El guitarrón vive en Pirque

Osvaldo Ulloa, Manuel Saavedra, Santos Rubio, Myriam Arancibia y otros
V Encuentro Nacional de Guitarroneros | parque Vicente Huidobro, Pirque, sábado 25 de noviembre
Entrada libre

David Ponce

–¿Cómo está tu guitarrón, Santos? –pregunta Alfonso Rubio sobre el escenario.
–Bueno, pues –responde Santos al toque.
–¿Por qué no me acompañas, entonces? –improvisa el primero, y también al toque su compañero se pone a pulsar las cuerdas, porque además de compañeros Alfonso y Santos Daladier Rubio se conocen de memoria como hermanos que son, hijos célebres de La Puntilla de Pirque y hermanados también por la poesía popular y el guitarrón. Han pasado tres horas de la quinta versión del Encuentro Nacional de Guitarroneros, una cumbre en torno a este tradicional y legendario instrumento no sólo propio de Chile, sino propio del valle del Maipo y propio más bien de Pirque mismo, y es aquí, en la medialuna municipal de este lugar situado a 27 kilómetros al sur de Santiago, más acá del Maipo y también del río Clarillo, donde quince invitados se han venido a juntar.

Vienen desde Coronel por el sur hasta de Copiapó por el norte, y son payadores, poetas o cantores a lo divino, pero todos tienen en común el guitarrón, ese instrumento de 25 cuerdas y tres siglos de historia contenidos en su metálico sonido y su rústico armazón. Hay niños que corren, señoras y señores sentados bajo un techo campestre, concejales y el alcalde invitados y un público entusiasta cuando Fidel Améstica inicia el encuentro del mejor modo posible, con una versión de la canción nacional que todos cantan y donde no hace falta orfeón ni menos banda militar, porque el guitarrón es la orquesta.

Siguen los pies forzados, versos propuestos por el público con los que los poetas tienen que terminar cada décima que improvisan. Ahí se tercian jóvenes como Javier Riveros y Juan Carlos Bustamante con el oficio probado y la voz siempre sonriente de Pancho Astorga y el ímpetu bien templado del más nuevo Jano Ramírez, un hombre que además de hacer su tarea incorpora los pies forzados de sus dos colegas y saca extra aplausos. Luego viene el pie forzado a dos razones, donde los poetas no sólo deben terminar sus décimas con un verso por encargo, sino deben además rimar entre dos: los convocados son Pablo Tamblay, de Copiapó, que trae décimas sobre desiertos floridos, y Arnoldo Madariaga, de la célebre familia Madariaga de Cartagena, genealogía que durante años dio vida al encuentro de payadores de Casablanca.

No hay mejor animador para este encuentro: Jorge Yáñez es uno de los cuatro hombres que en 1980 puso el arte de las payas a disposición del público junto al excelente Benedicto Piojo Salinas, al propio Santos Rubio y al activo Pedro Yáñez en la agrupación Críspulo Gándara, y esta tarde no se limita a presentar. Improvisa coplas, dedica décimas, recita versos como "Un diablo se cayó al fuego / Otro diablo lo sacó / Y el diablo dijo ¡qué diablos! / ¿Cómo diablos se cayó?" y no lo dice él no más: lo acaba de recitar un veterano justo antes. Es don Manuel Saavedra, de El Huingán de Pirque. "Voy a cantar un verso a lo divino", anuncia Saavedra con una voz de 85 años vividos y un guitarrón de sonido tan añoso como él mismo. Y cuando empieza a cantar que es divino el redentor, transporta el encuentro hacia la dimensión más espiritual y religiosa de la poesía popular. Son esos los momentos más sobrecogedores de esta justa de guitarrones: es la voz de la experiencia.

A dedicar nuevos versos a lo divino suben más tarde Santos Rubio y Juan Pérez, ambos pircanos, ambos iluminados por la misma melodía tocada a dos guitarrones con distinta afinación, como explica Santos. Y luego el que sube solo es una eminencia: don Osvaldo "Chosto" Ulloa (en la foto), de El Principal de Pirque, hijo de poeta y guitarronero, también veterano, de silueta espigada y morena, canta la más bonita entonación de todas al servicio de unos versos aprendidos en directo del Antiguo Testamento. El contraste lo trae desde la ciudad el investigador José Pérez de Arce, con una personal y lograda canción que junta en los mismos versos dos tradiciones profundas como los bailes chinos de raíz precolombina y guitarrón de ascendencia española. "Y los chinos van chineando / El alférez va cantando / Y es tal la devoción / que hasta el curita se asusta / y le manda al monaguillo / que les suba los parlantes", canta, en un relato certero de la coexistencia no siempre natural entre religión católica y religiosidad popular en el Chile central.

Hacia el final es el turno de un nuevo duelo entre payadores, que esta tarde es además un duelo entre payador y payadora, cuando suben al estrado Myriam Arancibia, de El Rincón de Codegua, siempre dulce y siempre despierta para poner en aprietos a Luis Durán, de Coronel, picaresco y respetuoso también al mismo tiempo. "Dime tú cómo es payar / Calzoncillos con calzones", le pregunta más tarde el mencionado Alfonso Rubio, porque la última estación de la noche es la del banquillo: cada payador se expone a responder las preguntas de sus colegas. Son Alfonso Rubio, Santos Rubio, Juan Carlos Bustamante y el propio Luis Durán, encargados también de cantar la despedida. El cierre es un homenaje a Arturo Vera, fallecido poeta y cantor pircano. "Yo me llamo Arturo Vera / hijo de esta tierra noble / y soy un hombre feliz / aunque soy un hombre pobre", se escucha decir al poeta en un verso póstumo, cuando ya empieza a ser de noche sobre La Puntilla de Pirque, Santa Rita de Pirque, El Huingán y El Principal de Pirque, todos lugares benditos en el mundo por obra del guitarrón.

Foto: Claudia Guzmán.

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