Sabios porteños con savia porteña

Jorge Montiel | Lucy Briceño y La Isla de la Fantasía | Savia Porteña | Los Caballeros de la Cueca | Los del Troncal
1er. Ascensor a la Luna, domingo 29 de abril
$2.000

David Ponce

Trepar con Jorge Montiel los veintisiete escalones de la empinada y oscura escalera hacia el 1er. Ascensor a la Luna, en el número 2345 de la avenida Victoria en Valparaíso, es una secuencia que termina en una imagen de película. Una vez arriba lo que hay es un extenso espacio con un escenario, mesas, una barra y una pista donde varias parejas bailan cueca, y en cuestión de segundos los primeros en presentar sus respetos al recién llegado son los que están tocando, Los Caballeros de la Cueca. Y luego varios más, cuequeros jóvenes y añosos, se acercan a saludar a Montiel, institución local y nacional de la cueca, que entre otros pergaminos tiene a su haber los LPs de Los Guatones de Oro de la Cueca y Los Pulentos de la Cueca en los '80, y que hoy viene a juntarse con la nueva escena porteña de este ritmo en la sede del movimiento guachaca en Valparaíso.

Es domingo y víspera de pre-feriado en el puerto y la jornada ya ha sido abierta por uno de los más activos grupos nuevos del circuito, Savia Porteña, premunidos de guitarras, acordeón, batería y un repertorio de composiciones de la tradición y también originales del cantante y guitarrista del grupo, Mauro. Luego es el turno de Los Caballeros de la Cueca, a quienes Montiel saluda con el nombre personal de Los Parejitos por la estatura casi similar de don Carlos Chamorro y sus dos hijos, que integran este grupo. También nuevos cuequeros de la orilla, tocan clásicos como "La Corina Rojas", carcelaria, o "La camisa de la Lolo", cueca que termina encomendada al Vitololo, uno de los héroes históricos de la cueca porteña. Siguen Los Del Troncal, con camisas rojizas y una base de batería y bajo que apenas se ve tras la delantera del grupo: guitarrista, tañador, acordeonista y dos señoritas de buenas voces que además tocan platos y pandero. Dedican una pieza al fallecido pianista Raúl Lizama, el Perico de los célebres Chileneros, y luego la bonita "Si supiera que cantando" y la muy porteña "Juanito Orrego" son parte de la muestra, que incluye hasta una foto de Montiel tomada en vivo con el grupo como fondo.

Esta es una escena propia e independiente en la cueca. "Valparaíso es cuna de los grandes cuequeros", proclama Mauro y saluda a Lucy Briceño, Benito Núñez, Juanín Navarro y Bernardo Zamora, porque es la hora de la experiencia: de corbata y traje impecables, ellos son el elenco de La Isla de la Fantasía, la más importante sede del ritmo en Valparaíso, donde los veteranos de la orilla reúnen sus décadas de historia con la savia nueva en torno a la casa de Benito Núñez. Y entonces queda claro no sólo cuál es la vieja escuela sino también cuál es la escuela porteña: la cueca aquí se toca más lenta y pausada. Para que la bailen todos: en la pista hay bailarines de toda edad, de niños a abuelos, y la voz vibrante de Lucy Briceño, que tiene un pandero con su nombre escrito en el cuero, se empieza a escuchar en "Chicha de Curacaví". El grupo despliega su sapiencia en muletillas como "Ay, Carlina de la vida" y "Tomando tinto y del otro", punto en el cual Benito Núñez cambia platos por pandero, y en versos dedicados al terruño como "Me gusta Valparaíso y la flor de la verbena, ay, morena" o "Dicen que Viña del Mar era una gentil princesa".

Mientras "el ingeniero en zumbido" arregla cierto desperfecto se inicia un rifa de empanadas, y al final Savia Porteña vuelven a escena, esta vez para acompañar al propio Jorge Montiel (en la foto) en vivo. Poco antes, bajo el escenario, Núñez y Montiel se han trenzado en recuerdos comunes de boxeadores de juventud, tal como cada uno tiene sus quehaceres próximos también: La Isla de la Fantasía viene el próximo domingo 6 de mayo a adelantar su próximo disco al restaurante Las Tejas de la capitalina calle San Diego, y Montiel va a recibir el 19 de mayo un homenaje en vivo en el Teatro Municipal de Valparaíso, que en sus tiempos se llamaba Velarde y que ahora va a albergar el próximo encuentro entre la nueva savia y los viejos sabios porteños.

Foto: Cristian Gaete.

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