Los Mil Jinetes salen de paseo
Música de campo, a paso de hombre
A Los Mil Jinetes les gustan los boleros y las rancheras, pero también el folk gringo y el rock clásico. Componen y graban sus canciones en el campo, pero viven en la ciudad. Y son un dúo pero en vivo tocan diez. "Diez es un buen número y mil es múltiplo de diez", dicen. Sin muchas expectativas, se han inscrito con uno de los primeros discos a los que hay que poner atención este año, Ándate cabrita, nueve canciones que rescatan un poco de cada una de sus influencias. Cristóbal Briceño, también líder de Fother Muckers, cuenta cómo se formó el dúo, habla de Copequén y de lo que busca cuando compone.

Por Luis Felipe Saavedra | Fotos: archivo de Los Mil Jinetes / El Reportero


Si un amigo no los hubiera invitado a tocar hace un par de semanas, el pasado 31 de enero en el bar El Living del Cine Arte Alameda en Santiago, es probable que Los Mil Jinetes no aparecieran en vivo nunca. El dúo entre Andrés Zanetta, de 23 años, y Cristóbal Briceño, de 22, este último también a la cabeza del cuarteto Fother Muckers, ha invertido mucho tiempo y creatividad en sus canciones, pero para darse a conocer han hecho poco más que crear una cuenta de Myspace y un fotolog.

Eso hasta ahora. Apurados por la fecha de lanzamiento de su debut, Ándate cabrita (2008, Cazador), pusieron manos a la obra: hicieron copias artesanales de su disco y convocaron a varios amigos, entre los cuales se cuentan integrantes de bandas como Teleradio Donoso y Adrianigual, para que los acompañaran en el concierto. De esa manera, nació una orquesta que no toca ni música tropical ni tampoco pachanga ni ska, pero que en vivo suma diez músicos. Un número llamativo, pero que no es más relevante que las mismas canciones, bien calibradas en su instrumentación y con melodías que se quedan en la memoria fácilmente.






El pihuelo es una bebida muy chilena. Es la nutritiva mezcla de chicha con harina tostada y se consume principalmente en el campo. "Pihuelo" también es el nickname que Cristóbal Briceño, la mitad de Los Mil Jinetes, utiliza en Messenger para la siguiente conversación a la distancia.

–¿Te gusta el Pihuelo?
–Ah, sí. Y el nombre es como de pájaro. Una maravilla de la lengua. Aunque en realidad el pihuelo es una parte de la espuela: los pihuelos. Es súper rico el pihuelo. No te das ni cuenta y estás dado vuelta.

–¿Y te haces pihuelo en los carretes, mientras todos toman piscolas?
–Más que nada en Copequén (pequeña localidad de la comuna de Coinco, en la Sexta Región), si no soy tan alternativo. Donde fueras haz lo que vieras. Acá (en Santiago) tomo ron, no más, y Brahma.

–¿Eres de Copequén?
–Yo soy de Santiago, nacido y criado. Pero mi papá y toda mi familia paterna son de Copequén. Voy con cierta frecuencia y además ahora a todos los amigos les gusta ir. Es como el "boom Copequén", pero yo sé que va a pasar y todo volverá a ser como antes.

–¿Cuál es la gracia de Copequén?
–Es súper bonito y no tiene ninguna pretensión, y está mi abuela que es flor de mujer. Me trata como si fuera enfermo terminal. Con el Zanetta grabamos los dos discos de Los Mil Jinetes allá. El que sacamos el otro día y el que vamos a mezclar/arreglar este semestre. Grabamos el primero el verano pasado y el segundo este verano y el tercero el próximo y así. Nos vamos una semana y el resto del año mezclamos, componemos y grabamos los arreglos. Y volvemos a mezclar una y otra y otra vez, hasta que ya basta.

–¿Cómo graban?
–(Con el software) Cool Edit, pero no le digas a nadie. Lo que pasa es que lo hacemos con muuucho cuidado. El Zanetta trabaja súper bien, es muy cuidadoso también, entonces no nos cuesta ni un peso. Pero le dedicamos harto trabajo.

