Alfonso Rubio, guitarronero de Pirque
Las nuevas manos del guitarrón
Es parte del elenco que acaba de editar el disco Guitarroneros de Pirque, una grabación que recoge el arte de cuatro de los cinco cultores de este instrumento chileno único en el mundo. Y además es el eslabón entre esa tradición pircana y la difusión del instrumento entre músicos más nuevos. Alfonso Rubio, de 46 años, trabaja con la raíz, pero ya en 1985 conectó su guitarrón a un amplificador. "Y un payador me dijo que cómo podía estar tocando un guitarrón electrónico. Entonces yo le pregunté si el micrófono que tenía era a vela", recuerda. "Tenemos que mantener la raíz, pero eso no significa estar estancado".

David Ponce | fotos: David Ponce / Asociación Gremial Nacional de Poetas Populares y Payadores


Es el más joven de una familia en la que creció con el canto y el guitarrón al alcance de la mano. También es el más joven del pueblo donde se quedó a vivir el guitarrón en Chile, y desde donde ahora se ha proyectado en todas direcciones. Alfonso Rubio Morales tiene 46 años, es el hermano menor del célebre payador, cantor y guitarronero Santos Rubio y es el que baja el promedio de edad en el elenco de los cinco experimentados guitarroneros de Pirque, ciudad al sur de Santiago en la Región Metropolitana. Pero también es el eslabón entre esa tradición pircana y la difusión del instrumento entre músicos más nuevos.

Sus herramientas son varias. La más reciente es Guitarroneros de Pirque, el flamante disco que acaba de publicar junto a tres de sus compañeros, Santos Rubio, Chosto Ulloa y Juan Pérez Ibarra. Pero también están los encuentros de guitarroneros que viene gestando desde 2002 en la misma ciudad y el taller de guitarrón que dirige desde 2000 en la Municipalidad de la vecina ciudad de Puente Alto. Ahí enseña a tocar este instrumento de 25 cuerdas afinadas por órdenes de a cinco, que se ha usado por siglos para acompañar el canto a lo divino, de versos religiosos, y el canto a lo humano, de versos mundanos, que a su vez pueden ser improvisados, es decir payas. Esta es la clase de Alfonso Rubio.






Pirque es la cuna del guitarrón, el lugar donde ese milagro sonoro y rústico de madera y cuerdas se mantuvo vigente gracias a cultores entre los que figuran maestros y hasta antepasados familiares de los hermanos Rubio Morales. Raúl Chosto Ulloa, otro de esos patriarcas aún vigentes, recordaba en 2000 la casi desaparición que experimentó el guitarrón, y el renacimiento que empezó a registrar desde entonces.

En buena parte el taller de Alfonso Rubio tiene que ver en ese resurgimiento. El taller fue iniciado precisamente en 2000, en conjunto con el disco El guitarrón chileno - Herencia musical de Pirque (2000, Fondart). Hoy funciona todo el año entre marzo y diciembre con un número de entre cuatro y seis alumnos, que en sesiones semanales aprenden no sólo el guitarrón, sino además todas las expresiones que lo acompañan.

–Es como enseñar a leer a alguien: enseñar el abecedario, juntar algunas letras y se van solos. Trabajamos desde en aprender a tocar el guitarrón hasta pasar a la poesía, la cuarteta y la décima y la improvisación. Y terminamos en esa forma, en la paya –explica Alfonso Rubio. Cantor, payador y guitarronero. Alfonso Rubio tiene entre sus oficios también el de la paya, que empezó a aprender a los diecinueve años como parte del histórico elenco que su hermano Santos Rubio, el Piojo Salinas, Pedro Yáñez y Jorge Yáñez formaron hacia 1980.

Lea acá sobre cómo es un encuentro de payadores




–¿Existe un método para enseñar el guitarrón o hay que inventarlo?
–Tenemos un método que enseñamos a través de números y que los alumnos pueden entender. El guitarrón tiene cinco ordenanzas –dice, en alusión a los cinco grupos de cinco cuerdas–. La primera al aire es un 10, la segunda es un 20, la tercera 30, la cuarta 40 y la quinta 50. Y los espacios para poner los dedos están señalados también con números: la primera ordenanza en el primer espacio es un 11, la segunda en el primer espacio es un 21, y así.

