Ella no está sola

Francisca Valenzuela
Sala SCD Bellavista, miércoles 11 de abril
$2.000

Iñigo Díaz

En efecto, en el escenario Francisca Valenzuela es todo lo que imaginábamos que no sería. Parece una muñeca mecánica sentada al piano, pelo recortado y bien pálida, con un vestidillo liviano, pinches varios y tacones que la hacen ver más alta de lo que ya es. Como si fuera a quebrarse en cualquier momento. Pero en el frente, donde el micrófono quema, ejecuta todo con una actitud más rockera de la que ella misma dice tener. No importa si está ante la pianola o rasgueando su guitarra folk. Las canciones suenan fuerte y arriba –incluso las más íntimas– casi en el límite de lo que Francisca Valenzuela pidió a su banda antes de salir a la cancha: que no se comieran al piano.

Eso, porque nunca antes hubo nadie que se pusiera encima de Francisca Valenzuela cuando cantó sus móviles piezas en clubes con piano y nada más. Ahora no está sola. Tiene una banda que la empuja con vehemencia y tiene además a una Sala SCD como pocas veces se había visto tan hasta las banderas (incluso en el piso reservado a los técnicos de sonido e iluminación hay fans agolpados). Ésta es la segunda de cinco noches de un ciclo de cantautoras pop contemporáneas titulado "Ellas cantan solas" (?) y que ha ubicado a Francisca Valenzuela en una órbita de figuración que al menos en el cartel la iguala a Muza, Rosario Mena, Anita Tijoux y Javiera Mena. Una de esas ocasiones para no desaprochevar, que la cantautora entendió así (¿qué habrá ocurrido en el fuero interno de Nicole, ahí, en el fondo de la sala?).

Las canciones de Francisca Valenzuela tienen letras abigarradas, o sea, en poco espacio hay mucha letra. Pueden ser en castellano, como "Los poderosos" y "Excavador de tumbas" o en un perfecto inglés de frisco, como "Queen" y "Everywhere". Algunas son dulces en el modo y amargas en el mensaje. "Dulce" es una de ellas. Parece una juguetona melodía de Carnaby Street aunque dice cosas como "no me convertiré en el pasatiempo de unos que buscan carne fresca". Su posición de tira y afloja luego se repite con coquetería en la mirada y la sonrisa y recados del tipo "muérdete la lengua", "lamento decirte lo siguiente, pero tu existencia ya no es suficiente para mí" o "búscate a otra que lame tus heridas". Así no más.

Francisca Valenzuela ha sido desafiante toda esta noche, con afinación a prueba de pop, mucha dinámica vocal y ágilidad rítmica, tocando una canción con sonido de clavecín, dos más con guitarra acústica y el resto con una banda de estupendo sonido retro, aunque de pronto a demasiado volumen. Ella canta sola únicamente cuando decide volver a su origen: el "piano solo" (una faceta que no debe desechar porque ahí no tiene contrapeso). Entonces representa a una Tori Amos latinoamericana o en su defecto a una Julieta Venegas sin acordeón. Pero es un hecho, Francisca Valenzuela ya no está sola y lo confirma además con una dedicatoria personalizada en una de sus canciones. La verdad duele, aunque todos esos fanáticos de la galera lo lamenten.

www.myspace.com/franciscavalenzuelam

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