia de Sonic Youth importante, y de Pixies, que se notó más en un principio.

–¿Recuerdas haber compartido con otros grupos de la época, como Sintra, Sicadélica, Sien, los primeros Solar?
–Con Sintra había harta hermandad, y si nos gustó otra banda que sonara en el momento, yo creo que fue Pánico. Pero no salimos como de una coalición. Fue como una generación espontánea, como que brotó. De un honguito aislado, debajo de una piedra en un bosque. Pero en un bosque muy noise. Con muchos cables.

Y si Anamlor Smith nació en Buenos Aires es porque es hija de Antonio Smith, el cantante de Congregación, uno de los históricos grupos activos a comienzos de los ’70 en Chile, que después del golpe militar de 1973 se estableció en Argentina. Contemporáneo de los Blops, Los Jaivas o Música de Jardín, el grupo editó el LP Congregación viene… (1972, Machitún/IRT) antes de disolverse.

–Fue de las primeras cosas que escuché –explica ella–. Creo que hasta intrauterinamente. Son cosas muy potentes, igual. Como hasta los cinco años tuve un problema auditivo, un alto porcentaje de sordera, no total, pero con una sensación muy acuática, y mis primeros recuerdos sonoros más potentes son de ese tiempo, entonces Congregación también lo tengo ligado a eso.

–¿Tu conciencia del grupo vino después?
–Claro. Lo primero fue sensorial. Después crecí y conocí el fenómeno de Congregación, que es demasiado psicodélico para el contexto geográfico y político. Aparte que no está sólo lo musical, sino también lo lírico, y las letras me remiten mitad a Tíbet y mitad a Asís. Mi papá me mandaba cuentos que eran canciones, llenos de animales, de montañas, de ríos, y era la misma voz de Congregación, que venía en esa música que me mandaba cuando estábamos lejos.