–¿No es así como aprendió usted mismo, por ejemplo?
–Ni yo mismo le puedo explicar cómo fue cuando aprendí a tocar el guitarrón, porque no había método ni nada cuando me enseñó Santos –recuerda, en alusión a su hermano, que lo acompaña en la foto–. Así era. No había una forma de enseñar. Inclusive cuando eran los años '80 yo le preguntaba a Santos, a Roberto Peralta (otro payador de la época), cómo se hacía una décima, y no sabían explicarme. No había un orden, un método.

–¿Así era antes, uno aprendía más mirando que preguntando?
–Con el tiempo se fueron descubriendo métodos hasta llegar a lo que es hoy día, en que una persona puede aprender la décima en cinco minutos. Es muy diferente. En ese tiempo yo escribí algo en un cuaderno y al tiempo fui a verlo y no entendía ni yo. Se aprende con las ganas, no más. Fíjese que Manolito Saavedra (el más veterano guitarronero de Pirque, de 85 años) yo no tengo idea cómo pudo aprender, porque no sabe explicarle nada a usted. Y él sabe tocar. Yo no sé si él eligió el instrumento o el instrumento lo eligió a él.

–¿Y usted, eligió el instrumento o él lo eligió a usted?
–En el caso mío yo creo que yo elegí el instrumento. Pero ése es un misterio, oiga, que tiene el guitarrón. El rabel también (instrumento de tres cuerdas tradicional campesino, similar al violín). Son instrumentos nobles. El instrumento tiene vida propia. Tiene espíritu. Eso hace que sea un instrumento noble.

Lee sobre Manuel Saavedra y otros patriarcas en un encuentro de guitarroneros




La canción nacional tocada a puro guitarrón y cantada por todos los presentes suele ser la bienvenida oficial a los encuentros de guitarroneros que desde 2002 vienen siendo organizados en Pirque. El primero fue realizado en los predios de la Universidad Católica en el lugar, y a contar de 2003 las versiones sucesivas han sido gestadas por la Agrupación de Guitarroneros de Pirque de la que forma parte Alfonso Rubio.

Ahí llegan cultores de diversos lugares de Chile, desde nortinos como Pablo Tamblay y Talo Pinto, de Copiapó y Coquimbo, hasta sureños como Luis Durán, de Coronel, y en medio toda la gama de cultores y cantores de la zona central representada por gente como Arnoldo Madariaga padre y Arnoldo Madariaga hijo, de Cartagena; Myriam Arancibia y Francisco Astorga, de Codegua, o Juan Carlos Bustamante, de Rancagua.

Entre los anfitriones, el aludido Manuel Saavedra, de 85 años, es el más veterano de esos cultores. Luego, en orden de edad, prosiguen los cuatro que acaban de grabar el disco Guitarroneros de Pirque: Osvaldo Chosto Ulloa, de 71 años; Santos Rubio, de 70; Juan Pérez Ibarra, de 53, y Alfonso Rubio, de 47. Y si no es primera vez que todos ellos graban un disco, éste sí recoge una variedad mayor y, más allá del canto a lo divino, incluye cuecas, tonadas y valses.

–El guitarrón es un instrumento de acompañamiento para el poeta, y lo más fuerte siempre es el canto a lo divino, pero desde siempre también se han tocado cuecas, tonadas. Se pueden hacer otras cosas también, pero sin olvidar lo que es la raíz –explica Rubio, que en el disco canta un verso a lo divino junto a Chosto Ulloa, pero en vivo hasta está estrenando una cueca en homenaje a Puente Alto. Canto a lo divino y a lo humano, y a lo rural y a lo urbano.

Lee una reseña del disco Guitarroneros de Pirque (2007).




