José Pérez de Arce

Son ido
(2002/2007, Fondart / Chimuchina Records / Pueblo Nuevo)

David Ponce

Ya no quedan muchos sapitos de cuatro ojos. Es una especie vulnerable, y próxima, sin embargo. No se supone que haya que ir de safari para escucharla. Es un anfibio, Pleurodema thaul, capaz de vivir en puntos de agua como ese paisaje litoral donde José Pérez de Arce fue a grabar su canto en septiembre de 2001, y es una de las tantas fuentes naturales de que está hecho este disco: grabaciones tomadas de los más diversos paisajes geográficos y humanos entre la austral isla Wellington y el pueblo de Livilcar en lo alto del Valle de Azapa, y entre los sapitos cuatro ojos playeros y los pájaros de un jardín en Colina.

José Pérez de Arce es músico e investigador del Museo de Arte Precolombino y gran parte de estos registros provienen sin duda de sus propias investigaciones de campo. Y cuando no es él quien graba, confía en los conocedores. Está el célebre testimonio magnetofónico que Anne Chapman hizo en 1966 en Tierra del Fuego de Lola Kiepya, la última mujer selk'nam, cuatro meses antes de su muerte a los 90 años. Están Carlos y Virgilio Renchi, herederos de la etnia kawésqar registrados por el profesor Óscar Aguilera. Están ciertos pájaros grabados por el ornitólogo Guillermo Egli. Y todos esos sones se asoman de a poco en el disco, primero solos, luego en combinaciones, después en bloques y es como si Pérez de Arce no sólo los uniera sino que pusiera a conversar entre sí a un arroyo con una mujer austral o a una flauta precolombina con el último alacalufe, todos hermanos de sonido que no se conocieran y que están hechos para entenderse.

La de Son ido es una inusual partitura que empieza en idioma selk'nam, luego deja entrar flautas nortinas o antaras y sapitos al mismo tiempo y después una voz kawésqar junto a una señora yámana. Puede ser música concreta o un documental remoto por igual, lo más evidente es que José Pérez de Arce arma una orquesta imaginaria hecha de instrumentos que ya no están y de los que sólo va quedando el eco prensado en este disco. Este es un inventario de esos sonidos: antaras y lakitas, nombres de flautas ancestrales de las culturas Nazca y Tiwanaku; el trompe de Isluga, instrumento metálico sustituido por la radio; el eco del pájaro carpintero sobre la madera del árbol, inolvidable después de haberlo escuchado apenas una vez. "Pajaritos, agüita de cordillera, mosquitas y viento", anotaba el autor hace cinco años en la carátula del disco original. "Todo tiene canción. Nosotros no la sabemos escuchar, ellos sí".

Es posible concentrarse en las fuentes tanto como en el resultado sonoro. Son ido no es sólo añoranza, sino también hallazgo, y para eso vale incluso samplear el zumbido de mosquitos, armar un loop con una de las hablantes del disco y mezclarlo con un carnaval de la nortina fiesta de la Virgen de las Peñas con flautas, tambor y matraca. Pérez de Arce se adelantó en unos cuantos años con este disco, publicado en 2002 y reeditado ahora por el sello Pueblo Nuevo. Él ya tocó con Música de Jardín en un grupo de rock como los que no había a comienzos de los '70; ya fue parte de un conjunto tan antediluviano como La Chimuchina para tocar flautas de piedra hechas siglos antes de Colón y hasta de Cristo; y ya ha mezclado tradiciones tan centenarias como el guitarrón y los bailes de chinos. Son todas formas de remontarse al son ido.

Temas: 1. Selk'nam. 2. Yámana. 3. Kawésqar.

Músicos: José Pérez de Arce, grabación y edición. Voces: Lola Kiepya (voz selk'nam), Úrsula y Cristina Calderón (voces yámana), Carlos y Virgilio Renchi, Margarita Molinari, Alberto Achacaz, José Ramón Paterito, Julio Tonko (voces kawésqar), Soria Mamani Chayapa (voz de Isluga). Músicos e instrumentos: coro y conjunto de Adolfo Ayka (pueblo de Livilcar), antaras de Nazca (flautas de pan), lakitas de Tiwanaku (flautas de pan de caña), trompe de Isluga. Sonidos naturales: ballena, sapito de cuatro ojos, carpintero, pájaros sin identificar, mosquitas, viento y agua de cordillera.

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