Fernando Milagros

Vacaciones en el patio de mi casa
(2007, Neurotyka)

Andrés Acevedo

Varias semanas antes del estreno del segundo elepé de Gepe (Hungría), el debut  de Fernando Milagros es otra variante interesante de cantautor por conocer. Si tomamos los aspectos más generales de sus recorridos, descubrimos que sus proyectos nacen como la necesidad de crear un registro propio, y desligarse, o desconectarse parcialmente, de formaciones grupales. No es extraño que al interpretar esas canciones sean acompañados por amigos que los ayudan a hacer real su imaginario estético. Por supuesto, terminan fusionándose en una nueva fórmula musical. En los casos de Daniel Riveros y Fernando Briones ésa no es una figura menor, pues corresponde a una tradición cultural que piensa y hace música con operaciones frescas.

En rigor no es nuevo que un cantautor nato (Fernando) se acompañe de otros músicos (Juan Falso y Juan Said) y busque melodías más simples, descomprimiendo el rock para llegar al piso del folk, mientras su estridente banda (María Milagros, donde es bajista y canta) está en receso (integrando a un nuevo baterista, Tomás Rojas). Pero lo que pasa en el proceso de introspección y búsqueda sí lo es. El músico, solo, conviviendo con sus ideas más íntimas y sencillas, combinando de forma consciente o no todo el bagaje de música-información de distintas épocas que deambula en Internet de un link a otro, sin contar cedés, cintas e incluso vinilos, sabe muy bien que puede levantar un registro coral  con el uso refinado de distintas referencias y técnicas. La fórmula, simple, se corona con el uso de softwares de grabación que darán a su sonido una calidad profesional. Sólo falta elegir los mejores instrumentos a la mano, dejar de lado lo prescindible y cocinar las canciones, a fuego lento, bajo,  sin presiones, guiados por su intuición, a su medida. Jugando con el romanticismo del lo-fi para armar pequeños caballitos de pop perfecto, que nada tienen que ver con intentos raídos y flojos.

Por supuesto, nada de esto es tan esquemático en la realidad. A fines de 2006, Fernando Milagros se encerró por dos semanas a grabar su disco, imbuido del just do it. Tenía una interfaz para su computador, tenía un micrófono. Tenía las canciones en su cabeza. Pero algo no resultaba. Cambio de planes. Partir de cero, nuevas canciones. Así, espontáneamente y en dos horas, nació "Pieza sola". Un arpegio de guitarra continuo, melancólico, y las palabras cantadas en un hilo, con tono nasal, notas agudas, mucha pausa, aire y tristeza, dejando que las sílabas revoloteen en los bordes de la música. En el coro, no más que la percusión de un triángulo. En "11:37 a.m. en el super", la propuesta silenciosa es de un minimalismo sugerente, usando en el fondo las texturas cálidas del teclado Casiotone como tejido electrónico que susurra, mientras la canción discurre con la seguridad solitaria que derrochara Nick Drake. Los sonidos se integran en un track cinemático como "La mierda en que vivimos", único instrumental, con un ánimo completamente opuesto al título que lleva. Las percusiones suenan bajo tierra, como bombo envuelto en brumas y campo, y el rasgueo elíptico va creando loops suaves, que aligeran el cuerpo y estimulan el viaje. O mejor dicho, la caravana.

Aquí es cuando entra la otra anécdota del disco, que, para muchos, no pasará inadvertida. El nuevo folk, como lo han llamado las revistas de música, es una corriente que no deja de atraer adeptos en el mundo. Fernando Milagros debe ser contado como uno de ellos. Dentro de las referencias folk y rock que Milagros cita (desde Johnny Cash a Nirvana, apuntando a Los Vidrios Quebrados), la burbuja de mayor peso es Devendra Banhart. Ese joven músico de veintitrés años e infancia trashumante entre Caracas y Venezuela es un artista extravagante que no dudó en cubrir canciones del folclorista venezolano Simón Díaz para su cuarto disco, el ambicioso Cripple crow (XL Recordings, 2005). En aquella "Luna de Margarita", y en muchas otras, Banhart dio con la interpretación menos tosca de nuestro idioma. Fernando Milagros hace lo suyo cantando en inglés, en la groovy "The way". Pero no se trata sólo de eso: en muchas otros temas su voz emula el timbre ululante y cavernoso de Banhart, captando también el espesor con que se dicen las frases, y otros juegos vocales muy particulares. Por otro lado, también recoge su forma umbría de mixtar los instrumentos para hacer canciones hipnotizadas, nanas sicodélicas, como de los momentos de jolgorio comunal. Pero Milagros no fuerza nada, y eso se nota. Tiene el tono y el timbre de Banhart, acude a los instrumentos con naturalidad y reposo propio. No hay un ápice de falsedad en Fernando Milagros. Y esto es tal porque, haya tomado conciencia o no, discurre drogado por el embrujo de Devendra y su caravana de hippies dulces y rocanroleros. 

Dicho esto, nada impide disfrutar de una canción tan sentida como "Río". La indefensión humana, la necesidad de crear un muro sónico protector (y Fernando sabe hacerlo desde María Milagros), la belleza azul y poderosa de su avance arrastra todas las emociones con el ronquido de la armónica. Y si le seguimos el juego, "Animal" muestra los dientes desde otro ángulo, con riffs electrizantes y sucios punteos sicodélicos, siguiendo desde una veta polvorienta, y no tan ruidosa, lo que hacen Tsunamis, trayendo también el efluvio acústico de Guns 'N Roses y el rock argentino de bandas como Los Álamos. Eso sí, la fiesta acústica se acerca más a lo que hace en "Los fantasmas". La clave general, desde el folk de alcoba hasta la templada canción rock de carretera, es la simplicidad inherente de quien toma vacaciones mientras canta.

Temas: 1. Mi ciudad. 2. Los fantasmas. 3. Animal. 4. Pieza sola. 5. La mierda en que vivimos. 6. The way. 7. Cumpleaños. 8. Canción del rey planta. 9. 11:37 a.m. en el super. 10. Río.

Músicos: Juan Falso (guitarra y percusiones), Juan Said (guitarra, acordeón y coros), Fernando Milagros (voz, guitarras, triángulo, acordeón, colchón-bombo, balón de gas, Casiotone).

www.myspace.com/fernandomilagro



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