Diego Peralta, de las canciones a la banda sonora
Qué se puede hacer salvo ver películas
Entre el inicio del festival de cine Sanfic en Santiago y los días posteriores de la muerte del director de cine Raúl Ruiz en París, un nuevo nombre aparece desde Valparaíso. Pero no está vinculado directamente a la cinematografía. El quinto disco de Diego Peralta tiene canciones, pero es la banda sonora dedicada a "Mejor no fumes", película dirigida por su hermano Daniel Peralta y que este fin de semana se estrenó en la capital. "Siempre quise hacer una banda sonora. Era mi sueño", dice. Ya la tiene.

Iñigo Díaz | fotos: archivo de Diego Peralta


La diferencia entre el cancionero y la banda de sonido, en el caso del porteño Diego Peralta, es apenas el nombre adjunto a una categoría. Una melodía cantada puede ser también música incidental si lo requiere una escena, según su propuesta. Eso, aunque la doctrina de la composición para imagen diga lo contrario. Peralta llegó esta semana a la capital para el estreno de "Mejor no fumes", la primera película de su hermano mayor, Daniel Peralta, y donde Diego apareció como compositor primerizo de su soundtrack. "Mejor no fumes" ya se había presentado este otoño en el Festival de Cine Digital de Viña del Mar, dentro de un circuito de salas alternativas y lejos de los cines comerciales. "Es que es la plataforma en la que nosotros nos movemos. El próximo años vamos a liberar la descarga de la película en el sitio Cinepata.com", dice Diego Peralta desde Valparaíso. "Es nuestra realidad no más, no hay otra. Es súper difícil que las películas chilenas se exhiban en grandes cadenas, como Hoyts o Cinemark. Esto es un fenómeno netamente generacional: nos va quedando la herramienta de la Internet o la posibilidad de mostrarla en festivales de competencia"

–¿Cómo la ha ido a la banda sonora? Es un producto aparte de la película.

–Ha tenido bastante circulación en los medios y además el público la está escuchando. Es cierto que son dos cosas distintas, aunque lógicamente están relacionadas. Y por lo mismo es algo que yo considero que se ha perdido: ahora ningún músico o compositor publica o edita la música de una banda sonora. Antes sí se hacía mucho. Antes uno podía comprar un disco con la música de una película que te gustó.

–¿Entonces Mejor no fumes es una banda sonora nada más?

–Es prácticamente un disco oficial mío. Así lo consideré desde el comienzo. Son canciones, pero en función de música incidental. Hay de todo. Yo trabajé en la producción artística y en la producicón musical. Mejor no fumes tiene canciones instrumentales y otras en formato de canción, que vinen a continuar el camino que yo establecí en el 2009 con mi segundo disco, Nadar.

–¿Nadar lo consideras tu segundo disco, no el cuarto? Antes hay dos ediciones más.

–Antes del 2008 tengo esos dos discos (Canciones para escuchar al mediodía y Desde ningún lugar), pero prácticamente están abandonados. Los tengo olvidados. Mi debut se produce más bien con De lo humano sin corazón, ese 2008. Desde allí fue que empecé a circular con conciertos. Y desde allí fue que llegué ahora a esta banda sonora.




–¿Cómo compone un autor de canciones una música que tiene una narrativa completamente distinta?
–Desde hacía mucho tiempo que quería componer una banda sonora. Era como mi sueño de toda la vida. Quería escribir música incidental acompañada de imágenes. En este caso, me empezó a llegar más información cuando pude ver las imágenes de mi hermano. Cuando te pones a componer sobre la imagen, uno saca más ideas. Así pude conducir este disco de música incidental a un lugar en que a mí me acomodaba más, con mucho piano y con un ritmo más pausado. 
 
–¿Compusiste sobre el guión en algún momento?
–Obviamente leí el guión para conocer la historia y sus personajes, pero cuando me llegaron algunas escenas ya editadas, ahí recién se empezó a concretar el material. Yo sabía hacia dónde iba a estar encaminada la música, pero no tenía la información clara de la película. Igual se me hizo bastante sencillo, porque tengo un estudio en la casa que me permitió sentarme a cualquier hora del día o la noche para grabar, sin la presión de tener que estar en un estudio. Me salió súper natural.
 
–¿Cuánto te tomó el proceso de composición y producción? ¿No hubo presión de Daniel Peralta?
–Fueron unos cinco meses, desde que empecé a tirar las líneas de la primera canción hasta que ya cerré el disco. Hay una primera parte que está formada por temas y canciones de mi autoría, y al final aparecen tres o cuatro colaboraciones con otros músicos. Esas canciones también tienen su momento durante la película.