–¿Zanetta toca en otra banda?
–No. Un tiempo traté de que tocara con los Fother Muckers, pero el hombre necesita más calma para trabajar. Con Los Mil Jinetes es todo a paso de hombre, como muy acertadamente dijiste (leer comentario de concierto). No nos interesa tanto tocar en vivo.

–El nunca bien ponderado "proyecto paralelo"
–Me carga la palabra proyecto, pero se podría decir que sí.

–A mí también. Banda, entonces.
–El otro equipo de música.




–¿Desde cuando se juntan? ¿Cómo nacieron Los Mil Jinetes?
–Nos conocimos en tocatas, amigos en común, después fuimos parte de un grupo súper malo, como todo grupo iniciativo, pero nos hicimos muy muy amigos. Íbamos a su casa y grabábamos canciones, que por lo general yo había escrito, y le metíamos otros instrumentos. Las grabaciones que íbamos haciendo (tenemos muchísimas) las enmarcábamos en diferentes agrupaciones, como la Orquesta y Coro Los Innombrables o la Bandita Análoga de Charca Chita. Son grupos fantasmas en realidad, tienen unas canciones rebuenas, algún día las escucharemos de nuevo y nos harán felices.

–Yo creo que fue el 2006, cuando empecé a pensar en serio en irme de mi casa, que se me ocurrió la idea de que podía vivir en parte tocando en clubes o pubs –agrega el cantante–. Canciones mías, digo. Entonces le dije al Zanetta "oye, ayúdame a grabar un demo para ir a entregar a los locales". No me pescaron ni en bajada, pero al Zanetta le gustaron caleta, entonces a pesar del fracaso inicial seguimos grabando canciones y combinamos ese sonido súper rustico con el que tenía el "proyecto individual" de Zanetta en esa época (Los Ejemplares) y ya, carajo: Los Mil Jinetes. ¡Cha-rán!

–Los Mil Jinetes no fue pensado como una banda de muchos integrantes, entonces.
–Jamás.

–¿Cómo llegaron los demás?
–Los muchos integrantes se deben a que las canciones lo requerían. Salió la fecha para el 31 (de enero) en El Living y nos pusimos a pensar en amigos que pudieran tocar. Varios nos habían dicho que si alguna vez tocábamos los invitásemos, como el (Cristóbal) Fredes, maravillla de guitarrista; o Gonzalo Nuñez, el arreglador más delicado de la décima región, la Nina Linda (violinista), que es una lástima que no se haya escuchado tanto en el concierto, porque es más ingeniosa que el diablo. En fin, diez es un buen número y mil es múltiplo de diez.

–Entonces ellos se aprendieron las canciones que ya estaban compuestas y grabadas
–Claro, y nosotros fuimos como los directores musicales. Igual éramos tantos que sólo pudimos ensayar cuatro veces, pero estuvo bien, nos divertimos mucho y nos dimos a entender. Ensayamos en la casa de Zanetta, de donde fuimos prontamente desalojados, después en el departamento de Gonzalo Vargas (bajista de Adrianigual) y por último en el departamento de Fredes (de Teleradio Donoso). En estas dos últimas partes era como tocar en la feria, uno arriba del otro. Pero todos tenían súper buena voluntad. Lo pasé increíble montando la tontera, en la mesa de al lado terminando los discos que dibujamos y pintamos a mano. Era como ser hippie sin ser hippie, lo que es un alivio.

–¿Esa es la formación con que van a seguir tocando?
–En caso de seguir tocando, si nos invitan, encantados armamos el equipo de nuevo, pero no creo que vayamos a tocar tanto como un grupo normal.

