Diego Morales

Calmao
(2007, Quemasucabeza)

Luis Felipe Saavedra

Hasta la semana pasada la producción más fresca del sello Quemasucabeza era Esquemas juveniles (2006), donde la cantante pop Javiera Mena debuta con melodías tarareables y ritmos pegajosos. Con tal antecedente, Calmao, de Diego Morales, sorprende al ser prácticamente lo contrario: casi no hay melodías, casi no hay ritmos, y difícilmente sonará en las radios. Certezas en ningún caso negativas, porque el segundo trabajo del músico más profundamente ambient de la escena local es uno de los mejores en su género editados hasta hoy.

Ni el trabajo que Diego Morales desarrolla desde 2002 junto al combo de sound sicodélico Fredi Michel ni su participación como bajista en vivo para la misma Javiera Mena sirven como referencia. Sólo el poco difundido debut El dub de los pobres (2003, Luna), que mezclaba paisajes abstractos con reminiscencias jamaicanas, dio pistas sobre su vocación de hipnotizador. Pero con Calmao va mucho más allá.

Como el pionero Brian Eno, Morales crea música discreta para aeropuertos y el avión que pilotea despega tan alto que es posible sentir los cúmulos, el viento y los tonos dorados del atardecer. Fenómenos naturales homologables a densas y múltiples capas de teclados, flujos sonoros y colores cálidos, tan apacibles que el nombre Calmao no puede ser más adecuado. La música se concibe como acumulación de timbres diversos antes que composiciones hechas de notas y ritmo, como las leves desafinaciones que recuerdan a Boards of Canada ("Antigua"), el complejo entramado entre sonidos y ruido de la extensa "Tatú" o la pieza celestial en la que prácticamente no pasa nada ("Laguna verde").

Las trayectorias son inciertas y no interesan la dirección ni el destino: importa el viaje. Son ocho verdaderas bandas sonoras para divagar y perderse, al punto de no notar el salto entre un track y otro. A Morales le basta una sola idea melódica para crear una pequeña obra cósmica ("Nausea"), bebe de los fundacionales Cluster y logra un estado antes que una canción en "Herencia", saca a relucir múltiples instrumentos en "Beldad". Más que componer, pinta un cuadro de formas y colores abstractos con gruesos brochazos, finas pinceladas y detalles puntillistas. Un collage sonoro donde incluso la suciedad y el ruido son acordes al resultado.

Con Calmao, Diego Morales se anota con el disco menos pop de Quemasucabeza en el último tiempo, pero de seguro cosechará frutos perdurables. Una referencia de prestigio para una etiqueta que privilegia calidad por sobre estilo, y por eso mismo mantiene el mejor nivel en sus lanzamientos.

Temas: 1. Fumigador. 2. Nausea. 3. Herencia. 4. Antigua. 5. Laguna verde. 6. Beldad. 7. Billullo. 8. Tatú.

Músicos: Diego Morales (producción, programaciones, teclaods, guitarra, melódica, metalófono), Nawito (clarinete y feedback en "Tatú").

www.myspace.com/diegomoralesmusica



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