–¿Con quiénes trabajaste en ese apartado?
–Con Javier Barría, Guille Arancibia, Momo Ferreira y un actor de la película que también es compositor, Fernando Mena. A ellos los grabé en mi casa, mientras yo participé tocando algunos instrumentos.
 
–¿Qué tipo de participación tiene el actor Fernando Mena en el disco?
–Un doble papel en el proyecto. Es un personaje de la película y además canta una canción en la banda sonora. Se llama "Velocidad", que grabó especialmente conmigo. Él puso la voz y yo hice los instrumentos. Con Javier Barría pasa algo parecido, salvo que él trajo una canción suya ("Otra piel"), y salió una versión nueva. Con Momo Ferreira ("Sin afán") yo me dediqué al proceso de masterización y producción. Guille Arancibia colaboró con una canción ("Lo correcto"), donde yo grabé un par de guitarras y trabajé en la masterización y la mezcla.




–Tu historia como solista es muy precoz. A los dieciocho años ya tenías dos discos.
–Me lancé a componer y grabar muy temprano. Tengo esos discos, pero están medio enterrados. Llegó un momento de la vida que quise dejar todo eso de lado y partir de nuevo. Ese repertorio tenía mucho de taller y yo quería grabar bien las canciones. Son discos olvidados. Pasó más tiempo antes de instalarme en la escena independiente de Valparaíso, con el disco De lo humano sin corazón. Salí a tocar mucho afuera, a regiones, y ya en 2009, con Nadar, empecé a aparecer con mayor frecuecia en medios. También salí a tocar a Argentina.
 
–¿Ibas a tocar solo, con guitarra? ¿Un solista de ahora no necesita una banda?
–En ese momento lo hice todo solo. Tenía un formato simple, que me permitía moverme solo, con una maleta y una guitarra e igualmente podía tener un show potente con cosas súper reducidas. Ahora, en 2011, armé una banda, tengo músicos invitados y las canciones suenan igual a las grabaciones.
 
–¿Cuáles de esas más antiguas sigues tocando porque te las piden?
–"Sin ninguna bala", "... Sin corazón" y "Cuando no estoy bien" son importantes, pero de Nadar es de donde sale grueso del repertorio que tengo en vivo: "Tú", "Dibujar", "Frágil".
 
–Y no son las únicas que tienen una sola palabra en el título.
–Todo ese disco son conceptos de una sola palabra. Están conectadas, porque tiene un concepto muy parecido con lo que pasa con la película y sus canciones. Ese disco lo hice justo en una etapa importante para mí. Creo que el título lo sugiere de alguna manera. Cuando vas a nadar te encuentras en un contexto distinto. Estás como sumergido, en una especie de reencuentro contigo mismo. Todos los títulos de las canciones apunta a una acción: "Nadar", "Salir", "Buscar", "Sumergir", "Dibujar". Eso lo hice porque quería que el disco tuviera el mismo efecto que leer un libro o ver una película: que hubiera una recorrido, un relato contínuo.




–Es la grabación donde se oye más un piano que una guitarra. Un músico de rock puede defenderse tocando la guitarra a su manera, pero cuando hay un piano se supone que debe haber conocimiento más avanzado de armonía.
Nadar tiene como el setenta por ciento del material compuesto en el piano. Fue un cambio muy notorio para mí. Cuando chico yo estudié guitarra clásica en La Serena, donde nací. Eso me ayudó mucho. En su momento me desagradaba, pero ahora le tomo el peso de lo que significa conocer la guitarra, lo rápido que me permite componer o la forma en que la toco. El piano es algo distinto, porque empecé a tocarlo apenas tres meses antes de escribir la primera canción.
 
–¿Influye vivir en Valparaíso para escribir canciones? ¿Es realmente un lugar musical como se dice?
–Valparaíso tiene una carga poética súper fuerte y en mi caso se ve reflejado en las canciones. Me parece que es inevitable, porque la experiencia se pasa a las canciones: los viajes, los encuentros. Yo vivo en el plan, y toco en los pocos lugares que hay en Valparaíso. Ya los agoté. He tocado en casi todos. Por eso la dinámica del último tiempo ha sido tocar en regiones, hasta llegar a Chiloé.




–¿Investigaste en el lenguaje de la narrativa musical en el cine o te lanzaste a componer Mejor no fumes sólo por intuición?
–Mis influencias están en las bandas sonoras que he escuchado toda mi vida, mucho Danny Elfman, mucho John Williams y otros, pero en este disco en particular me llamó mucho la atención el trabajo de Jon Brion. Es un compositor que ha hecho la música de películas de Charlie Kaufman, como "Eterno resplandor de una mente sin recuerdos" (2004) o "Confesiones de una mente peligrosa" (2002). Él me influenció mucho, mucho para este trabajo.
 