–¿Por qué?
–Porque nos dedicamos más a la hechura de canciones que a interpretarlas en vivo. Lo que si es posible es que toquemos aquí o allá con cuatro o cinco músicos, pero lo de los diez tipos lo reservo para casos especiales. Nadie sabe qué va a pasar. En realidad no nos interesa para nada tener un grupo de pop ni ser famosos ni nada. No tenemos interés en publicitarnos, tampoco tenemos problemas con que ese interés se genere.

–Pero resulta muy atractivo ver tanta gente en un escenario.
–Si, es como equipararte más con el público: frente a ti hay caleta de gente, pero atrás tuyo hay otros tantos.




–¿A qué se debe la estética campestre en las letras e imagen de Los Mil Jinetes?
–Mmmh... se me hace más cómodo escribir desde lugares más quietos. O sea, me gusta fijarme en el movimiento y en el cambio, pero ojalá siempre sentado en un lugar que no se mueva mucho, y si hay algo que cambia poco es el campo. Las montañas son las mismas, el río es el mismo, la once es la misma. A otros se les hace más fácil escribir desde lugares más vulnerables o frágiles. O más dinámicos.

–¿Escribes en el campo?
–Escribo donde sea y mastico las ideas todo el rato. No con la intención de "ésta va a ser una canción", pero después se va depurando solo.

–Pero las letras sí hablan del campo, no sólo están escritas "en" el campo.
–Ah, claro, pero es que específicamente "Los caminantes" se trata de Copequén, de un paseo a la isla que hice con unos amigos. Y "Muy lejos de aquí" se trata de Mañihuales, de los recuerdos que me dejó estar tanto allá cuando niño. Pero creo que las otras canciones son menos localistas.

–Igual hay caballos en su Myspace, se llaman Los Mil Jinetes y se ponen sombreros de ala ancha.
–Ja ja. Qué puedo decir, es verdad. No puedo hacer nada contra ello. Te voy a invitar a Copequén algún día.




–¿Qué pretenden con el disco?
–Nada, que el que lo escuche le dé el tiempo que necesita para mostrarse como el gran trabajo que creemos haber logrado. Está hecho con  mucha dedicación y con mucho trabajo de artesanía. Tiene mucha intención y creo que ofrece hartos puentes para con el oyente. Si me preguntas qué pretendo, diría que espero que el oyente pueda cruzar el puente. La cultura de MP3 lo hace más difícil, pero hay que confiar.

–¿Por qué lo hace más difícil?
–Porque se escuchan puros greatest hits o música de moda. Es como darse un festín personal todo el santo día. Entonces quizás alguien ponga un tema de Los Mil Jinetes en su pendrive, pero yo creo que el mismo tema se enriquece en el contexto del disco. Por lo mismo es un disco más bien corto, para que junten más ganas de escucharlo de corrido. Tampoco pienso que sea la única manera de escucharlo, cada cual con su cada cual, pero al menos así se nos hace más disfrutable a nosotros.




En las nueve canciones que incluye Ándate cabrita, Los Mil Jinetes despliegan influencias que van desde la música tradicional mejicana, el bolero, rock a lo Beatles, folk y melodías de pop cándidas. Una amplitud singular para músicos menores de veinticinco años.
 
–Nos gusta mucho Javier Solís, Antonio Aguilar, el trío Los Panchos y en general el bolero me parece un lenguaje muy desarrollado –dice Cristóbal.

–Algo de country y folk gringo hay también.
–Bueno, Wilco es un grupo que admiro como una colegiala, a Zanetta le gusta harto Devendra Banhart, y yo también lo he aprendido a querer a pesar de todos mis prejuicios. Yo veo videos de sus entrevistas y lo encuentro tan afectado y digo "este •#*%º*", pero después escucho sus canciones y no me pueden no gustar. Es una lucha que ya ganó el marica ese. Ja ja.

–Es una faceta más acústica que la que desarrollas en Fother Muckers. Entran otras influencias.
–No, yo me doy chipe libre para las dos bandas. Pero claro, en los Fother Muckers con puros instrumentos eléctricos dan ganas de violentarse.

