Pebre

Cumbias
(2007, Pebre)

Andrés Acevedo

Quizá la crítica más elocuente de Cumbias, el insólito engendro musical de Pebre (Jorge Herrera, Andrés Valdivia y Andrés Waissbluth), haya sido dada por mi madre tras escuchar "Daniela" o "El galeón español", algunos de los retocados temas de este disco: "Tienen el valor de atreverse con canciones archiconocidas sin caer en el cliché, para hacer algo nuevo", comentó. Es cierto. A primera vista, parece un capricho de amigos treintañeros con ganas de jugar un rato, pero una primera escucha revela, sin mayores dilaciones, una muy buena idea que da para futuras entregas.

Pebre se define como "un proyecto de reciclaje musical enfocado en el inconciente colectivo". Tomando canciones enclavadas en las festividades más alegres, se les da un giro melancólico, devolviendo a sus líricas originales la polivalencia y ambigüedad que se les coartaba bajo ritmos eminentemente efusivos. Por ejemplo, "Un año más". La anécdota cuenta que Andrés Waissbluth (cineasta, director de "Los debutantes") conoció en un antiguo viaje a Coquimbo al autor de esta popular cumbia, Hernán Gallardo Pavez, un tipo solo, pobre. Esta figura grisácea, en claro contraste con la alegría atribuida a su obra, ya es un punto de conflicto que sirvió a Waissbluth y compañía para justificar su ardid. Pero no sólo eso. "Un año más", como confiaba entonces Gallardo al cineasta, es una canción triste por el énfasis dado a las notas menores de su melodía. Queda luego nuestro rol de receptores participativos, y "Un año más" siempre me ha llamado la atención por su sabiduría con sabor amargo, su hálito a muerte condensado en versos tan lúcidos y calmos como: "No importan los años que tienes / es el tiempo el que no se detiene". Obviamente, la gracia de la cumbia está en conjugar este derrotismo sereno con el jolgorio de su melodía, pero la posibilidad de una vuelta de tuerca siempre estuvo esperando su chance.

Digámoslo ya: Pebre ha dado en el clavo en su interpretación musical arraigada en nuestras raíces musicales, es decir, fundadas en un imaginario cebollero, triste y lluvioso. Querámoslo o no, las canciones melancólicas siguen siendo nuestra mejor joya de exportación. ¿Por qué? Esta respuesta se las dejamos a las siete canciones de Cumbias. Llenas de silencios y fracturas, y un temple insobornable de principio a fin, se dejan caer una a una, lavando la memoria y abriendo nuevos adeptos. La voz de Andrés Valdivia (creador del soundtrack de "Se arrienda"), lenta, casi confesional y cargada de otoño, se apropia de cada letra con solemnidad y dureza. Resulta apropiado hablar de baladas sadcore para el estilo de Pebre. Su impronta es un avance pesado, abofeteando con tramas electrónicas ásperas, que sólo quieren clavarse en nuestra sensibilidad. Las guitarras acústicas y eléctricas se cruzan en una batalla discreta, de arpegios limpios contra punteos sólidos de efectos espaciales. Se suma una drum machine sincopada, casi inaudible, que nos recuerda lejanamente la matriz original de cumbia, y los samplers de teclado engolan las melodías en su evocación onírica y de venenoso surrealismo.

"El galeón español" suena como un viaje a una infancia llena de esquinas no resueltas, de sueños inconclusos y remembranzas envueltas en alcohol. "Un año más", aún más lenta, pone los pelos de punta en su partida, con una ensoñación mortuoria marcada por los coros de Francisca Benítez, y va creciendo de forma imaginativa, casi apocalíptica, integrando los múltiples recursos con la ingeniería de Radiohead en Ok computer y el gauchismo del tango electrónico. También hay cierta ligazón con la apropiación exógena y puntillista de Café Tacuba al versionar canciones de Los Tres, y era que no, del mismísimo grupo penquista que derivaría en Álvaro Henríquez con canciones gemelas como "Hospital". Pero lo de Pebre no es un copión a la primera. "La piragua" levanta el ritmo, cargada todavía de la ensoñación distante de embarcaciones, y una interpretación más ligera de Valdivia, mostrando otras angulaciones propias y jugosas de este trío. Vuelven a hundirse con "La blusa azul", quitándole el aire picaresco al original, volteándola hacia un relato sofocante, de amor no correspondido, obsesivo. Los teclados y las guitarras se funden en una danza cinemática en el inicio, dejando una sección silenciosa en la mitad y cargando con más fuerza en el desenlace. Lo de "Daniela" ya parece un crimen. Es el track más difícil y pantanoso del repertorio, mezclando un avance beatlesco con un coro deudor de valses chilotes, para intoxicarse en una nebulosa de feedback de guitarras, la voz ultra-ralentada de Valdivia y capas ambientales y azufrosas de electrónica. Es la apuesta más forzada, donde abandonan la comunión con su público y se pierden aviesamente en sus propios limbos.

Cierran dulcemente con "Boquita de caramelo", que rescata nuevamente el otro lado, religioso y romántico de este tema, y la crepuscular "Lloro", donde la tristeza originaria cobra ribetes de western solitario con aires a valsecito peruano, agónico de alcohol, efervescente en susurros, errante y fractal en los ecos y doble capa de voces. Notable. La masterización de Cristian Heyne se marca en la pulcritud de cada capa, que se deja oír con peso y brilla con ánimo pegajoso. Porque estas otras Cumbias, sean un placer culpable o no, han llegado para instalarse con barcos y petacas en nuestro imaginario musical. Un reciclaje con proyección para descargar gratuitamente en su sitio web.

Temas: 1. El galeón español 2. Un año más 3. La piragua 4. La blusa azul 5. Daniela 6. Boquita de caramelo 7. Lloro.

Músicos: Andrés Valdivia (voz, guitarra, guitarra eléctrica, bajo, producción), Jorge Herrera (bajo, guitarra, piano, programación baterías, teclados, producción), Andrés Waissbluth (programación, baterías, producción).

www.pebre.cl



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