–¿En qué términos?
–En términos auditivos, sonoros, timbrísticos, de la utilización del piano como una herramienta de códigos más importantes en la película. Básicamente, la música se va enlanzando con los personajes y sus sentimientos. Yo musicalizo escenas, no le dedico motivos a cada personaje, pero sí hay un main title (título central), que aparece un par de veces y que está relacionado directamente con el actor principal.
 
–Es Tomás Verdejo, de la serie "Los 80". Y se ve un Valparaíso distinto, medio lúgubre.
–Este no es un Valparaíso típico y cultural. Es un Valparaíso bien gris y allí se cuenta la historia del protagonista, que tiene un quiebre sentimental importante y luego conoce a otra persona. La película se mueve en ese solo lapso. Allí pueden pasar muchas cosas: volver a sentirse solo, volver a hacer cosas que antes no hacías. Se produce un crecimiento personal muy grande en ese momento. De eso habla “Mejor no fumes” y creo que también pasa con la música: para mí fue también fue un crecimiento grande.
 
www.diegoperalta.bandcamp.com

 

El arte del soundtrack: autores chilenos

La muerte del cineasta Raúl Ruiz remeció el viernes pasado a un país concentrado hoy en la figura de Violeta Parra, de regreso a la agenda mediática desde que "Violeta se fue a los cielos" (de Andrés Wood) apareció en cartelera y en tres días llegó a ocupar el primer lugar entre las películas más vistas en Chile. En opinión de entendidos, el arte de Raúl Ruiz está a la misma altura que el de Violeta Parra.

Detrás de sus películas autorales y experimentales siempre habrá una banda de sonido acorde a esa categoría. El nombre de Jorge Arriagada (n. 1943) no es del todo conocido entre los compositores chilenos, aunque ha sido él el responsable de la música de gran parte de esa filmografía: "La vocación" (1978), "Las tres coronas del marinero" (1983), "La ciudad de los piratas" (1984), "La isla del tesoro" (1985), "Genealogía de un crimen" (1997), "En brazos de mi asesino" (1998), "El tiempo recobrado" (1999), "Día de campo" (2004), "Klimt" (2006). Si las películas de Ruiz son difíciles de encontrar, para las bandas sonoras de Arriagada sería una misión arqueológica.

Jorge Aliaga (n. 1968, foto 1) es posiblemente el compositor chileno más dedicado al trabajo de la música para imagen. Viene de ganar este año el premio Jerry Goldsmith al mejor compositor en el Festival de Cine de Úbeda, en España. Es una distinción que obtiene por tercera vez, después de sus logros de 2008, cuando su partitura para "Testigos del silencio" (de Jaime Sepúlveda) a la mejor música para documentales, y en 2009 con "A un metro de ti" (de Daniel Henríquez) a la mejor canción para una película. Entre sus bandas sonoras figuran "Cielo ciego" (1998, de Nicolás Acuña), "Mi famosa desconocida" (1999, de Edgardo Viereck), y "Antonia" (2001, de Mariano Andrade).

Ángel Parra (n. 1966, foto 2), nieto de Violeta Parra, fue el encargado de grabar todos los instrumentos de cuerdas en "Violeta se fue a los cielos", desde las guitarras campesinas al cuatro, el guitarrón chileno y la mandolina. La película se basa en las canciones de la fallecida artista, y tiene además arreglos de cuerdas sinfónicas especiales escritos para acentuar la tensión por los compositores José Miguel Miranda y José Miguel Tobar.

En tanto, Gustavo León (foto 3), líder, cantante y guitarrista del grupo Jiminelson, está detrás de las canciones que forman la banda de sonida de "Música campesina", la próxima película de Alberto Fuguet.

Protagonizada por Pablo Cerda, está presentada en Estados Unidos como "Country music", dado que la acción transcurre en Nashville, cuna de la música country. "Le mostré (a Fuguet) un par de canciones en las que estaba trabajando para mi nuevo disco y coincidimos en algunas que podrían ser ideales para la película. Me dispuse a grabarlas en el estudio con orquestación y todo, como me las imaginaba para el disco. Sin embargo, parecían un poco complejas considerando el matiz simple y despojado del filme. Ahí fue cuando vino el experimento de deconstruirlas y grabarlas en vivo sólo con guitarra acústica", señaló a la prensa León.