–¿Hay espacio para la innovación en el guitarrón, o es más fuerte la raíz que mantener?
–Hay un dicho que dice que el canto va cambiando con las culturas y con los tiempos. Entonces nosotros tenemos que mantener la raíz, pero eso no significa estar estancado, igual hay que innovar, hay que hacer algo nuevo. De hecho es un deber, yo creo, que cada cantor invente sus melodías, manteniendo su raíz.

–Además de las melodías, que son cantadas, ¿los toquíos del guitarrón sí deberían ser más apegados a la tradición?
–Eso da para inventar algo nuevo también. Saliendo auténtico, es reponsabilidad de cada persona. Si lo hace bonito, bienvenido sea. Y si lo hace mal va a ser condenado por el mundo. Son dos posiciones: una es hacerlo bien y otra es hacerlo mal.

–¿Hasta enchufarlo a un amplificador es una posibilidad?
–Bueno, mire, yo, sin ser humilde, fui el primero que puso un amplificador a un guitarrón, como en el año '85. Y la crítica la tuve al tiro. En una pregunta de payadores, me dijeron que cómo podía estar tocando un "guitarrón electrónico". Entonces yo le pregunté si el micrófono que tenía era a vela. Todo en paya. Tenemos que ir facilitándonos con la tecnología que hay. Lo que no tenemos que perder es la tradición, pero quizás mañana qué tecnología van a inventar y vamos a tener nuestro guitarrón ahí con su 25 cuerdas quizás de qué lo tendremos que hacer, a lo mejor no va a ser de madera. Tenemos que viajar junto con la tecnología.

–Las payas, como son improvisadas, se pueden tratar de cosas actuales. ¿Eso ayuda a mantenerla viva también?
–Los poetas estamos creando lo actual. No nos quedamos en el pasado. Los que tienden de repente a hacerlo son los conjuntos folclóricos, de bailes y canciones del 1800 que ya se fueron y que quieren que estén presentes. Las que han perdurado están presentes, la tonada, la cueca, con letras vigentes, y es por eso, por la vigencia de las letras. La semana pasada fui a ver a un poeta, Audilio Reyes, sobrino de Juan de Dios Reyes (el formador que tuvo Santos Rubio en el guitarrón hace sesenta años), y me dijo "Hice un verso por los pájaros". Y en el medio pone a la diuca que estaba bailando reggaetón. Y la diuca bailaba reggaetón. Y yo lo encontré súper lindo. Porque ése es el baile que escucha la gente ahora.

www.payadoreschilenos.cl
Alfonso Rubio: (09) 543 8669.

 

Guitarroneros del futuro

Jóvenes guitarroneros como Javier Riveros, Fidel Améstica, Dángelo Guerra, Cristóbal Menares, Miguel Ángel Ibarra, Gabriel Valenzuela, Alfonso Ureta y Eric Gil, que además se ha dedicado al canto a lo divino, son algunos de los hombres que ha formado Alfonso Rubio en su taller.

Pircano como su maestro es Javier Riveros, payador y conocedor del guitarrón desde la niñez a través del canto a lo divino. También guitarronero y payador es Miguel Ángel Ibarra, nacido en la cercana Puente Alto, quien además ha incorporado el instrumento a su oficio de profesor de educación musical.

Entre esta generación, Fidel Améstica (foto 1), nacido en 1974, ha privilegiado sobre todo el oficio de instrumentista y también compositor. Así lo ha demostrado en versiones del encuentro de guitarroneros de Pirque en 2004 ó 2006, donde ha presentado desde arreglos propios hasta canciones de Violeta Parra traducidas a las 25 cuerdas del guitarrón.

A su vez, Dángelo Guerra (foto 2), nacido en Santiago en 1980, llega al guitarrón después de describir un recorrido que ha incluido música para teatro con La Patogallina Saunmachín (con quienes fue parte del elenco de la obra El húsar de la muerte entre 2000 y 2003), cueca con Los Trukeros y ahora canto a lo poeta y guitarrón, además de tocar guitarra, teclados y acordeón.