–Hay canciones que podrían funcionar para ambas bandas
–Quizás, pero prefiero que estén así, que las cruce un río. Además, Zanetta es súper importante y Zanetta no está en los Fother Muckers y con el Héctor y el Martín del Real (de Fother Muckers) pasa lo mismo a la inversa. Quedé como rey.

–Sus canciones se asimilan fácilmente y pueden ser escuchadas por "grandes y chicos" como dicen. ¿Eso será "música popular"?
–Eso es tradición y diversión. Sí, quizás eso sea música popular. Que sea lo suficientemente inteligente y perceptiva como para que gente de cualquier parte se le pueda encaramar.

–¿Y eso es lo que buscas?
–No. Yo busco dentro de mí y esas no son palabras vacías. Trato de comunicarme lo mejor posible, pero no estoy pensando en hacer el "Cumpleaños feliz" o "La marsellesa".

www.myspace.com/losmiljinetes

 

Sello Cazador: a la caza de la solución

Diego Sepúlveda es el representante de Fother Muckers y cuando escuchó a Los Mil Jinetes se interesó en editarlos. Para eso creó el sello Cazador.

–Fundé este sello principalmente porque quería tener el control de las cosas que pasaban con la música –explica–. Estaba aburrido de las esperas y los intermediarios, de la burocracia en general. Como lo demostramos con Los Mil Jinetes, puedes presentar una banda en sociedad el lunes, hacer su primera tocata un jueves y vender los veinte discos que grabaste en tu casa hasta tarde la noche anterior. El hastío que me provoca la burocracia y la falta de conocimiento de la "industria" musical hicieron que abriera el sello, me siento menos contaminado de todos los desencantos de la gente que anda por la vida diciendo "el CD ya murió, la industria murió, vendamos pendrives con canciones y salvaremos nuestro negocio". Pero principalmente creo que soy un tozudo y me gusta llevar la contraria a todo, esa sería la razón principal.
 
–¿Por qué "Cazador"?
–Es bastante fome la historia, pero bueno: yo le quería poner Indieana Records y Cristóbal (Briceño), que por ese entonces me había insinuado que quería ser mi socio, un día me dijo que le parecía súper snob. Yo también creía eso, pero como yo no me sentía snob me daba lo mismo. De hecho ese nombre viene de un programa de radio (Indieana Rocks) que hacíamos con mi mejor amigo, Dibb Rostión, y que se dedicaba a la vanguardia. La cuestión es que cuando un día estaba echado en el living de mi abuela y tomé un libro que le había prestado a ella, era "Días de ron" de Hunter S. Thompson, sentí que este escritor nunca le tuvo miedo a las cosas y tan sólo las hacía. Tenía muy bien puesto el nombre, entonces me dije "así van a ser las cosas" y llamé a Cristóbal y le dije: "Oye, ya tengo nombre: Cazador" y recuerdo que él se puso súper contento y me respondió: "Hombre, pasaste del negro muy negro al blanco muy blanco". Y eso fue todo.

–¿Qué te interesó de Los Mil Jinetes para editarlos?
–Tienen algo que es fresco y a la vez reconocible, para mí tienen elementos como los de las películas de (el director de cine honkonés) Wong Kar-Wai, aunque suene extraño decirlo. Algo que nos es lejano y nuevo, quizás para nosotros los occidentales, pero que al mismo tiempo está lleno de elementos reconocibles. Y también porque creo que son un aporte, aunque suene cliché decirlo, a la música nacional no sólo en lo musical sino en la actitud que han tenido para hacer las cosas y creer en un sello nuevo.

–¿Cuales son los próximos pasos de Cazador?
–Los próximos pasos de CZDR son editar en una versión "industrial" el disco de Los Mil Jinetes con varias copias y todo eso que estará a finales de febrero o comienzos de marzo. Y también pensar en cómo enfrentarnos a esta época que vivimos en donde sellos como nosotros se hunden todos los días. Como dije el día del lanzamiento, uno tiene que elegir ser la solución y no el problema, y eso es lo que haremos.